— ¡Muy buenos días habitantes de la isla! Vamos arrancando este lindo, hermoso y maravilloso día con el brillo del sol sobre nuestras cabezas y las glaciales brisas de la mañana golpeando nuestros rostros. Ya saben que yo soy Emmy, su locutora de confianza transmitiendo desde Rowdy Acress para Power Radio a través de la frecuencia 94.24Fm. Para el día de hoy tenemos pronosticados vientos con velocidades máximas de hasta 20km/h en la mañana y más tarde por el resto de la tarde un hermoso día soleado. Parece que tras varios días nublados al fin tendremos la dicha de ver la luz del sol entrar por nuestras ventanas Jaja. Para esta ocasión hemos decidido empezar con toda la acritud trayéndoles una canción bastante especial, una que no solo contiene una melodía bastante pegajosa, si no que también posee una letra tan profunda que pareciera querer transmitirnos un sentimiento distinto entra cada uno de sus versos. Seguramente algunos ya se estarán imaginando de qué se trata. Esto es Coral Chorus, cortesía de los camaradas coralinos, una canción que sin duda te llegará al corazón ¡Son las 7 con 32 de la mañana, muy buenos días! — La entusiasta y jovial voz de la locutora se escuchó por todas las radios de la zona dando paso a una canción bastante pegajosa, alegrando las mañanas de aquellos que se levantaron temprano, compensandolos con deleitar sus oídos con tal obra maestra. No habiendo nadie en la isla que no pudiera escucharla.
A las afueras de los bosques dicha canción podía oírse proveniente desde lo más profundo de sus adentros. Entre toda aquella verde y frondosa vegetación, había una pequeña cabaña de madera. Esta contaba con una única ventana entre sus 4 paredes, además de una puerta hecha del mismo material con algunas imperfecciones en el tallado, dejando visibles ligeras ondulaciones junto algunas deformidades en la perilla. Dicha cabaña se encontraba tan adentrada entre toda la maleza, que la luz del sol apenas y podía filtrarse un poco entre las pequeñas aberturas de las hojas y las ramas de los inmensos árboles, iluminando con una luz bastante tenue su techo tradicional con forma de triángulo. Era como estar bajo el cobijo de las nubes en un día nublado, lo que le daba un aspecto relajante y acogedor; Sin embargo, a pesar del inofensivo ambiente que la rodeaba, aquel ruido impertinente seguía escuchándose a la lejanía. Lo que indicaba claramente que no provenía de su interior. El ave que inocente se sintió atraída por el sonido, permaneció posada sobre las ramas de los árboles de alrededor, observando en todas las direcciones, buscando de dónde podía provenir aquella extraña frecuencia que comenzaba a chirriarle los oídos, espulgándose entre las plumas metálicas de sus alas cada tanto, peinandolas de arriba abajo con ayuda de su afilado pico colorado en un oro brillante.
Al cabo de unos minutos aquella ave de acero alzó el vuelo emitiendo un aullido similar al canto de un Halcón pero con un tono mucho más robotizado, sobrevoló el bosque tratando de ubicarse e identificar el origen de dicha frecuencia. Tras un rato dando vueltas por los alrededores, un pitido bastante molesto llamó su atención al instante, tirándose en picada a toda velocidad directo hacia las costas de isla que se encontraban a tan solo unos metros de aquel bosque. El ave pasó por encima de la arena dispersandola por los aires al momento de sobrevolar cerca de ella, debido a la potencia con la que giraban las turbinas que tenían integradas bajo sus alas. El ruido continuo intensificandose conforme más se acercaba a la cima de una pequeña colina que se encontraba justo en la península, aquel Halcón habia llegado a un punto en donde la arena comenzaba a desaparecer, dejando nada más que pasto en su lugar, el ave no lo sabía pero estaba aproximándose cada vez más a su objetivo.
Finalmente cuando llegó a la cima se topó con 3 árboles de diversos tamaños, uno más pequeño que el otro. Sus hojas tenían un color algo pálido en comparación a las tonalidades vivas de la vegetación del bosque, estas eran anaranjadas con un par de tonos amarillentos en las puntas y una que otra con el color más ennegrecido. En medio se hallaba una pequeña torre de vigilancia hecha completamente de madera de roble y de aproximadamente unos 3 pisos de altura. Las escaleras que la rodeaban iniciaban desde los cimientos de la estructura hasta llegar a lo más alto de la torre, donde terminaban y daban pie a la entrada de una pequeña cabaña que se encontraba al llegar, era simple en su diseño, contando con 4 paredes y un techo además de 2 grandes ventanas situadas en una de las paredes, permitiendo que el aire fluyera libremente en el interior. El ave terminó por posarse en la cima de aquella descuidada estructura pintada en colores turquesas, viéndose bastante opacada por el desgaste a consecuencia del paso del tiempo, dejando algunas partes del color original de la madera al descubierto.
El Halcón comenzó a mover su cabeza de un lado a otro, no parando de observar a los alrededores de la zona pues, había detectado el origen de la frecuencia. Esta parecía provenir del interior de la cabaña, esas pequeñas voces agudas que cantaban al ritmo de la música, acompañadas por la alegre melodía de fondo. El ave mecánica agitó sus alas con fuerza y al mismo tiempo las ventilas de sus turbinas comenzaron a girar a toda velocidad, sobrevolando el puesto de vigilancia, tratando de encontrar una forma de entrar y así de una vez por todas acabar con la fuente del ruido.
Al cabo de un par de minutos el animal logró entrar atravesando una de las ventanas con su cuerpo. Ya adentro aleteó sus alas sin parar mientras sobrevolana el interior, hasta que logró identificar el origen del ruido. Una radio aposentada sobre una pequeña mesa de madera, el ave en medio de sus desesperación se acercó a ella con gran precisión, comparable únicamente con la de un dron, regulando la velocidad a la que giraban sus turbinas para poder tomar la radio con sus garras y después salir por el mismo agujero por el que había entrado, aventando la radio en el proceso, finalmente poniéndole fin a su pequeño martirio.
¡Pum!
Una detonación llenó el vacío del silencio, las aves de los alrededores salieron volando rápidamente de entre las copas de los árboles. El Halcón cayó desplomado hacía el suelo, con un ala rota y parte del pecho resquebrajado junto a un agujero de bala en el medio producto del reciente disparo.
— Tch… Que fastidio.— Una voz garrasposa se escuchó proveniente del arbusto que se encontraba junto a los pequeños árboles de los alrededores. El cañón del arma sobresalía de entre sus hojas y el humo de la detonación seguía saliendo por la boca del mismo. El aroma quemado de la pólvora aún podía percibirse presente en el ambiente.
Aquel que sospechoso acechaba desde las sombras salió de entre las ramas y hojas de las matas apartandolas de su camino, acercándose con cautela a los restos del ave. La figura tenía un aspecto andrajoso, sus prendas estaban manchadas con tierra aún humedecida, además llevaba una bufanda alrededor de su cuello que le cubría parte del rostro. Al llegar se quedó parado un momento frente al curioso artefacto con forma de ave, observándola con curiosidad mientras se bajaba la capucha de la sudadera revelando parte de su cara, lo que más resaltaba era una pequeña cicatriz en la ceja por encima de su ojo derecho.
— Mmh… ¿Qué eres exactamente amigo?— Entrecerró sus ojos ante su cuestionamiento y con una ceja levantada se agachó para examinar más de cerca qué era de lo que se trataba, llamándole la atención los colores en blanco con detalles dorados presentes en todo el cuerpo, junto a sus alas con degradados azules y en especial la forma del lomo donde se hallaba la fuente de poder del artilugio, un aspecto curioso que tras un tiempo de analizarlo entendió de inmediato de lo que se trataba.— Esos colores…— Permaneció dubitativo por unos segundos, entrecerrando más sus ojos, giró su cabeza hacia ambos de sus costados, observando a su alrededor mientras se llevaba la mano por debajo del mentón.— Supongo que podrías servir de algo, quizá me den un par de barras o tal vez Mía pueda darte un buen uso.— Luego se quitó la mochila de la espalda y guardó los restos del extraño artefacto adentro, cuando una voz aguda y angustiada hizo eco a la distancia a tan sólo unos cuantos metros de donde se encontraba.