Las puertas de Orario se alzaban imponentes ante los recién llegados.
Hermes avanzaba por la entrada de Orario con su clásica sonrisa confiada.
A su lado, Asfi mantenía su expresión estoica, acostumbrada a las travesuras de su dios.
"Deberíamos dirigirnos al gremio primero."
Hermes agitó la mano con despreocupación.
"Relájate, Asfi. Primero quiero disfrutar la vista. ¡Hace tiempo que no veníamos a Orario!"
La ciudad estaba tan animada como siempre. Aventureros, mercaderes y viajeros iban y venían, las tiendas anunciaban sus productos, y el bullicio habitual llenaba el aire.
Todo parecía normal.
O al menos, lo parecía.
Hermes notó cierto alboroto entre la gente mientras caminaba por la ciudad.
Curioso, se acercó a un grupo de aventureros que murmuraban entre sí.
"¿Qué pasa aquí?" preguntó con su sonrisa encantadora.
Uno de los aventureros se giró con entusiasmo.
"¡Alguien puso un cartel con la lista de las 10 chicas más bonitas de Orario!"
Hermes levantó una ceja, claramente interesado.
"¿Oh? Qué idea tan fascinante."
Asfi suspiró, ya sintiendo el desastre en camino.
Hermes se volteó para buscar el cartel.
Pero justo en ese momento, el aventurero que le habló soltó una risa ahogada.
Hermes buscó con la mirada hasta que finalmente lo vio.
En una pared, rodeado de aventureros curiosos y comerciantes chismosos, estaba el infame cartel.
Se acercó con una sonrisa de interés, leyendo en voz baja los nombres en la lista.
Las 10 Chicas Más Bonitas de Orario
1.Ais Wallenstein – (La princesa de la espada, belleza fría pero letal)
2.Freya – (Literalmente una diosa de la belleza, ¿qué esperaban?)
3.Syr Flova – (Dulce, amable y con secretos turbios, perfecta waifu material)
4.Riveria Ljos Alf – (Belleza madura + elfa + tsundere = éxito garantizado)
5.Tiona Hiryute – (Abs, fuerza y alegría en un solo paquete)
6.Tione Hiryute – ("Copia de la de arriba, pero con "Meh, Finn-samaa~")
7.Ryuu Lion – (Misteriosa, elegante, mortal… ideal para quienes buscan peligro en una relación)
8.Hermes – (Es guapo y tiene facha, así que cuenta)
9.Cassandra Ilion – (Dulce y tímida, perfecto para quien quiera una waifu que sufra constantemente)
10.Eina Tulle – (Secretaria que te regaña pero en el fondo se preocupa por ti, una elección sólida)
Hermes sonrió con diversión al leer los primeros nombres.
"Hmm, Ais en primer lugar, nada sorprendente… Freya, Syr, Riveria… Sí, esta lista tiene sentido."
Pero entonces, sus ojos llegaron al octavo lugar.
Y su sonrisa se congeló.
Parpadeó.
Parpadeó otra vez.
Volvió a leerlo.
"…Espera un segundo."
Asfi, que estaba leyendo por encima de su hombro, se detuvo un momento y miró a Hermes.
"Felicidades, Hermes-sama. Al parecer, eres una de las mujeres más bellas de Orario."
Los aventureros alrededor empezaron a reírse.
Uno de ellos dio una palmada en la espalda de Hermes.
"¡Oye, felicidades! No todos los días un dios entra en el top de belleza femenina."
Hermes no sabía si reír, llorar o cuestionar su existencia.
"…¿Pero quién demonios hizo esta lista?"
Hermes miró a su alrededor, buscando algún culpable.
Los aventureros seguían riendo, algunos hasta lo felicitaban con palmadas en la espalda.
Asfi se cruzó de brazos, claramente disfrutando el momento.
"Bueno, Hermes-sama, parece que la gente de Orario te aprecia más de lo que pensábamos."
Hermes frunció el ceño, pero su sonrisa volvió casi de inmediato.
"Oh, no, no, no. Esto tiene que ser un error. Un error muy bien planeado, claro."
Se giró hacia los aventureros.
"¿Alguien sabe quién puso este cartel?"
Uno de los aventureros se rascó la cabeza, tratando de recordar.
"Ni idea de quién lo hizo exactamente, pero dicen que fue… un tipo raro."
Hermes alzó una ceja.
"Define 'raro'."
Otro aventurero intervino con emoción.
"Bueno, según los rumores, apareció de la nada, dejó el cartel y luego se esfumó. Literalmente. ¡Puf! Como si nunca hubiera estado aquí."
Otro asintió con energía.
"Dicen que vestía raro, hablaba como si estuviera narrando un cuento y que tenía la capacidad de hacer cosas imposibles."
"Algunos dicen que lo vieron en el Dungeon hace poco," agregó otro.
"¡Y que derrotó a un monstruo con una cosa que parecía un tubo de metal!"
Hermes entrecerró los ojos.
"Hmm…"
Asfi suspiró.
…
En la mansión de la Familia Loki…
Ais se encontraba en el patio de entrenamiento, con Lefiya, Tiona, Tione, Bete, Finn y Loki mirándola con expectación.
Porque era el momento de la verdad.
La espadachina tomó aire, concentrándose.
Miró fijamente el maniquí de entrenamiento que había frente a ella.
Y entonces, abrió la boca.
"FUS RO DAH!"
¡BOOM!
El maniquí salió volando hacia atrás como si lo hubiera atropellado un Goliat.
Todos se quedaron en silencio.
Lefiya estaba en el suelo, tapándose los oídos.
Tiona aplaudió, impresionada.
"¡Eso fue increíble, Ais!"
Tione asintió con una sonrisa.
"No está mal, aunque esperábamos el grito completo."
Bete, con los brazos cruzados, resopló.
"Tsk. Solo porque es un maniquí ligero."
Finn miró la escena con interés.
"Si aprendemos a aprovechar esto estratégicamente… podría ser un gran activo en batalla."
Loki, en cambio, tenía una sola cosa en mente.
Se llevó las manos a la cabeza y gritó.
"¡¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO EN MI FAMILIA?!"
El sonido de aplausos llenó el patio.
Todos se giraron bruscamente.
Y ahí estaba.
Sentado en una silla de playa que definitivamente no estaba ahí hace unos segundos, con gafas de sol y una piña colada en la mano, el Autor aplaudía con entusiasmo.
"¡Bravo! ¡Maravilloso debut! ¡Una ejecución impecable!"
Ais parpadeó, confundida.
Lefiya se escondió detrás de Tiona.
Bete gruñó.
"¡¿Cómo demonios entraste aquí?!"
El Autor tomó un sorbo de su bebida.
"Oh, Bete, querido amigo. Es una pregunta muy graciosa viniendo de alguien que acaba de regresar empapado del Dungeon sin explicación alguna."
Bete se quedó en silencio.
Todos lo miraron.
Bete gruñó más fuerte y miró a otro lado.
Loki, con una vena latiendo en la frente, señaló al Autor.
"¡TÚ! ¡¿QUÉ LE HICISTE A AIS?!"
El Autor sonrió inocentemente.
"Nada malo. Solo le di un pequeño regalo. Considera esto… mi forma de contribuir a la historia."
Loki se frotó la sien, claramente al borde de un colapso nervioso.
"…Lo que sea que seas, dame una buena razón para no hacer que todos aquí te pateen el trasero."
El Autor levantó un dedo.
"Uno: puedo hacer que todos aquí bailen salsa contra su voluntad."
Un escalofrío recorrió la espalda de todos.
"Dos: le caigo bien a Tiona."
Tiona asintió con una sonrisa.
"¡Es verdad! Me cae bien."
"Y tres…" El Autor levantó las mano y dijo—
"FUS RO DAH."
Loki salió volando hacia la fuente del patio
¡SPLASH!
Loki cayó de cabeza en la fuente con un estruendoso chapoteo.
Todos se quedaron en un silencio absoluto.
Excepto el Autor, que levantó los brazos como si acabara de ganar una competencia de clavados.
"¡Diez de diez! ¡Ejecutado con precisión, potencia y estilo!"
Finn, Bete, Tione y Lefiya miraron la escena con los ojos abiertos como platos.
Tiona rompió el silencio con un aplauso.
"¡Eso fue increíble!"
Ais inclinó la cabeza, confundida.
"…¿Por qué usaste mi habilidad?"
El Autor sonrió con suficiencia.
"Porque puedo. Además, vino de mi, obviamente puedo hacerlo"
Finn, que hasta ahora había estado observando con una mezcla de incredulidad y resignación, suspiró.
En ese momento, Loki emergió de la fuente, completamente empapada, con el sombrero torcido y una mirada que oscilaba entre el enojo y la desesperación.
"…Te. Voy. A. MATAR."
El Autor sacó un paraguas de la nada y lo abrió con calma.
"¡Pelea de jefes opcional, desbloqueada!"
Y así comenzó la persecución más ridícula en la historia de Orario.
Loki saltó de la fuente, empapada y furiosa, persiguiendo al Autor por todo el patio.
"¡VEN AQUÍ, MALDITO ABOMINABLE SER DEL CAOS!"
El Autor, con una velocidad inexplicable digna de un protagonista de shonen, esquivaba con facilidad.
"¡Ja! ¡Nunca me atraparás! ¡Soy como una sombra en la noche! ¡Un ninja! ¡Un soplo de viento!"
Se tropezó con una piedra.
Pero antes de caer, giró en el aire, aterrizando perfectamente en una pose heroica.
"¡Exactamente como lo planeé!"
Loki arrojó una botella vacía que no sé de dónde sacó.
¡PAM!
Impacto directo en la cabeza del Autor.
Pero este se levantó de inmediato, como si nada hubiera pasado.
"¡Poco daño! ¡Necesitarás un arma legendaria para bajarme HP!"
Bete observó con los brazos cruzados.
"…¿Por qué nadie está ayudando a Loki?"
Tiona sonrió.
"¡Porque es divertido!"
Ais, mientras tanto, observaba en silencio.
Mientras tanto, Lefiya temblaba en una esquina, murmurando algo sobre dioses, caos y que nada tenía sentido.
La persecución continuó por varios minutos, con el Autor saltando mesas, corriendo en círculos y hasta atravesando una pared de manera cómicamente perfecta (dejando una silueta suya en la estructura).
Finalmente, Loki se detuvo, jadeando, con las manos en las rodillas.
"…Maldita sea… me rindo… estoy muy vieja para esta mierda."
El Autor frenó de golpe y sonrió triunfalmente.
"¡Victoria por agotamiento del enemigo!"
Finn, con la paciencia de un santo, se frotó la cara con ambas manos.
"…Dioses, ¿qué hemos hecho para merecer esto?"
El Autor le dio una palmada en la espalda.
"¡Ah, Finn! Mi estimado y pequeño gran líder, solo acepta la comedia en tu vida."
Finn lo miró con los ojos entrecerrados.
"…¿Pequeño?"
"¡En espíritu! ¡En espíritu!"
El Autor, aún con su sonrisa radiante, giró hacia Ais, quien seguía observándolo en silencio.
"¡Bueno, bueno, dejando de lado que casi pierdo la vida contra Loki! Ais, mi querida espadachina, dime…" se inclinó un poco hacia ella. "¿Te gustó la habilidad que te di?"
Ais parpadeó lentamente.
"…Es útil."
El Autor asintió satisfecho.
"¡Sabía que te encantaría! ¿Ya pensaste en cómo lo usarás en combate?"
Ais pensó por un momento, luego miró a Bete.
"…Quiero probarlo otra vez."
Bete levantó la vista justo a tiempo para ver cómo Ais inhalaba profundamente.
"¡No, espera, es—!"
"FUS—"
¡BOOM!
El hombre lobo salió volando, desapareciendo en el cielo como si fuera el Equipo Rocket.
El Autor aplaudió emocionado.
"¡Bellísimo! ¡Majestuoso! ¡Una obra de arte!"
Loki, aún agotada, suspiró.
"…No tengo energía para regañarlos."
Tiona, por otro lado, miraba con emoción.
"¡Oye, oye, Autor! ¿Yo también puedo tener una habilidad?"
El Autor sonrió con picardía.
"¡Concedido!"
Tiona parpadeó.
"…¿Eh? ¿Así de fácil?"
"¡Por supuesto! ¿Acaso esperabas un contrato de sangre o algo así?" El Autor se cruzó de brazos. "¡Bah! Aquí trabajamos con la máxima eficiencia."
Tiona sintió una extraña corriente de energía recorriéndola, pero no pasó nada más.
"…¿Y ahora qué?"
El Autor señaló un espacio vacío.
"Solo haz el sello de manos adecuado y di: '¡Jutsu: Multiclones de Sombra!'"
Tiona levantó una ceja.
"…¿El qué?"
"Solo haz esto." El Autor juntó las manos, formando el sello de la técnica ninja.
Tiona lo imitó lentamente y, con una ligera duda, pronunció las palabras.
"Jutsu… ¿Multiclones de Sombra?"
¡POOF!
Una gran nube de humo estalló alrededor de todos. Cuando se disipó, decenas de Tionas estaban de pie en el lugar.
Finn casi se cae de su asiento. Riveria se llevó una mano a la cara. Loki silbó impresionada.
Y el Autor simplemente sonrió como un orgulloso padre viendo a su hija graduarse.
"¡Miren qué belleza! ¡Miren qué caos acabo de liberar en este mundo!"
Tiona miró a su alrededor, completamente atónita.
"…¿Qué rayos?"
Una de las copias le dio una palmada en la espalda.
"¡No te preocupes! ¡Ahora somos muchas!"
Otra se rió.
"¡Imaginen lo que podemos hacer juntas! ¡Los entrenamientos serán más fáciles!"
Otra cruzó los brazos con aire pensativo.
"¿Quién de nosotras es la original?"
Silencio.
"…Ah."
Tiona empezó a sudar.
"Autor… ¿cómo las desaparezco?"
El Autor se encogió de hombros.
"No tengo idea. Buena suerte."
Y con eso, desapareció en un "puf" de humo.
El Autor apareció en un destello de luz… justo frente a Hermes y Asfi.
El dios parpadeó, con la boca entreabierta, mientras el Autor se giraba tranquilamente hacia el cartel que él mismo había puesto.
"Hmm…" El Autor se rascó la barbilla, como si estuviera evaluando una obra maestra. "Sí, sí… Creo que está bien balanceado. Buen reparto de posiciones, algo de polémica para encender la conversación, y lo suficientemente absurdo para ser gracioso."
Hermes finalmente salió de su shock.
"¡Oye, tú! ¡Tienes idea de lo que has hecho?"
El Autor le dirigió una mirada indiferente.
"Sí."
"…¿Y?"
"Y lo volvería a hacer."
Hermes respiró hondo, masajeándose las sienes. Asfi, por otro lado, lo miraba con una expresión de absoluto cansancio.
Hermes lo miró fijamente.
"¿Por qué estoy en el puesto ocho?"
El Autor lo miró con total seriedad.
"Porque me pareció gracioso."
Hermes abrió la boca… y luego la cerró.
"Eso es todo… ¿No hay una razón más profunda? ¿Una evaluación detallada de mi atractivo?"
"¿Quieres que te evalúe?"
Por primera vez en su vida, Hermes se sintió en peligro.
"E-Espera, no es necesario—"
Demasiado tarde. El Autor ya tenía un puntero en la mano y un nuevo cartel detrás de él.
"Bien, Hermes. Analicemos tu puesto." Golpeó el cartel con el puntero, revelando un dibujo caricaturesco del dios. "Tienes carisma, eso es innegable. Pero en comparación con los demás participantes, te falta un poco de 'impacto visual'. Además, tu inclusión en la lista es más bien un chiste interno."
Asfi dejó escapar un bufido divertido.
"Lo sabía."
Hermes miró el cartel con el ceño fruncido.
"¿Por qué diablos me pusiste con un vestido?"
"Ah, eso… fue por diversión."
"…Voy a fingir que no vi esto."
El Autor se encogió de hombros y tiró el cartel como si fuera papel inútil.
"¡Bueno! Dicho eso, ¿quieren que haga otro ranking? Podría hacer el de 'Las diez personas más fastidiosas de Orario'."
Hermes y Asfi intercambiaron una mirada.
"…No sé si quiero detenerlo o darle ideas."
El Autor se llevó una mano a la barbilla, pensativo.
"Hmmm… ¿qué más puedo hacer hoy?"
Su mirada se desvió hacia Hermes, específicamente hacia su expresión de súbita alerta.
"…Ohhh, ya sé."
Hermes entrecerró los ojos.
"¿Qué estás—?"
Pero el Autor ya estaba en movimiento.
"Bueno, fue divertido verte cuestionar tu posición en la lista, pero ahora tengo que ir a ver a alguien interesante."
Hermes sintió un escalofrío.
"Espera, espera… ¿A quién?"
El Autor le dedicó una sonrisa burlona.
"Oh, ya sabes. Cabello blanco, ojos rojos, un sueño ridículamente cliché de ser un héroe… ¿Te suena?"
Hermes sintió que su alma abandonaba su cuerpo por un instante.
"Espera. No. No, no, no, no, no—"
Pero ya era tarde.
"/tp Bell_Cranel"
Y con un destello de luz, el Autor desapareció.
Hermes se llevó ambas manos al rostro.
"…Esto no puede terminar bien."
…
Bell suspiró pesadamente, sentado en el suelo de un callejón.
"¿Acaso… acaso no hay ninguna familia que me acepte…?"
Hasta ahora, todas sus solicitudes habían sido rechazadas. Era un novato, sin experiencia, sin habilidades destacables. Su sueño de convertirse en un gran aventurero se veía cada vez más lejano…
"…Quizás deba renunciar."
Y justo en ese momento…
POMF.
Un sonido extraño resonó en el callejón.
Bell parpadeó.
Frente a él, donde antes no había nada, ahora estaba un hombre.
Un hombre extraño.
Vestido con ropa demasiado moderna para Orario. Con una sonrisa como si supiera algo que él no.
"…¿Eh?"
El Autor lo miró fijamente.
"Vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí. Un protagonista deprimido en un callejón. Un clásico."
Bell se quedó en blanco.
"…¿Q-qué?"
El Autor se inclinó hacia él.
"Dime, Bell Cranel. ¿Quieres una familia?"
Bell se sobresaltó.
"¿Cómo sabe mi—?"
Pero el Autor lo interrumpió.
"Eso no importa. Lo que importa es que hoy… ¡tienes suerte! Porque yo, mi buen amigo, voy a cambiar tu destino."
Bell sintió un escalofrío.
"…¿Q-qué significa eso?"
El Autor sonrió y puso ambas manos en sus caderas y adoptó una pose dramática.
Bell parpadeó.
"…¿Eh?"
El Autor se inclinó hacia él con una expresión intensa, casi filosófica.
"¡Has estado buscando una familia que te acepte, pero el mundo te ha cerrado las puertas! ¡Eres rechazado una y otra vez! ¡Tu potencial sigue sin ser descubierto!"
Bell abrió la boca para responder, pero el Autor no le dio oportunidad.
"¡Pero yo veo algo en ti, Bell Cranel! ¡Veo el fuego de un verdadero guerrero! ¡Veo a un joven con un sueño! ¡Y sé que, con el maestro adecuado… podrías lograr cosas increíbles!"
El muchacho estaba demasiado confundido como para seguir el ritmo.
"E-eh… ¿m-maestro?"
El Autor asintió con solemnidad.
"¡Sí! ¡Porque si nadie más quiere entrenarte, si nadie más quiere ayudarte en tu camino… entonces yo seré tu maestro!"
Un rayo cayó en algún lugar lejano, como si el destino mismo aprobara el momento.
Bell tragó saliva, sintiendo que estaba a punto de tomar una decisión que definiría su futuro.
"…E-entonces… ¿qué se supone que debo hacer?"
El Autor le extendió la mano.
"¡Levántate, Bell Cranel! ¡Porque hoy comienza tu verdadero entrenamiento!"
El chico dudó un momento… pero luego, con algo de miedo y emoción en su corazón, tomó la mano del Autor.
Ese día… marcaría el inicio de algo absurdo.
Música épica comienza a sonar de la nada.
—Entrenamiento 1: La carrera absurda—
Bell está corriendo a toda velocidad por Orario… pero no en línea recta. No. El Autor ha colocado cientos de obstáculos aleatorios en su camino: barriles, ovejas (¿de dónde salieron?), trampolines, e incluso un grupo de ancianas que caminan extremadamente lento.
El Autor, parado sobre una nube flotante, grita con un megáfono:
"¡Si puedes esquivar todo esto, podrás esquivar ataques en el Dungeon!"
Bell salta sobre un barril, rebota en un trampolín, pero al final choca con una oveja y cae de cara al suelo.
—Entrenamiento 2: El entrenamiento de fuerza—
Bell está levantando pesas… que en realidad son dos golems de piedra que el Autor trajo de otro universo.
Bell, con los brazos temblorosos: "¿P-por qué esto es necesario?"
El Autor, comiendo una manzana como si nada: "¡Los héroes necesitan fuerza, Bell! Además, si Goku podía, tú también."
Los golems parecen molestos por ser usados como pesas, pero el contrato de entrenamiento los obliga a quedarse quietos.
—Entrenamiento 3: La prueba de reflejos—
Bell tiene los ojos vendados y sostiene un palo de madera. Frente a él, el Autor sostiene un rifle de paintball.
"¡Esquiva!"
PAF.
El pobre Bell recibe un disparo directo en el estómago y cae al suelo.
"Demasiado lento."
—Entrenamiento 4: La concentración mental—
Bell está sentado con las piernas cruzadas, tratando de meditar. El Autor lo observa con una expresión sabia.
"Concéntrate, Bell… libera tu mente… deja que la energía fluya a través de ti…"
En ese momento, un bocinazo ensordecedor suena a su lado.
Bell salta del susto.
"¡¿QUÉ FUE ESO?!"
El Autor, sosteniendo una trompeta de aire: "¡Controlar tu miedo es parte del entrenamiento!"
—Escena final: El progreso—
Bell está nuevamente en la carrera absurda… pero esta vez logra esquivar los obstáculos con elegancia. Levanta los golems sin temblar demasiado. Esquiva las balas de paintball como un ninja y ya no cae en las trampas del Autor.
Finalmente, el entrenamiento ha dado frutos.
El Autor, con una lágrima dramática: "¡Has crecido tanto… estoy orgulloso de ti, Bell!"
Bell, jadeando y sudando, levanta el puño en señal de victoria.
Bell, todavía jadeando, se seca el sudor de la frente y mira al Autor con una mezcla de confusión y agotamiento.
"… Esto solo tomó unas horas."
El Autor asiente solemnemente, con los brazos cruzados y expresión sabia.
"Sí, pero fueron unas horas intensas."
Bell mira alrededor, viendo los escombros, las ovejas que siguen pastando como si nada, los golems de piedra que ahora juegan a las cartas entre ellos, y las marcas de pintura de los disparos que todavía tiene en la cara.
"¿Pero… en serio crecí tanto?"
El Autor le da una palmada en la espalda, casi tumbándolo de frente.
"¡Por supuesto! Antes eras un niño indefenso. Ahora eres un niño indefenso con entrenamiento!"
Bell abre la boca para protestar… pero lo piensa mejor. Técnicamente, Autor no está equivocado.
El Autor observa a Bell con los brazos cruzados, con la mirada de alguien que está a punto de hacer algo increíblemente estúpido, pero con confianza absoluta en su genialidad.
"Bueno, si no estás satisfecho… ¡te daré algo para defenderte!"
Bell parpadea, un poco sorprendido. "¿En serio?"
"Por supuesto. Solo tienes que hacer esta forma con la mano."
El Autor levanta la suya, con el pulgar hacia arriba y el índice apuntando hacia adelante, como si estuviera sosteniendo algo invisible.
Bell, todavía dudoso, imita el gesto.
"… ¿Y ahora qué?"
El Autor le da una sonrisa de complicidad.
"Ahora aprieta el gat—digo, empuja con el dedo."
Bell, sin entender completamente, mueve el dedo como si estuviera presionando algo invisible.
"Pew."
El sonido no provino de ningún mecanismo oculto ni de una explosión mágica. No. Alguien—o algo—dijo "pew" en voz alta.
Bell ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de que una bala de aire comprimido saliera disparada de la punta de su dedo, atravesando el aire con precisión.
El proyectil impactó una pared cercana, dejando un pequeño agujero del tamaño de una bala real, con una hendidura limpia en la piedra.
El silencio se apoderó del callejón.
Bell miró su mano.
Miró la pared perforada.
Miró su mano de nuevo.
El Autor asintió con satisfacción.
"Lo llamo Pew Pew. Felicidades, ahora tienes un arma a distancia."
Bell tragó saliva. "P-Pero esto es básicamente magia, ¿no?"
El Autor le dio una palmadita en la cabeza.
"No, no, no. Aprenderás la diferencia después, probablemente."
El Autor observa a Bell, quien aún mira su mano con una mezcla de asombro y miedo existencial.
"Bueno, con esa habilidad quizás ahora sí puedas entrar a alguna familia."
Bell parpadea, aún procesando lo que acaba de suceder.
"¿D-De verdad cree que esto me ayudará?"
El Autor cruza los brazos y asiente con seguridad.
"Por supuesto. Piensa en ello. Un aventurero que puede disparar proyectiles de aire con la mano. Es eficiente, no necesitas una ballesta, y lo mejor de todo… suena cool."
Bell baja la mirada a su mano, dubitativo.
"Pero… ¿qué pasa si al dios al que le pida unirme no cree que sea útil?"
El Autor pone una expresión seria, como si estuviera a punto de impartirle una gran enseñanza de la vida.
"Entonces le haces 'pew' en la cara hasta que cambie de opinión."
Bell lo mira, sin saber si está bromeando o si realmente lo dice en serio.
El Autor le da unas palmadas en el hombro a Bell con una sonrisa confiada.
"De nada."
Y antes de que Bell pueda siquiera procesar esa despedida repentina, el Autor se esfuma. Así, sin efectos especiales, sin destellos mágicos, sin una gran explosión… simplemente ya no está.
Bell se queda ahí, con la mano en forma de pistola, mirando el vacío donde hace un segundo había alguien.
"…No entiendo nada."
Un silencio incómodo se apodera del callejón. Luego, muy despacio, Bell vuelve a levantar la mano y susurra:
"Pew."
Y una bala de aire sale disparada, golpeando un barril cercano con un pequeño pero satisfactorio ¡thunk!
Los ojos de Bell se iluminan.
"…¡Tal vez sí funcione!"
Con emoción renovada, Bell apunta su mano hacia otro barril.
"¡Pew!"
¡Thwack! La bala de aire impacta, dejando una pequeña abolladura en la madera.
Bell sonríe.
"¡Pew pew pew pew pew!"
Varias balas de aire salen disparadas a toda velocidad, perforando el barril hasta que finalmente…
BOOM
El barril explota en una nube de astillas. Bell se queda quieto, con la mano aún levantada, mientras un par de personas en la calle voltean a ver el desastre.
"…Ups."
Antes de que alguien pueda acercarse, Bell decide que lo mejor es huir de la escena del crimen.
…
El Autor apareció en la taberna La Anfitriona de la Fertilidad con la gracia y sutileza de un elefante cayendo del techo.
Literalmente.
THUD.
Varios clientes saltaron en sus asientos, mientras una nube de polvo se levantaba en el centro del establecimiento. Las meseras se quedaron congeladas por un momento, hasta que una voz familiar se escuchó en medio del desastre:
"¡Aterrizaje perfecto!"
Cuando el polvo se disipó, el Autor estaba de pie, sacudiéndose la ropa con total normalidad.
Mia Grand, la dueña de la taberna, cruzó los brazos y frunció el ceño. "¿¡Qué demonios crees que estás haciendo metiéndote a mi taberna de esa forma!?"
El Autor levantó un dedo. "Técnicamente, me metí por el techo."
Silencio absoluto.
La tensión en el ambiente podía cortarse con un cuchillo. Mia apretó los puños.
"Ah… esto… ¿qué hay en el menú de hoy?" preguntó el Autor, como si nada.
Las venas en la frente de Mia se hincharon como si estuviera a punto de soltar un puño en su cara, pero antes de que la taberna se convirtiera en un ring de boxeo, Syr intervino con su dulce sonrisa.
"Hoy tenemos estofado de ternera con pan recién horneado, además de una selección especial de bebidas. ¿Te gustaría probar algo?"
El Autor asintió rápidamente. "¡Sí, claro! ¡Lo que sea que me mantenga lejos de los puños de Mia!"
Mia gruñó, pero decidió ignorarlo, regresando a la barra con un bufido.
Mientras tanto, algunas de las meseras seguían mirándolo con curiosidad. Chloe, con su característica sonrisa de gato, se inclinó sobre una mesa. "Oye, oye~ ¿tú no eres el tipo que puso ese cartel con el top de las chicas más bellas de Orario?"
El Autor sacó un abanico de la nada y se cubrió la mitad del rostro con él. "P-pero qué difamaciones son estas."
Anya se cruzó de brazos y asintió con fuerza. "¡Nya! ¡Exacto! Y en esa lista no estaba yo, así que debe ser falsa."
Lunoire rodó los ojos. "O porque no eres lo suficientemente popular."
"¡¿Qué dijiste, nya!?"
Mientras ellas comenzaban a discutir, el Autor miró alrededor con calma… hasta que su mirada se cruzó con la de Ryuu Lion.
La elfa estaba parada en una esquina, mirándolo con su habitual expresión seria. No había dicho una palabra desde su aparición, pero en sus ojos se podía ver claramente lo que pensaba:
¿Otra vez tú?
El Autor le sonrió y le saludó con la mano.
Ella entrecerró los ojos.
Decidió no tentar a la suerte. En su lugar, se concentró en la comida que Syr le trajo, disfrutando del ambiente cálido de la taberna. Por ahora, un descanso tranquilo.
…Aunque, siendo él, eso no duraría mucho.
La taberna estaba tan animada como siempre. Aventureros, comerciantes y ciudadanos llenaban las mesas, disfrutando de la comida y la bebida mientras las meseras iban y venían con bandejas rebosantes.
En una mesa cerca de la barra, el Autor estaba sentado cómodamente, tamborileando los dedos en la mesa mientras esperaba su pedido.
Ryuu fue la encargada de llevarle su comida.
"Tu estofado y tu bebida."
Con un movimiento elegante, dejó los platos frente a él y luego se retiró sin más.
El Autor tomó la cuchara y removió el guiso con curiosidad. Olía bien, no lo iba a negar.
Tomó un bocado, lo masticó lentamente y luego tragó.
Hizo una pausa.
Probó otro bocado.
Y entonces, con total naturalidad, comentó:
"He probado mejores."
La taberna entera se congeló.
Las conversaciones se cortaron de golpe. Los clientes dejaron de comer. Incluso las meseras, que estaban acostumbradas a lidiar con todo tipo de aventureros problemáticos, parecieron quedarse sin palabras.
Porque ese comentario… había sido dicho dentro de La Anfitriona de la Fertilidad.
Y, peor aún… Mia Grand lo había escuchado.
La dueña del establecimiento, que hasta hace un segundo estaba limpiando una jarra con total tranquilidad, detuvo su movimiento. Su expresión se oscureció de inmediato.
Un escalofrío recorrió la taberna.
Chloe se cubrió la boca con ambas manos, sus orejas de gato temblaban de la emoción. "Ufufu~. ¡Se murió!"
Anya asintió solemnemente. "Sí, nya. Fue un placer conocerte."
Syr, aunque mantenía su sonrisa, tenía un tic en el ojo. "Esa… esa fue una broma, ¿verdad?"
El Autor simplemente tomó otro bocado y se encogió de hombros. "No está mal, pero definitivamente he probado mejores."
El silencio se volvió más denso.
La jarra en las manos de Mia se rompió con un simple apretón.
El Autor miró el desastre y suspiró. "¿Sabes que tienes que pagar eso, verdad?"
La taberna entera contuvo la respiración.
Mia levantó la cabeza. Sus ojos, usualmente ocultos por sus gafas de sol, brillaban con la intensidad de una tormenta.
"¿Cómo. Te. Atreves?"
El Autor, en cambio, mantuvo su postura relajada.
"¿A decir la verdad?"
La tensión era insoportable.
Y entonces ocurrió algo curioso.
Mia no se lanzó al instante.
No, no.
En vez de eso, sus manos se aferraron al borde de la barra con tanta fuerza que la madera comenzó a crujir.
El Autor ladeó la cabeza.
La taberna entera contuvo la respiración.
Las miradas se encontraron.
Mia Grand, la dueña de La Anfitriona de la Fertilidad, la mujer que había aplastado a innumerables aventureros con una sola mano…
Y el Autor, el ser que hacía lo que le daba la gana sin razón ni lógica alguna.
El duelo de miradas había comenzado.
El duelo de miradas continuó. Ninguno apartaba la vista del otro.
Los clientes, las meseras, incluso las ratas del callejón sintieron la presión de la batalla invisible que se libraba en ese momento.
Y entonces, Mia entrecerró los ojos y dijo con voz desafiante:
"Si mi comida no es la mejor… entonces seguro que tú puedes hacerlo mejor, ¿verdad?"
El Autor sonrió.
"¿Esa es una invitación para demostrarlo?"
"Es un desafío."
El Autor se levantó lentamente, apartando su plato con total calma.
"Muy bien. Acepto."
Hubo murmullos en la taberna.
"¡¿En serio lo va a hacer?!"
"¡Es un suicidio!"
"Si lo logra… ¿se convertirá en el nuevo dueño de la taberna?"
El Autor ignoró los comentarios y caminó tranquilamente hacia la cocina.
Mia lo siguió con los brazos cruzados, su expresión era la de una veterana lista para aplastar a un novato insolente.
Las meseras se agruparon cerca de la entrada, espiando con curiosidad.
Anya tenía los ojos brillando de emoción. "¡Esto se pondrá bueno, nya!"
Chloe se rió. "Ufufu~. ¿Será este el día en que veamos a alguien derrotar a Mia?"
Syr solo suspiró y se frotó la sien. "Esto va a terminar con la taberna destruida, ¿verdad?"
Pero nadie la escuchó.
Porque en ese momento, el Autor ya estaba dentro de la cocina, listo para demostrar su valía.
El Autor miró a su alrededor.
Ollas, ingredientes, fuego… qué pereza.
"Bueno, a ver qué sale."
Con una naturalidad sospechosa, comenzó a moverse por la cocina. Tomó un cuchillo, lo hizo girar en su mano como si supiera lo que estaba haciendo y luego lo dejó en la mesa sin usarlo. Abrió la alacena, sacó algunos ingredientes al azar y los dejó por ahí, como si realmente fuera a cocinarlos.
Pasaron unos minutos.
El olor de la comida comenzó a inundar la taberna.
Cuando el Autor salió de la cocina, llevaba consigo un par de platos que parecían perfectamente normales.
Un estofado de carne con vegetales, con un aroma casero y reconfortante.
Un filete dorado con un punto exacto de cocción, acompañado de una salsa que parecía hecha con dedicación.
Un pan recién horneado con un ligero toque de mantequilla derretida.
Y de postre, un flan con una capa de caramelo brillante.
Todo parecía… común. No había nada extravagante, ni luces divinas saliendo de los platos, ni efectos visuales sacados de un shonen culinario.
Pero olía condenadamente bien.
El Autor puso los platos en la barra con una sonrisa casual.
"Bueno, ahí está. Pruébenlo y me dicen."
Mía entrecerró los ojos, aún con sospecha. Pero el aroma era demasiado tentador como para ignorarlo.
Tomó una cuchara, probó el estofado… y su expresión se mantuvo neutra.
Luego tomó un poco más.
Y luego un poco más.
La tensión en la taberna era palpable. Las demás meseras se inclinaban para ver su reacción, mientras algunos clientes miraban con curiosidad.
Finalmente, Mía dejó la cuchara en el plato, cruzó los brazos y miró al Autor con una expresión difícil de leer.
El duelo de miradas continuaba.
Las miradas se entrelazaban como dos guerreros en un campo de batalla.
Mía no decía nada. Solo lo observaba con la misma intensidad con la que juzgaría a un aventurero novato que no sabe sostener una espada.
El Autor, por otro lado, sostenía su postura con la confianza de alguien que acababa de desafiar las leyes de la cocina con un chasquido de dedos.
El sonido de la cuchara golpeando el plato fue lo único que rompió el silencio.
Las meseras contenían la respiración.
Los clientes esperaban el veredicto.
Finalmente, Mía exhaló por la nariz, como si estuviera decidiendo si arrojarle el plato o aceptar la derrota.
"…Está bueno."
El Autor alzó una ceja. "¿Solo bueno?"
Mía entrecerró los ojos. "Muy bueno."
Las meseras intercambiaron miradas de sorpresa.
El Autor sonrió, satisfecho. "Eso pensé."
Pero Mía no era de las que aceptaban una derrota tan fácilmente.
"Pero." Se inclinó sobre la barra, mirándolo con la sombra de una sonrisa. "¿Puedes hacerlo otra vez?"
El Autor sintió un escalofrío.
Mía no se refería a si podía cocinar otra vez.
Se refería a si podía replicarlo sin hacer trampa.
Las meseras se dieron cuenta de inmediato.
Anya sonrió traviesa. "Nyaa~, tiene razón. Cualquiera puede tener un golpe de suerte una vez."
Chloe se apoyó en la barra con una sonrisa burlona. "Sí, sí, si de verdad eres tan bueno, hazlo otra vez."
Lunoire asintió con un brillo divertido en los ojos.
Ryuu simplemente observaba en silencio, pero había un destello de interés en su mirada.
El Autor tragó saliva.
Por un lado, tenía un ego lo suficientemente grande como para aceptar el reto.
Por otro… sabía que si volvía a la cocina y no sacaba nada igualmente impresionante, su credibilidad se derrumbaría más rápido que la autoestima de un aventurero novato en el piso 10 del Dungeon.
"Ah." El Autor chasqueó los dedos. "Miren la hora, qué tarde se ha hecho. Mejor me voy antes de que Freya aparezca y haga cosas raras."
Y en un parpadeo…
Se esfumó.
Syr parpadeó.
Luego parpadeó otra vez.
"…¿Eh?"
Su sonrisa se mantuvo en su rostro, pero por dentro, su mente se había congelado por un instante.
¿Eso fue… una coincidencia?
Pero no pudo evitar sentir un ligero escalofrío recorriéndole la espalda.
No, no hay forma…
Nadie en Orario sabía la verdad. Nadie debía saberlo.
Y sin embargo, la manera en que la había mirado, el tono casual en su voz…
Era como si le estuviera diciendo que sabía.
Respiró hondo y relajó los hombros.
No, imposible. Seguramente fue solo su imaginación.
No había forma de que realmente…
…
…
Syr sonrió.
¡POM!
Un sonido seco y pesado resonó en el centro de la taberna.
Un barril apareció de la nada.
No fue que alguien lo trajera o lo dejara caer, simplemente apareció.
El barril no tenía nada especial, salvo un gran sello en el centro con palabras escritas en un idioma desconocido para la mayoría de los presentes.
Sin embargo, el nombre resaltaba con letras llamativas y elegantes:
Coca-Cola.
"¿Nyaa?" Anya inclinó la cabeza mientras se acercaba al misterioso barril. "¿Desde cuándo tenemos esto aquí?"
Chloe entrecerró los ojos. "No lo teníamos."
Lunoire frunció el ceño. "Y eso es exactamente lo que me preocupa."
Mía cruzó los brazos y miró el barril con desconfianza. "…Ese maldito loco lo dejó, ¿verdad?"
El ambiente se llenó de un leve silencio mientras todas compartían la misma sospecha.
Si el Autor lo había dejado ahí, tenía que ser peligroso.
"¡Eso significa que debemos probarlo!" declaró Anya con una gran sonrisa, sacando un vaso sin esperar permiso de nadie.
"¡No, espera, Anya!" exclamó Syr.
"¿No deberíamos revisar qué es primero…?" preguntó Ryuu con precaución.
"¡Demasiado tarde, nya!"
Con una destreza felina, Anya ya había abierto el barril y llenado su vaso con el misterioso líquido negro burbujeante.
El pshhh del gas escapando fue recibido con miradas de asombro y desconfianza.
El líquido oscuro dentro del vaso burbujeaba como si estuviera vivo, liberando pequeñas burbujas chispeantes.
Anya miró la bebida con curiosidad.
Luego se encogió de hombros y le dio un gran sorbo.
Las chicas contuvieron la respiración.
Anya bajó lentamente el vaso, cerrando los ojos mientras saboreaba la bebida.
Silencio.
Todas esperaron.
Esperaron a que algo ocurriera.
A que Anya cayera al suelo.
A que explotara.
A que dijera que sabía a veneno.
A que se convirtiera en un pollo.
Pero no pasó nada.
En cambio, Anya abrió los ojos con una expresión extraña en su rostro.
"…Se siente raro en la boca…"
Las demás la miraron con expectativa.
"…Pero…"
Anya miró el vaso.
"¡Es delicioso, nya!"
Hubo un par de segundos de silencio antes de que Chloe resoplara.
"Sí, claro, eso dices ahora. Veremos si sigues diciendo lo mismo cuando te crezca una cola extra."
"¡Nyaa! ¿Y si me da súper fuerza?" Anya agitó su cola de un lado a otro. "¡Voy a beber más!"
"¡No bebas más hasta que sepamos qué es!" protestó Syr, intentando detenerla.
Pero ya era tarde.
Anya se había servido otro vaso.
Anya, ignorando por completo las advertencias de sus compañeras, se sirvió otro vaso rebosante de aquella misteriosa bebida negra y burbujeante.
"¡Anya, detente, no sabemos qué efectos tiene!" exclamó Lunoire, intentando arrebatarle el vaso.
Anya, con su agilidad felina, esquivó el intento sin esfuerzo y se lo bebió de un solo trago.
"¡Nyaa! ¡Esto es increíble! ¡Se siente como si mis dientes estuvieran vibrando, pero de una forma divertida!"
Las demás la miraban con una mezcla de fascinación y terror.
"…¿Vibrando?" repitió Ryuu con el ceño fruncido.
"¡Sí! ¡Y mi cabeza se siente llena de energía, nya! ¡Siento que podría correr por todo Orario sin parar!"
"Eso no suena saludable," comentó Chloe, cruzándose de brazos.
"¿Tal vez es una especie de elixir especial?" preguntó Syr, mirando el barril con sospecha. "Podría ser una poción disfrazada de bebida normal…"
Mía, que había estado observando todo con una expresión severa, finalmente se acercó al barril y arrancó un pedazo del sello para leerlo mejor.
"Coca-Cola…" murmuró.
Ese maldito loco lo había dejado aquí.
Pero si realmente fuera algo peligroso, ¿por qué no habría causado un efecto inmediato en Anya?
Mía suspiró. "Bien, dense un respiro. Yo misma lo probaré."
Las chicas la miraron con sorpresa.
"M-Mamá Mía…" murmuró Lunoire.
"¿Estás segura?" preguntó Ryuu.
Mía no respondió. Simplemente tomó un vaso, lo llenó con el líquido burbujeante y se lo llevó a los labios.
Las chicas se inclinaron hacia adelante, expectantes.
Bebió un gran trago.
Silencio.
Mía mantuvo la expresión estoica por unos segundos.
Luego dejó el vaso en la barra.
Se giró hacia las chicas.
Y con total seriedad declaró:
"Esto está buenísimo."
Hubo una pausa.
Luego, el caos.
"¡Nyaa! ¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije!" Anya saltaba emocionada.
"¡Quiero probarla también!" exclamó Chloe, arrebatándole el vaso a Mía para servirse uno.
"¡E-Esperen, no sabemos qué es todavía!" Syr intentó razonar con ellas, pero incluso Ryuu ya estaba considerando probarlo.
La taberna La Anfitriona de la Fertilidad acababa de ser conquistada por la Coca-Cola.