Naaza estaba detrás del mostrador, organizando frascos de pociones con la eficiencia de alguien que finalmente podía usar ambos brazos para hacerlo. Desde que el autor le devolvió su extremidad perdida, su vida había cambiado drásticamente.
Cuando escuchó el sonido característico de su teletransportación, sus orejas se movieron levemente y levantó la mirada con una pequeña sonrisa.
"¿Necesitas algo?" preguntó, con un tono sorprendentemente más amable de lo que le daría a cualquier otro cliente.
El autor levantó una ceja, sorprendido por el tono inusualmente amable de Naaza. Apoyó un codo en el mostrador y se inclinó ligeramente hacia ella con una sonrisa burlona.
"Naaza… ese tono. ¿No me digas que te has enamorado de mi maravilloso encanto?"
Naaza parpadeó. Por un momento, solo un momento, su cerebro procesó lo que acababa de escuchar. Luego, como si una pieza de cristal fino se hubiera hecho añicos en su interior, su expresión se tornó completamente plana.
La decepción fue inmediata y absoluta.
"…Y ahí está. Otra vez," murmuró, cerrando los ojos como si sintiera una migraña inminente.
El autor chasqueó los dedos. "¡Ja! Sabía que había algo raro en tu tono, ¡estabas demasiado amable! ¡Pero tranquila, Naaza! No necesitas ocultar tu amor por mí, puedo entender que—"
Naaza no le dejó terminar. Simplemente tomó un frasco vacío y lo arrojó con precisión quirúrgica.
El frasco rebotó en la frente del autor sin causarle el menor daño, pero el mensaje estaba claro.
"No te hagas ilusiones," dijo con un suspiro, volviendo a enfocarse en lo que estaba haciendo.
El autor sonrió. "Eres cruel, Naaza. Pero eso solo hace que te quiera más."
Naaza no respondió. Su alma ya había abandonado el plano terrenal para no seguir lidiando con esto.
El autor apoyó los codos en el mostrador y le dedicó una sonrisa socarrona.
"Y dime, Naaza… ¿te gustó mi regalo?"
Naaza suspiró y asintió, mirando su mano mientras flexionaba los dedos. "Sí… sería ridículo decir que no. Recuperar mi brazo es… más de lo que podría haber pedido."
"Ah," el autor sonrió aún más, sus ojos brillando con malicia. "Pero no me refería a eso."
Naaza frunció el ceño. "¿Eh?"
"Me refería al pin."
"¿Qué pin?"
"El que te di antes de irme la última vez. Ya sabes, el que dice…"
Naaza sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su instinto le advirtió del peligro, pero su cerebro aún no había procesado la información. Sin embargo, su cuerpo ya estaba en alerta máxima.
Lentamente, como si estuviera a punto de enfrentar una pesadilla viviente, bajó la mirada hacia su abrigo.
Ahí estaba.
Brillante, dorado y perfectamente visible para cualquiera que la viera de frente:
"¿Perder la virginidad? No. Yo no pierdo."
Naaza sintió cómo su alma abandonaba su cuerpo.
En pánico, arrancó el pin de su ropa y lo lanzó con toda su fuerza al autor, quien lo atrapó en el aire con una facilidad insultante.
"¡¿CÓMO NO ME DI CUENTA DE ESTO?!", gritó, sintiendo que su reputación acababa de ser pulverizada.
El autor se encogió de hombros. "Supongo que estabas demasiado ocupada disfrutando de mi maravilloso regalo."
Naaza lo fulminó con la mirada, su cola completamente erizada. "Lo voy a olvidar. Voy a olvidar que llevé esto puesto todo el día. Y si sigues hablando, voy a olvidar que te debo un favor y te voy a echar de aquí."
El autor sonrió. "Aww, ¿pero no crees que te quedaba bien?"
Naaza sacó otro frasco.
Esta vez no se molestó en apuntar.
Simplemente se lo arrojó a la cara.
El frasco voló a toda velocidad, pero el autor, con una facilidad irritante, simplemente inclinó la cabeza y lo esquivó sin esfuerzo.
El frasco chocó contra la pared detrás de él, liberando un fuerte olor a hierbas y alcohol medicinal.
Naaza lo miró con el ceño fruncido. "¿Alguna vez te quedas quieto para recibir tu merecido?"
El autor fingió pensarlo. "Hmm… no."
Naaza gruñó y cruzó los brazos. "¿Viniste a molestarme otra vez o realmente necesitas algo?"
"¿No puede ser ambas?"
Naaza tomó otro frasco.
"¡Okay, okay!", el autor levantó las manos en señal de paz, aunque su sonrisa no desapareció. "En realidad, vine a comprar pociones."
Naaza lo miró con sospecha. "¿Pociones? ¿Para qué las necesitas? ¿No puedes simplemente chasquear los dedos y curarte?"
El autor asintió con seriedad. "Sí, pero a veces es más divertido hacer las cosas a la antigua."
Naaza suspiró y se frotó la sien. "¿Qué tipo de pociones quieres?"
"Las más fuertes que tengas."
Naaza arqueó una ceja. "¿Para quién son?"
El autor apoyó los codos en el mostrador y sonrió con picardía. "¿Y si te dijera que son un regalo para una linda diosa con quien tuve una cita hace un dia?"
Naaza parpadeó. "…Por favor, dime que no te refieres a Freya."
El autor rió. "No, no. Artemisa."
Naaza parpadeó de nuevo.
Luego otra vez.
Y una tercera vez.
Finalmente, se masajeó las sienes con ambas manos. "No quiero saber cómo llegaste a eso. Solo dime cuántas pociones necesitas y cuánto estás dispuesto a pagar."
El autor chasqueó los dedos y una pila de valis apareció en el mostrador. "Dame un buen número. No quiero que mi querida Artemisa se lastime."
Naaza suspiró. "Lo que daría por que fueras menos problemático…"
Pero aun así, comenzó a juntar las pociones.
Naaza terminó de contar los frascos y los puso sobre el mostrador. "Aquí tienes. Con esto deberías estar cubierto por un buen tiempo."
El autor sonrió y empujó la pila de valis hacia ella. "Qué amable. Pero dime, Naaza… ¿cómo van los negocios?"
Naaza se tensó un poco. "No es de tu incumbencia."
"Eso suena a 'estamos mal, pero no quiero admitirlo'."
Naaza chasqueó la lengua y miró hacia un lado. "Hemos tenido tiempos mejores… pero nos las arreglamos."
El autor apoyó un codo en el mostrador y la miró con una sonrisa traviesa. "Sabes, si necesitas ayuda, podrías pedírmela. No muerdo… a menos que me lo pidan."
Naaza frunció el ceño. "No quiero que me debas favores. Prefiero resolver esto por mi cuenta."
El autor se encogió de hombros. "Lo entiendo. Entonces, hagamos un trato. Yo compro todas estas pociones, y tú te quedas con el dinero. Pero en realidad, no las necesito."
Naaza parpadeó. "…¿Qué?"
"Vamos, Naaza, tú eres lista. Sabes que lo único que tengo que hacer es chasquear los dedos y cualquier herida desaparece. Pero si voy por ahí diciendo que necesito pociones, tal vez algunos aventureros piensen que esta tienda vende cosas realmente útiles, ¿no crees?"
Naaza lo miró en silencio por un momento. Luego, suspiró y tomó el dinero. "Eres insoportable."
"Lo sé."
"Y manipulador."
"También lo sé."
Naaza sacudió la cabeza, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa. "Gracias."
El autor le guiñó un ojo. "Para eso estoy."
El autor levantó la mano en señal de despedida mientras la luz de su teletransportación comenzaba a envolverlo.
"Por cierto, el rojo te queda bien."
Naaza frunció el ceño. "¿Qué estás—?"
Pero el autor desapareció antes de que pudiera terminar la frase.
Naaza suspiró y se llevó una mano a la cabeza. "¿Qué tontería dijo esta vez…?"
Fue entonces cuando vio su reflejo en una botella de cristal en el mostrador. Su expresión se congeló.
Su cabello… su cabello ya no era el mismo tono castaño oscuro de siempre. Ahora era de un rojo vibrante, intenso, casi como si estuviera ardiendo bajo la luz.
Naaza parpadeó varias veces, luego se miró las puntas del cabello, incrédula.
"…Ese maldito."
…
El autor apareció en el cuarto de Ryuu en un leve destello de luz. Al instante, sus ojos recorrieron la habitación, preparándose mentalmente para cualquier situación… comprometedora.
Para su suerte (y la de Ryuu), esta vez no la encontró en una pose incómoda o en plena muda de ropa.
La elfa estaba sentada en la cama, con un libro en mano y su típica expresión tranquila, aunque sus ojos se afilaron en cuanto notó su presencia.
"…Otra vez tú."
El autor sonrió con tranquilidad.
"¡Y qué suerte tienes! Esta vez no interrumpí nada."
Ryuu cerró el libro con un suspiro. "¿Qué quieres?"
"Visitarte."
La elfa lo miró con incredulidad. "…Claro."
Ryuu dejó el libro a un lado y cruzó los brazos, evaluando al autor con una mezcla de sospecha y resignación. "Si solo viniste a molestar, prefiero que te vayas."
El autor levantó las manos en un gesto pacífico. "Oye, oye, no seas así. ¿No puedo visitar a una amiga?"
Ryuu arqueó una ceja. "No recuerdo haber aceptado ser tu amiga."
El autor fingió estar herido, llevándose una mano al pecho. "¡Auch! Eso dolió más que un Goliat pisándome la cara."
Ryuu suspiró, pasándose una mano por la frente. "Si no tienes nada importante que decir, entonces—"
Antes de que terminara, el autor se teletransportó a la mesa de la habitación y dejó sobre ella una pequeña caja envuelta en papel elegante.
"Para ti."
La elfa parpadeó. "…¿Qué es esto?"
El autor sonrió. "Ábrelo y verás."
Ryuu frunció el ceño, observando la caja con desconfianza antes de abrirla. En su interior, descansaba una pequeña seta de color azul celeste, con motas blancas brillantes.
"…¿Qué es esto?" preguntó, levantándola con cautela.
El autor sonrió con un brillo travieso en los ojos. "Una seta de hielo. ¡Un regalo especial para alguien tan fría como tú!"
Ryuu parpadeó, mirando la seta con aún más sospecha. Y justo en ese instante…
¡PSSSHHHH!
La seta se desintegró en un destello gélido, liberando una ola de aire helado que cubrió la habitación en una gruesa capa de escarcha en cuestión de segundos.
"…."
"…."
Ryuu, ahora cubierta de nieve hasta los hombros, temblaba con los dientes castañeteando mientras abrazaba sus propios brazos. Su habitación parecía haber sido transportada directamente al piso más profundo del Calabozo.
El autor, completamente ileso gracias a su conveniencia narrativa, observó la escena con una pequeña risita. "Ups. Tal vez debí advertirte antes."
Ryuu le lanzó una mirada que, de no estar congelándose, probablemente lo habría incinerado en el acto.
"D-Deja… de… hablar…" dijo, con la voz temblorosa por el frío.
El autor, conmovido por la escena, chasqueó los dedos. "Bien, bien, arreglemos esto."
¡FOOSH!
De inmediato, el hielo desapareció como si nunca hubiera existido, dejando la habitación en su estado original. Sin embargo, Ryuu seguía tiritando, abrazándose para recuperar el calor.
"Ah, sí, el frío residual." El autor sacó de la nada una taza de chocolate caliente y se la extendió. "Aquí, esto debería ayudar."
Ryuu la arrebató sin decir palabra, tomándola entre sus manos entumecidas.
El autor sonrió. "El hielo también te queda bien."
Ryuu no respondió. Solo lo fulminó con la mirada, mientras bebía el chocolate con una expresión de absoluta paciencia forzada.
Sin previo aviso, el autor extendió la otra mano y le ofreció a Ryuu un bizcocho recién horneado.
"Y aquí tienes un poco de comida para complementar el chocolate. No puedes quedarte solo con líquidos."
Ryuu, aún en proceso de recuperar su temperatura corporal, parpadeó y miró el bizcocho con cautela. Sin embargo, su mirada pronto se desvió hacia el autor…
Quien, de alguna forma que desafiaba toda lógica, ahora vestía un traje completo de Santa Claus.
"…¿Cuándo te pusiste eso?" preguntó con el ceño fruncido.
El autor posó con confianza, hinchando el pecho y apoyando una mano en la cintura. "Oh, Ryuu, querida, no cuestiones los milagros navideños."
"…Es marzo."
"¡Exacto! Por eso es más milagroso."
Ryuu simplemente exhaló, cerrando los ojos mientras aceptaba el bizcocho. No tenía sentido discutir con él. Al menos la comida y la bebida eran reales… y estaban deliciosas.
El autor chasqueó los dedos y, como si nunca hubiera existido, el traje de Santa Claus desapareció, dejándolo con su atuendo normal. Luego, con otro gesto dramático, invocó un espejo frente a Ryuu.
"Bien, Ryuu, ya que estamos en un momento de transformación estética, dime, ¿qué estilo de cabello crees que te quedaría mejor?"
Ryuu arqueó una ceja. "¿A qué te refieres con—?"
"¡Vamos a hacer pruebas!"
El autor chasqueó los dedos nuevamente.
Ryuu vio en el reflejo cómo, de repente, su cabello se volvía rubio y le caía en una melena larga y ondulada.
"¡Mira eso! ¡Diosa elfa dorada! ¿No te sientes como una reina?"
Ryuu entrecerró los ojos y, con toda la calma del mundo, respondió: "No."
"Vale, vale, algo más discreto." El autor volvió a chasquear los dedos y, esta vez, su cabello se volvió negro azabache, corto y peinado hacia atrás, dándole un aire mucho más serio.
Ryuu ladeó ligeramente la cabeza.
"¿Te gusta?" preguntó el autor, sonriendo.
La elfa se cruzó de brazos. "…No está mal."
"¡Oho! ¡Entonces probemos más!"
En un instante, su cabello se volvió rosado y con puntas rizadas. Luego, verde esmeralda en un corte bob. Luego, un degradado azul con trenzas laterales. Finalmente, terminó con un color blanco puro y un corte aún más corto de lo que tenía originalmente.
Ryuu miró su reflejo en silencio.
"…Esto es ridículo," murmuró.
El autor rió. "¡Pero entretenido! Aunque, si me preguntas, el pelo azul te quedaba sorprendentemente bien. Tenías un aire de heroína de cuentos."
Ryuu suspiró. "Devuélvelo a la normalidad."
"Está bien, está bien, pero ¿segura que no quieres probar un verde fosforescente? ¡Brillarías en la oscuridad!"
"Ahora."
Con una risita, el autor chasqueó los dedos una última vez y el cabello de Ryuu volvió a su tono verde apagado habitual.
"Debiste dejarlo rubio," murmuró Ryuu sin pensar.
El autor parpadeó. "¿Te gustó el rubio?"
Ryuu tosió ligeramente y desvió la mirada. "No dije nada."
El autor sonrió con picardía. "Ajá…"
El autor sonrió con diversión mientras sacaba un pequeño plato con brownies y se lo ofrecía a Ryuu.
"¿Quieres un poco? Son caseros," dijo con voz despreocupada. "Hechos con amor… y un ingrediente especial que te pondrá muy 'feliz'."
Ryuu, que aún sentía frío por la helada que había dejado la seta de hielo, miró los brownies con algo de desconfianza.
"…¿Especial?" preguntó, entrecerrando los ojos.
"Sí, especial. Como yo."
Eso no resolvía ninguna duda.
Pero, al final, su estómago ganó la batalla contra su sentido común. Tomó uno, lo partió por la mitad y le dio un mordisco. Dulce, esponjoso, con un sabor ligeramente a chocolate oscuro. No estaba nada mal.
Tomó otro bocado.
Y entonces…
Desde la perspectiva de Ryuu:
La realidad colapsó.
Sintió como si su cuerpo dejara de pesar, como si alguien le hubiera quitado la gravedad. Su visión se tornó borrosa y luego se expandió en un millón de colores.
Cuando parpadeó, ya no estaba en su habitación.
Ahora flotaba en el espacio.
A su alrededor había planetas de todos los colores posibles, girando lentamente en el vacío cósmico. Estrellas fugaces pasaban a su lado, dejando rastros dorados como fuegos artificiales silenciosos. Todo se sentía… sereno.
"Esto es… ¿el cielo?"
Intentó moverse, pero no había suelo bajo sus pies. Sin embargo, no caía, solo flotaba suavemente, como si el universo la estuviera acunando.
Un sonido llamó su atención.
Se giró y vio un pato astronauta nadando en el vacío, con una pequeña escafandra en la cabeza. El pato la miró y movió las alas como si la estuviera saludando.
Ryuu le devolvió el saludo con la misma confusión.
"¿Siempre has estado ahí?" preguntó.
"Cuak."
La elfa asintió como si eso tuviera todo el sentido del mundo.
De repente, un asteroide pasó a su lado con un letrero flotante pegado a él.
"Relájate y disfruta el viaje."
"…Oh," murmuró Ryuu.
Sí, eso parecía lo más sensato que podía hacer.
Así que se dejó llevar, flotando entre los astros, disfrutando de la paz y el silencio del cosmos.
Desde la perspectiva del autor:
El autor observó a Ryuu, que estaba completamente inmóvil en el suelo con la mirada perdida en el techo y una sonrisita boba en los labios.
Movió una mano frente a su cara. Nada.
Le dio un golpecito en la frente con un dedo. Seguía sin reaccionar.
Suspiró con una sonrisa satisfecha.
"Sí que le llegó rápido," murmuró mientras sacaba otro brownie para él.
Tomó asiento a su lado, dándole unas palmaditas en la cabeza.
"Buen viaje, Ryuu."
"Bueno, creo que ya hice suficiente caos por hoy" murmuró mientras sacaba una caja envuelta con un lazo azul y la dejaba sobre la mesa de la habitación.
En la tapa, una nota escrita con su elegante caligrafía decía:
"Para cuando regreses a este plano de existencia. Con cariño, el autor."
Dentro de la caja había una bufanda suave, un par de guantes acolchonados y un frasco de té de hierbas especial para calmar los nervios (sin ingredientes felices esta vez).
También había un pequeño papelito extra con un mensaje:
"No me demandes."
El autor le dio una última mirada a Ryuu, que seguía acostada con los brazos flotando en el aire como si estuviera nadando entre estrellas invisibles.
Sonrió.
"Bueno, cuak cuak, Ryuu."
Y con eso, desapareció en un destello de luz.
…
El autor apareció de la nada en la plaza frente a la Torre de Babel, de pie sobre una improvisada tarima que claramente no estaba ahí hace cinco segundos.
"¡Atención, valientes aventureros!" exclamó, proyectando su voz con una energía digna de un maestro de ceremonias. "Hoy es su día de suerte, porque les traigo una oportunidad única en la vida. ¡Una pelea con condiciones especiales donde el ganador se llevará nada más y nada menos que 1 MILLÓN DE VALIS!"
El murmullo en la plaza fue inmediato. Aventureros de todos los niveles se giraron para ver de qué demonios estaba hablando aquel misterioso individuo que muchos ya reconocían como "el tipo raro que hace cosas imposibles".
"¿Condiciones especiales?" preguntó un aventurero, cruzándose de brazos con desconfianza.
El autor sonrió de manera enigmática. "Ah, pero revelar eso demasiado pronto le quitaría la diversión al asunto, ¿no crees?"
Justo en ese momento, la Familia Loki pasaba por ahí. No tenían ninguna necesidad de participar, considerando que no estaban cortos de dinero, así que simplemente se detuvieron junto al autor, cruzándose de brazos y observando la escena con interés.
"¿Ahora qué se trae este tipo…?" murmuró Bete, arqueando una ceja.
"Seguro algo ridículo," respondió Tiona con una sonrisa divertida.
Riveria suspiró, llevándose una mano a la frente. "Presiento un desastre inminente."
Ais, por su parte, simplemente miraba al autor con su expresión neutra habitual, aunque sus ojos reflejaban un leve interés.
El autor, notando la presencia de la familia Loki, les dedicó una sonrisa y un pulgar arriba.
"¡Oh, espectadores de lujo! ¡Eso hace esto aún mejor!"
Los aventureros en la plaza seguían discutiendo entre sí, algunos emocionados por la posibilidad de ganar dinero fácil, otros sospechando que había una trampa.
El autor extendió los brazos dramáticamente.
"¡Así que, valientes guerreros de Orario! ¿Quién tiene el coraje de aceptar el desafío y probar su valía en mi… peculiar arena de combate?"
El autor sacó un enorme sombrero de copa de la nada y lo sostuvo con ambas manos frente a la multitud.
"¡Muy bien, aventureros! Como este es un evento justo, haremos un sorteo para elegir a nuestros dos valientes participantes."
Los murmullos se intensificaron mientras algunos aventureros se acercaban para inscribirse. Después de unos minutos de revuelo y papeleo improvisado (que claramente nadie recordaba haber llenado, pero mágicamente aparecieron igual), el autor metió la mano en el sombrero y revolvió los nombres con dramatismo exagerado.
"¡Y el primer afortunado es…!"
Sacó un papel y lo leyó en voz alta.
"¡Lyle, el Lanzador de Dagas!"
Un joven aventurero con ropas simples y un par de dagas al cinto dio un respingo antes de levantar tímidamente la mano. "¿Eh? ¿Yo?"
"¡Así es! ¡Ven aquí, campeón!"
El autor hizo un gesto y, de repente, Lyle fue teletransportado al lado de la tarima.
"¡Y ahora, nuestro segundo contendiente!"
Revolvió de nuevo el sombrero, demorándose más de lo necesario para crear tensión. Finalmente sacó otro papel y sonrió.
"¡Mina, la Guerrera del Martillo!"
Una aventurera bajita, con armadura ligera y un enorme martillo en la espalda, dejó escapar un pequeño "¡¿Qué?!" antes de ser igualmente teletransportada junto a Lyle.
Ambos se miraron confundidos mientras la multitud aplaudía y murmuraba con interés.
"¡Felicidades a nuestros dos participantes! Ahora, antes de que entren en pánico, déjenme explicarles las condiciones especiales de este combate…"
El autor chasqueó los dedos y, a su alrededor, comenzó a formarse un escenario que nadie en Orario podría haber anticipado.
El autor se aclaró la garganta, disfrutando de la expectación de la multitud.
"Ahora, queridos espectadores y participantes, las condiciones especiales de este combate son…"
Hizo una pausa dramática, extendiendo los brazos.
"¡No podrán usar sus propios cuerpos!"
Lyle y Mina parpadearon confundidos.
"¿Q-qué significa eso…?" preguntó Lyle, pero antes de que pudiera terminar, su cuerpo empezó a brillar.
Ambos aventureros se transformaron en esferas de luz flotantes, causando exclamaciones de sorpresa y emoción en la multitud.
"¡Wooah! ¿Qué pasó con ellos?"
"¡Parece magia de alto nivel!"
"¿Es esto legal?"
"¡Claro que es legal! ¡Yo lo hice!" dijo el autor con una sonrisa.
Luego, con un simple chasquido de dedos, aparecieron en la arena varias estatuas de aventureros famosos, perfectamente detalladas, como si hubieran sido esculpidas por un artista divino (que, técnicamente, era el caso).
Estaban allí, en poses heroicas:
Ottar, de pie con los brazos cruzados, irradiando poder.
Ais, con su espada desenvainada, lista para atacar.
Riveria, con su báculo en alto, como si estuviera a punto de lanzar un hechizo devastador.
Tiona, con su característico machete gigante y una sonrisa confiada.
Allen, en una postura agresiva, como si estuviera en medio de una carga.
Tsubaki, con su katana desenfundada y una mirada afilada.
La multitud contuvo el aliento.
El autor se giró hacia los dos puntos de luz flotantes.
"¡Cada uno de ustedes deberá elegir con quién luchará!" exclamó, señalando las estatuas. "¡Podrán poseer temporalmente sus cuerpos y pelear como ellos!"
Lyle y Mina se quedaron en silencio por unos momentos.
"¿E-eso significa que podríamos luchar como… Ottar?" preguntó Lyle con un tono de incredulidad.
"Sí."
"¿O como Ais-sama?" preguntó Mina.
"Sí."
"¿O como—?"
"Sí, sí, lo que sea. Elijan ya."
La multitud explotó en gritos emocionados. ¡Nunca antes se había visto algo así en Orario! ¡Dos aventureros novatos peleando con el poder de los más fuertes de la ciudad!
La tensión creció mientras Lyle y Mina observaban las opciones frente a ellos.
"¡Adelante, elijan!" exclamó el autor con entusiasmo. "Y que la batalla sea espectacular."
El autor levantó una mano para calmar la algarabía de los aventureros curiosos.
"Antes de que pregunten, déjenme aclarar las reglas. El combate es semi equitativo."
Algunas personas fruncieron el ceño.
"¿Qué significa eso?"
El autor chasqueó los dedos y, de repente, todas las estatuas flotaron levemente en el aire.
"Significa que ninguna de estas estatuas es más fuerte que otra en términos absolutos. Todas están equilibradas entre sí para que la pelea sea justa. Pero…" Sonrió. "Eso no significa que todas luchen de la misma manera. Si eligen a Ottar, tendrán fuerza bruta. Si eligen a Riveria, tendrán magia de alto nivel. Si eligen a Tsubaki, tendrán una técnica impecable con armas. Y así con cada una."
Los aventureros murmuraron entre ellos, considerando sus opciones.
Sin embargo, uno no dudó en lo más mínimo.
"¡ELIJO A AIS!"
Lyle, convertido en una esfera de luz, voló directamente hacia la estatua de la Princesa Espada, fusionándose con ella en un instante.
Lo que pasó después dejó a todos boquiabiertos.
La estatua cambió de inmediato. El gris pétreo desapareció y fue reemplazado por el brillo natural de la piel, el dorado del cabello y los reflejos metálicos de la armadura. Para cualquiera que mirara, parecía que la auténtica Ais Wallenstein había aparecido de repente en la arena.
"¡¿REALMENTE SE VE IGUAL?!"
"¡ES INCREÍBLE!"
"¡DEBERÍA HABER ELEGIDO YO PRIMERO!"
Pero mientras todos estaban asombrados, Lyle hizo lo que nadie esperaba.
Miró hacia abajo, observó sus nuevas manos y cuerpo con curiosidad…
…y luego, sin decir nada, llevó ambas manos directamente a su pecho y comenzó a manosearse descaradamente.
Se hizo un silencio absoluto.
La Familia Loki dejó de respirar.
"…'
"…'
"…'
El autor cerró los ojos con resignación.
"Por supuesto… por supuesto que lo primero que haría sería esto."
Loki estalló en carcajadas.
"¡JAJAJAJAJA! ¡ESTE IDIOTA SABE APROVECHAR UNA OPORTUNIDAD!"
Riveria tenía una expresión de absoluta indignación, con una vena palpitando en su sien.
"…Voy a matarlo."
Tiona parecía más divertida que enojada.
"¡Jaja! ¡Nunca pensé que vería a Ais hacer algo así!"
La verdadera Ais, que estaba entre la multitud, inclinó la cabeza con confusión.
"… ¿Por qué hace eso?"
Nadie supo qué responder.
BAM
Un gigantesco martillo de goma apareció de la nada y golpeó a Lyle en la cabeza, haciéndolo caer de cara al suelo.
El autor suspiró y lo miró con decepción.
"Si haces algo así otra vez, quedas fuera del combate y le doy el millón de valis a otra persona."
Lyle-Ais levantó la mano en rendición.
"Okay… okay… no más…"
El autor suspiró y miró a Mina, la otra participante.
"Bien, tu turno. Elige antes de que este idiota haga algo peor."
Mina no lo pensó demasiado.
"Elijo a Allen."
Dicho eso, su esfera de luz flotó rápidamente hacia la estatua del Vana Freya y se fusionó con ella. Al igual que con Lyle, la estatua tomó color y se convirtió en la viva imagen del auténtico Allen Fromel.
Mina flexionó los dedos y dio un par de saltos para probar el nuevo cuerpo.
"Vaya… se siente ligero y fuerte a la vez…"
Pero entonces se detuvo de golpe.
Algo estaba mal.
Miró hacia abajo…
Y sintió una extraña presión en su entrepierna.
"…Okay, esto es raro."
El autor parpadeó.
"¿Qué pasa?"
Mina se cruzó de brazos y cambió de postura varias veces, como si intentara encontrar una posición cómoda.
"…No sé cómo decirlo pero… esto…" Se señaló la entrepierna. "…esto me incomoda."
Se hizo un silencio.
Lyle-Ais la miró y luego bajó la vista a su propio cuerpo.
Sonrió con sorna.
"Bienvenida a la otra cara de la moneda."
El autor se masajeó las sienes.
"Por qué… por qué me hacen esto…"
Lyle-Ais agarró la espada de manera instintiva, sintiendo la ligereza y el filo de Desperate.
"¡Esto es increíble!" dijo, balanceándola con facilidad. "No pesa nada, pero se siente tan poderosa…"
Por su parte, Mina-Allen simplemente giró los hombros y chasqueó los dedos.
"Nada mal…" dijo con voz seria, pero claramente disfrutando del poder del cuerpo de Allen.
Sin perder más tiempo, Mina agarró a Lyle del cuello de la capa y lo lanzó con toda su fuerza al aire.
"¿¡EEEEEH!?!"
Lyle-Ais salió disparado como proyectil, con la espada en alto y una expresión de puro pánico.
Mina-Allen, aprovechando la distracción, se impulsó con una patada en el suelo y se lanzó directo al combate.
El público contuvo la respiración.
El autor simplemente sonrió.
"Esto va a ser interesante…"
Lyle-Ais intentó contraatacar, pero Mina-Allen ya estaba sobre él con una presión constante.
"¡Agh! ¡Para un poco! ¡Este cuerpo debería ser más fuerte!*"
"¡No, tarado! ¡El autor dijo que son equilibrados!" Mina-Allen le dio un rodillazo en el estómago, haciendo que Lyle-Ais se doblara en el aire antes de recibir un codazo en la espalda que lo estampó contra el suelo.
La familia Loki observaba la escena en completo silencio.
"Qué vergüenza…" murmuró Bete, llevándose una mano a la cara.
"Ni siquiera me dan ganas de animarlo…" dijo Tiona con los brazos cruzados.
"Me siento incómoda viendo esto…" agregó Lefiya.
"¿Así es como nos vemos desde fuera?" preguntó Tione, sintiéndose algo insultada.
"Ais, no tienes nada que decir sobre esto?" preguntó Finn.
La espadachina rubia simplemente miraba con su expresión neutra de siempre… pero cualquiera que la conociera bien notaría que un pequeño tic nervioso se formaba en su ceja.
"…No me gusta."
Mientras tanto, Lyle-Ais se arrastraba por el suelo, aturdido por la paliza que estaba recibiendo.
"¡Maldita sea! ¡Yo quería ser la hermosa espadachina legendaria, no el saco de boxeo de un psicópata!"
"¡Cállate y pelea!" le gritó Mina-Allen antes de levantarlo de la pierna y lanzarlo como muñeco de trapo.
Mientras volaba por los aires como un trapo sucio, Lyle-Ais se aferró a su última esperanza.
"¡Tempestad!"
De inmediato, un torbellino de viento dorado lo envolvió, deteniendo su vuelo y permitiéndole aterrizar suavemente en el suelo. Una ráfaga de aire a presión explotó a su alrededor, levantando polvo y obligando a Mina-Allen a retroceder un poco.
"¡Ja, ja! ¡Ahora sí se viene lo chido!" Lyle-Ais se miró las manos con fascinación, sintiendo la energía mágica recorrer su cuerpo. "¡Tengo el poder de la legendaria Ais Wallenstein! ¡Ahora sí es un combate justo!"
"Deja de hablar y pelea, payaso." Mina-Allen tronó los nudillos antes de lanzarse de nuevo al ataque.
La diferencia ahora era notable. Lyle-Ais, con la velocidad aumentada de Ariel, esquivaba con más soltura los ataques de Mina-Allen y respondía con golpes rápidos y cortes de viento.
"¡Ja! ¿Qué pasó con la paliza, eh? ¡Ahora el que reparte soy yo!"
"No cantes victoria tan rápido, imbécil." Mina-Allen entrecerró los ojos y bajó su postura.
"¡Toma esto!" Lyle-Ais lanzó una estocada con la velocidad del viento, pero Mina-Allen la esquivó inclinando apenas la cabeza y, en un movimiento fluido, se deslizó hacia un costado.
"¿Eh?"
Antes de que Lyle-Ais pudiera reaccionar, Mina-Allen le propinó una patada giratoria directamente en la cara, enviándolo de nuevo al suelo.
La familia Loki se llevó las manos a la cara.
"Ais, por favor dime que duele menos cuando eres tú la que pelea…" murmuró Tione.
"No sé… Nunca me han pegado así." respondió Ais, inexpresiva.
"Me está dando vergüenza ajena…" agregó Riveria, suspirando.
Lyle-Ais rodó por el suelo, sintiendo el aire silbar a su alrededor mientras intentaba ponerse de pie.
"¡¿Cómo demonios sigue siendo más rápida que yo?! ¡Se supone que tengo Ariel activado!"
"Tienes la magia de Ais-sama, pero su técnica." respondió Mina-Allen, flexionando los dedos antes de lanzarse de nuevo al ataque.
Lyle-Ais intentó retroceder con una ráfaga de viento, pero Mina-Allen ya estaba frente a él. En un parpadeo, su pierna se alzó y le propinó una patada en el estómago, lanzándolo varios metros hacia atrás.
"¡Gah!"
"A ver si te entra en la cabeza: solo porque tienes poder no significa que sepas usarlo." Mina-Allen caminó lentamente hacia él, con una postura relajada pero intimidante. "Lo que estás haciendo es como si un niño tomara una espada y creyera que ya es un maestro espadachín."
Lyle-Ais se limpió la boca, mirándola con una mezcla de frustración y resignación.
"¿Entonces qué sugieres, sensei?"
"Déjate de payasadas y usa la cabeza."
Lyle-Ais apretó los dientes. Mina-Allen no solo lo superaba en fuerza y velocidad (lo cual era injusto considerando que él tenía Ariel activo), sino que también lo dominaba completamente en técnica. Pero si no podía vencerla en combate directo…
"Tsk… ¡A ver si esto te gusta!"
Lyle-Ais clavó su espada en el suelo y liberó una ráfaga de viento en todas direcciones, levantando una enorme cortina de polvo y escombros.
Mina-Allen entrecerró los ojos, agudizando sus sentidos.
"¿Otra táctica desesperada?"
Sin embargo, cuando el polvo comenzó a asentarse, Lyle-Ais ya no estaba en el mismo lugar.
"Oh…"
En la cima de un edificio cercano, Lyle-Ais sonrió.
"Si no puedo ganarte de cerca… entonces jugaré a distancia."
Desde su posición elevada, levantó su espada y comenzó a reunir viento a su alrededor, preparando una gran ráfaga de presión para dispararla contra Mina-Allen.
"¡Veamos cómo te defiendes de esto!"
"¡Gralineze Fromel!"
Mina-Allen gritó con fuerza mientras su cuerpo se envolvía en un brillo plateado. En un instante, su velocidad, que ya era absurda, se disparó a niveles ridículos.
Lyle-Ais parpadeó.
Y en el siguiente segundo, Mina-Allen ya no estaba en el suelo.
"…¿Eh?"
¡BOOM!
Un estruendo sacudió el aire cuando Mina-Allen atravesó un muro de piedra… y luego otro… y luego otro más.
La familia Loki observó la escena con expresiones indescriptibles.
"…¿Eso fue parte de su plan?" murmuró Bete.
"No lo creo." respondió Finn, con una gota de sudor en la sien.
Mientras tanto, Lyle-Ais observó la nube de polvo que se había levantado tras los múltiples impactos.
"¿Es en serio?"
De pronto, un destello plata cruzó el aire y pasó a centímetros de él.
"¡¿WOAH?!"
Lyle-Ais apenas logró esquivarlo, pero lo que vio lo dejó sin palabras: Mina-Allen estaba rebotando por toda la plaza como una bala de cañón descontrolada.
"¡Mierda, mierda, mierda, mierda!" se escuchó la voz de Mina-Allen en medio del caos.
¡BOOM!
Se estrelló contra el suelo, creando un cráter y lanzando polvo por todas partes.
Lyle-Ais se asomó con cautela.
"¿…Estás bien?"
Una mano temblorosa emergió de entre los escombros, seguida de la voz aturdida de Mina.
"Me… lleva la…"
Los aventureros miraban la escena con una mezcla de asombro y confusión.
"¿Eso significa que Lyle ganó?" preguntó un aventurero al azar.
"No lo sé, pero definitivamente es la pelea más estúpida que he visto en mi vida." murmuró otro.
El autor, que había estado disfrutando del espectáculo con palomitas en mano, aplaudió con entusiasmo.
"¡Magnífico! ¡Obra maestra de la comedia física!"
La familia Loki solo suspiró.
"Solo en un evento organizado por él podría pasar algo así…" comentó Riveria, masajeándose las sienes.
"¡Y tenemos un ganador! ¡Por default, pero ganador al fin!"
El autor levantó la mano, señalando a Lyle, quien aún estaba en el cuerpo de Ais.
¡WOHOOOOO!
El público rompió en vítores y aplausos, aunque algunos aventureros simplemente se miraban entre ellos con expresiones de "¿Qué carajo acabamos de presenciar?".
Lyle-Ais, aún en shock, se quedó mirando sus manos… bueno, las manos de Ais… hasta que de repente, su cuerpo comenzó a brillar.
"Eh… ¿ya se acabó?"
Antes de que pudiera reaccionar, su forma cambió de nuevo, y en un parpadeo, Lyle estaba de vuelta en su propio cuerpo.
"Ahhh, mi hermosa y masculina esencia vuelve a mí…" dijo, llevándose una mano al pecho.
Por otro lado, Mina, quien aún estaba mareada por su viaje interdimensional a través de cada pared en la plaza, parpadeó varias veces cuando recuperó su forma original.
"Urgh… Siento que mi alma acaba de dar cinco volteretas en el aire…"
La familia Loki observaba la escena con una mezcla de incredulidad y resignación.
"Bueno… por lo menos terminó rápido." murmuró Finn.
"No me lo recuerdes…" respondió Riveria, masajeándose la sien.
"Estoy impresionada…" dijo Tiona, cruzándose de brazos. "Nunca pensé que vería a Ais recibir semejante paliza…"
"Yo tampoco… y lo detesté." dijo Ais, con una expresión neutra, pero con una leve sombra de incomodidad.
"Me disculpo en nombre de ese idiota." murmuró Lyle, bajando la cabeza.
"No es suficiente." respondió Ais.
"Ay…"
Mientras tanto, el autor aplaudió con una gran sonrisa.
"¡Maravilloso! ¡Un combate emocionante, lleno de acción, emoción y absoluta ridiculez! ¡Justo como lo planeé!"
"…No sé si llamarlo emocionante o un accidente de tren en cámara lenta…" murmuró Bete.
"De cualquier manera, ya tenemos un ganador. ¡Lyle, ven por tu premio!"
Lyle, al escuchar esto, sonrió ampliamente y avanzó con emoción.
"¡Sí, señor! ¡Dame ese millón de valis!"
El autor sacó un saco de monedas y se lo arrojó sin ceremonia.
¡CLANG!
Lyle casi cae al suelo por el peso, pero logró mantenerse en pie.
"¡Soy rico! ¡Por fin podré comer algo que no sea pan duro y agua!"
Mina se arrastró hasta donde estaba el autor.
"¿Y yo qué?"
El autor la miró y luego miró a Lyle.
"Bueno, técnicamente perdiste, pero…"
Sacó una bolsa más pequeña y se la lanzó.
"¡Para que no te vayas con las manos vacías!"
Mina la atrapó y suspiró.
"Supongo que es mejor que nada…"
Con eso, la multitud comenzó a dispersarse, aunque muchos aventureros seguían hablando sobre lo absurdo que había sido todo el combate.
La familia Loki se quedó mirando al autor con expresión indescriptible.
"Por favor, dime que no vas a organizar otro de estos torneos…" dijo Finn.
El autor sonrió misteriosamente.
"¿Quién sabe?".