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Chapter 15 - Capítulo 15: Little Ais y Relleno

Bell estaba en pleno combate en el Dungeon, enfrentándose a un grupo de War Shadows con su increíblemente poderosa y totalmente respetada magia de pistola de aire.

"¡Pew! ¡Pew!" gritó mientras disparaba ráfagas de aire comprimido.

Los War Shadows no parecían impresionados. Uno de ellos incluso sacó un cartel que decía "¿En serio?" antes de ser volatilizado por un disparo particularmente bien colocado.

Bell sonrió, orgulloso de sí mismo. "¡Estoy mejorando!"

Bell siguió avanzando, sintiéndose bastante satisfecho con su desempeño. Sin embargo, su caminata se detuvo cuando notó algo extraño en el suelo del Dungeon: una ocarina azul con un diseño elegante.

Se inclinó para recogerla, observándola con curiosidad. "¿Alguien perdió esto…? Pero, ¿quién traería un instrumento musical al Dungeon?"

Le dio algunas vueltas en la mano. No parecía rota ni dañada. De hecho, parecía brillar un poco con la luz de los cristales.

"Bueno… tal vez debería llevarla al Gremio. Seguro alguien la está buscando."

Pero la tentación era fuerte. Nunca había tocado una ocarina antes, pero tampoco tenía muchas oportunidades de probar instrumentos musicales.

"Tal vez… solo un poco."

Llevó la ocarina a sus labios y sopló suavemente.

Bell se sobresaltó al ver cómo la realidad a su alrededor comenzaba a distorsionarse. El suelo del Dungeon se ondulaba como si fuera agua, las paredes temblaban, y de repente, un destello de luz lo envolvió por completo.

Cuando sus ojos se acostumbraron a la nueva iluminación, ya no estaba en el Dungeon. Frente a él se extendía un denso bosque, con árboles enormes y una brisa fresca que contrastaba con el aire viciado del subterráneo.

Bell parpadeó varias veces, tratando de procesar lo que acababa de pasar.

"¿Q-qué…? ¿Dónde estoy?"

Miró a su alrededor, pero no había rastro de la mazmorra, ni del camino que había estado siguiendo. Solo árboles, césped y el sonido de aves cantando en la distancia.

Su corazón comenzó a latir más rápido.

"¡¿Qué pasó?! ¡Solo toqué la ocarina por un segundo y…!"

Se llevó la mano a la cabeza, sintiendo el sudor frío recorrer su espalda. No sabía dónde estaba, cómo había llegado ahí o cómo volver.

"Esto no puede estar pasando…" murmuró, apretando la ocarina en su mano.

Bell comenzó a caminar por el bosque, tratando de orientarse. Miró a su alrededor, esperando encontrar algún punto de referencia, pero todo lo que veía eran árboles gigantes y maleza espesa.

"Bueno… al menos no hay monstruos" murmuró, intentando mantenerse optimista.

Cada paso que daba, el crujido de las hojas secas bajo sus botas le recordaba lo surrealista de la situación. ¿Cómo había pasado de explorar el Dungeon a estar en un bosque que no reconocía en absoluto?

"Tal vez esto es una ilusión… o un piso oculto del Dungeon" pensó en voz alta.

Pero cuanto más avanzaba, más se daba cuenta de que este lugar no tenía nada en común con la mazmorra. No había ni rastro de cristales de luz en las paredes, ni la sensación opresiva de estar bajo tierra.

Siguió caminando, sin rumbo fijo, hasta que llegó a un pequeño claro. Se detuvo para observar mejor.

"Si hay un bosque, debe haber personas en algún lado, ¿cierto?"

Decidido a encontrar respuestas, continuó su camino, esperando que esta extraña aventura no terminara de la peor manera.

Justo cuando Bell iba a dar otro paso…

PLOP

Algo cayó sobre su cabeza con un sonido húmedo y pegajoso.

"… ¿Eh?"

Se quedó congelado por un momento. Luego, lentamente, con una expresión de horror creciente, levantó la mano y tocó la sustancia caliente y viscosa que ahora goteaba por su cabello y su cara.

Miró su mano. Era marrón.

Bell abrió la boca para gritar, pero en su lugar solo salió un sonido ahogado de puro asco.

"¡¿QUÉ DEMONIOS?!"

Sacudió la cabeza frenéticamente, tratando de quitarse lo que fuera que le había caído encima, pero solo logró esparcirlo más. Luego miró hacia arriba, temiendo lo peor…

Y allí, en la rama de un árbol, vio una gran lechuza blanca mirándolo fijamente.

"… No puede ser."

La lechuza giró la cabeza 180 grados con una calma absoluta, como si no hubiera hecho nada malo.

"¿T-Tú hiciste esto…?" balbuceó Bell.

La lechuza parpadeó lentamente. Luego, sin ninguna prisa, abrió sus alas y echó a volar, dejando atrás a un Bell traumatizado y oliendo a… bueno, lo que sea que fuera eso.

Bell cayó de rodillas, con la mirada perdida.

"… Esto tiene que ser una pesadilla."

Bell, aún en estado de shock por su encuentro con la lechuza malvada, avanzó tambaleándose por el bosque, tratando de encontrar alguna señal de civilización… o al menos un río donde pudiera lavarse.

Pero entonces, en medio de un claro, la vio.

Una niña, sentada en el suelo con las rodillas abrazadas a su pecho.

Tenía el cabello dorado y lacio, y vestía un simple vestido blanco. A pesar de la oscuridad del bosque, su presencia parecía brillar levemente.

Bell se detuvo de golpe.

"… ¿Eh?"

La niña levantó la cabeza y lo miró con unos ojos dorados e inexpresivos.

Bell sintió un escalofrío.

"E-Esto… ¿estás perdida?" preguntó con cautela, limpiándose la cara con la manga (aunque solo logró embarrarse más).

La niña parpadeó lentamente.

"… No."

"… Oh."

Bell miró a su alrededor. No había nadie más.

"Entonces… ¿qué haces aquí sola?"

La niña ladeó la cabeza, como si estuviera evaluándolo.

"… Estoy esperando."

Bell tragó saliva.

"… ¿Esperando qué?"

La niña no respondió de inmediato. Se quedó mirándolo fijamente durante un largo y tenso momento. Luego, finalmente, dijo en un tono suave y tranquilo:

"… A mis padres."

Bell sintió un escalofrío aún mayor.

"… O-Oye, no me mires así…"

La niña siguió observándolo fijamente, sin parpadear.

Luego, en el mismo tono suave y tranquilo, preguntó:

"¿Por qué tienes caca en el cabello?"

Bell sintió como su alma abandonaba su cuerpo.

"¡¡No es lo que parece!!" gritó de inmediato, agitando las manos con desesperación.

La niña ladeó la cabeza de nuevo, aún inexpresiva.

"Parece que tienes caca en el cabello."

"¡No es mi culpa! ¡Me cayó de la nada! ¡Había una lechuza malvada!"

La niña pestañeó.

"¿Una lechuza… malvada?"

Bell asintió frenéticamente.

"¡Sí! Era enorme, tenía ojos aterradores y me miró con odio puro antes de… de…"

Bell se detuvo al ver que la niña simplemente seguía observándolo en silencio.

"… No me crees, ¿verdad?"

Ella negó con la cabeza lentamente.

Bell sintió que quería enterrarse ahí mismo.

La niña siguió mirándolo en completo silencio, con la cabeza ligeramente inclinada.

Bell intentó recomponerse y sacó un pañuelo de su bolsillo, tratando de limpiarse el excremento con la dignidad que aún le quedaba.

"…Esto no está funcionando."

La niña asintió.

"¿Sabes dónde estamos?" preguntó Bell, cambiando de tema rápidamente.

La niña negó con la cabeza.

"Genial, entonces estamos perdidos…" murmuró Bell, soltando un suspiro.

Hubo un breve silencio, hasta que la niña levantó su pequeña mano y señaló algo detrás de él.

Bell se giró y…

¡Una lechuza gigantesca estaba posada en una rama, mirándolo fijamente con ojos llenos de puro desprecio!

Bell sintió un escalofrío recorrer su espalda.

"…¿Ves? ¡Te dije que era real!"

La lechuza parpadeó lentamente, infló el pecho y, sin previo aviso, soltó otro proyectil de excremento directamente hacia él.

Bell reaccionó con puro instinto.

"¡¡NO OTRA VEZ!!" gritó mientras esquivaba en el último segundo.

El proyectil impactó el suelo, dejando una marca humeante.

La niña miró la escena sin cambiar su expresión.

"Es una lechuza muy precisa."

Bell solo pudo soltar un gemido de frustración mientras la lechuza lo miraba con superioridad, como si estuviera disfrutando de su sufrimiento.

"Eres raro."

Bell sintió que su alma abandonaba su cuerpo por un momento.

Primero, había sido atacado por una lechuza con una puntería impecable. Luego, había terminado cubierto de excremento. Y ahora… ahora lo acababan de destrozar con un comentario casual de una niña.

"…¿P-por qué?"

La pequeña Ais inclinó la cabeza, como si realmente no entendiera por qué le afectaba tanto.

"Te cayó caca en la cabeza y no lloraste. Raro."

Bell sintió otra puñalada en su orgullo.

"L-la gente normal no llora por eso…"

La niña asintió lentamente.

"Entonces eres raro y fuerte."

Bell parpadeó.

"…¿Eso es un cumplido o una ofensa?"

Pero la pequeña Ais ya no estaba prestándole atención. En cambio, miraba fijamente la ocarina que Bell aún tenía en la mano.

"¿Eso qué hace?" preguntó, señalándola.

Bell sintió un escalofrío.

"P-por lo que sé… distorsiona la realidad."

Ais parpadeó.

"Úsala."

Bell entró en pánico.

"¡¿Qué?! ¡No! ¿Y si me teletransporta a otro lugar raro o me cae más caca encima?"

Ais inclinó la cabeza otra vez.

"Entonces te harías más fuerte."

Bell se quedó sin palabras.

Bell miró la ocarina en sus manos con una mezcla de ansiedad y esperanza.

Si tocarla lo había traído hasta aquí… ¿quizás volver a tocarla lo devolvería?

No tenía muchas opciones.

Con un suspiro, se llevó el instrumento a los labios y sopló una nota.

La realidad se distorsionó una vez más.

Cuando abrió los ojos, el familiar ambiente del dungeon lo rodeaba.

"¡Funcionó!" exclamó, sintiendo un alivio inmediato.

Suspiró con una sonrisa. Al menos ahora estaba de vuelta en un lugar conocido.

Pero entonces.

"¿Dónde estamos?"

El alma de Bell casi abandonó su cuerpo cuando escuchó una pequeña voz detrás de él.

Se giró lentamente, con una expresión de absoluto terror.

Ahí estaba.

Ais.

Versión miniatura.

Bell abrió la boca, pero no salió sonido alguno.

Ais lo miró con su misma expresión y parpadeó.

"…Este lugar es feo."

Bell quería gritar.

Bell respiró hondo, intentando mantener la calma.

"Niña… este es un lugar peligroso, no deberíamos estar aquí."

La pequeña Ais inclinó la cabeza, mirándolo con curiosidad.

"¿Peligroso?"

"Sí, hay monstruos por todas partes. Tenemos que salir de aquí antes de que—"

Un rugido resonó en la distancia.

Bell palideció.

Ais, por otro lado, se emocionó.

"¿Monstruos?" Sus ojos brillaron con entusiasmo. "¡Quiero pelear contra ellos! ¡Como mi papá!"

Bell se cubrió el rostro con ambas manos.

"¡No, no, no! ¡No vinimos aquí a pelear, tenemos que salir de aquí antes de que algo pase!"

Ais infló las mejillas con molestia.

"Eres aburrido."

Bell sintió que su corazón se partía en dos.

Bell no se lo pensó dos veces.

"¡Lo siento, pero no podemos quedarnos aquí!"

Antes de que la pequeña Ais pudiera protestar, Bell la cargó en sus brazos y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

"¡Oye! ¡Bájame! ¡Quiero pelear!"

"¡No hasta que estemos a salvo!"

Ais pataleaba y se retorcía en sus brazos, pero Bell se aferró con más fuerza mientras esquivaba monstruos y corría a toda velocidad hacia la salida del dungeon.

Mientras tanto, la pequeña Ais no dejaba de quejarse.

"¡Eres un cobarde!"

Bell sintió que su orgullo recibía otro golpe crítico, pero no tenía tiempo para lamentarse.

"¡Prefiero ser un cobarde que dejar que una niña pelee contra monstruos gigantes!"

Ais infló las mejillas de nuevo.

"¡Podría derrotarlos a todos!"

Bell soltó un suspiro exasperado, pero siguió corriendo sin detenerse. ¡Solo quería salir de ahí antes de que algo peor pasara!

Bell se congeló en seco al ver a la Familia Loki justo en la entrada del Dungeon.

"¿Qué hacen ellos aquí justo ahora…?" murmuró para sí mismo, mientras su cara se llenaba de sudor frío.

El ambiente se tornó tenso al instante.

La Familia Loki observaba a Bell con una mezcla de confusión y cautela. Después de todo, ante sus ojos, solo veían a un aventurero desconocido cargando a una niña que, para su sorpresa, se parecía demasiado a Ais.

Finn dio un paso adelante, su mirada analizando la situación con seriedad.

"¿Quién eres y por qué llevas a esa niña contigo?" preguntó con un tono firme, preparado para cualquier respuesta.

Bell sintió cómo su garganta se secaba. ¿Cómo se suponía que debía explicar esto sin sonar como un lunático?

"E-esto no es lo que parece…"

Bete chasqueó la lengua. "Eso dicen todos los sospechosos."

Riveria, por su parte, fijó su mirada en la pequeña Ais. Sus rasgos… eran inquietantemente similares a los de su compañera. Demasiado similares.

La niña Ais solo parpadeó, mirando a la Ais adulta con evidente curiosidad.

"Te pareces a mí."

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Finn, Riveria y Bete se tensaron al instante. Ais misma no reaccionó de inmediato, pero sus ojos dorados se fijaron en la niña con intensidad.

"…Explícate," ordenó Finn, con un tono que dejó claro que no aceptaría evasivas.

Bell solo tenía una idea en mente.

Correr tal vez sea la mejor opción.

Ais estaba completamente inmóvil, sus ojos dorados fijos en la niña frente a ella. Su mente intentaba encontrar una explicación lógica, pero todo lo que se le ocurría era… absurdo.

Una versión más joven de ella misma.

No, no podía ser. Era demasiado surreal.

La posibilidad de un clon tenía más sentido. O tal vez una hermana perdida, aunque no recordaba haber tenido una.

Pero la pequeña Ais simplemente ladeó la cabeza, mirándola con la misma curiosidad con la que uno miraría a su reflejo en el agua.

"Eres grande," dijo la niña, pestañeando varias veces.

Ais no respondió.

Finn, mientras tanto, había notado su reacción y supo que esto iba más allá de una simple coincidencia.

"Entonces…," dijo, fijando su mirada en él. "Nos vas a explicar esto o vamos a tener problemas."

Bell tragó saliva.

Definitivamente debería haber corrido cuando tuvo la oportunidad.

Bell suspiró, sintiendo el peso de todas las miradas sobre él. Finn, Gareth, Riveria y el resto de la Familia Loki lo miraban fijamente, mientras Ais (adulta) todavía no apartaba la vista de su versión infantil.

"…Bueno, todo comenzó cuando encontré una ocarina en el dungeon."

El solo inicio de su explicación ya hizo que varios en la familia Loki pusieran cara de incredulidad.

"¿Una ocarina?" preguntó Bete con escepticismo. "¿Y qué? ¿Te pusiste a tocar canciones en medio de un lugar lleno de monstruos?"

"¡N-no es como si lo hiciera por diversión!" se defendió Bell. "Era extraña, estaba tirada en el suelo… y cuando la toqué, todo a mi alrededor se distorsionó. Lo siguiente que supe fue que estaba en un bosque."

Finn cruzó los brazos, analizando la información. "Un bosque. ¿Cómo era?"

"Tenía árboles grandes, el aire era fresco… No parecía estar cerca de Orario. Y entonces…" Bell miró a la niña que seguía abrazada a él. "Me encontré con ella."

La pequeña Ais simplemente lo miró con inocencia antes de volver su atención a la Ais adulta, todavía maravillada de ver una versión mayor de sí misma.

"Luego pensé que si tocar la ocarina me llevó ahí, quizás volver a tocarla me devolvería al dungeon. Y… así fue."

Hubo un breve silencio.

"…Y trajiste a la niña contigo," concluyó Riveria.

Bell asintió con una sonrisa nerviosa.

Otra pausa.

La Familia Loki se miró entre sí, intercambiando expresiones entre la confusión, el desconcierto y la resignación.

Y finalmente, todos llegaron a la misma conclusión.

"El Autor," dijeron al unísono.

Bell parpadeó. "¿Q-qué?"

Finn suspiró. "Este tipo de cosas… no pasan normalmente."

"No en Orario, por lo menos… no hasta recientemente" agregó Riveria, con el ceño fruncido.

"Solo hay una respuesta lógica," dijo Gareth, acariciando su barba. "Ese sujeto lo hizo."

Bete se cruzó de brazos con una expresión molesta. "Maldito Autor… ¿Ahora qué está intentando? ¿Hacernos un rompecabezas con Ais en diferentes edades o qué?"

Lefiya estaba demasiado ocupada mirando alternativamente entre la Ais niña y la Ais adulta, su cerebro colapsando (de nuevo) por la situación.

Mientras tanto, la Ais adulta finalmente habló. "Tú… ¿cómo te llamas?"

La pequeña Ais pestañeó. "Ais."

Todos sintieron un pequeño escalofrío de lo surreal que era ver a Ais hablando con su versión infantil.

Finn suspiró otra vez. "Bien… si el Autor está detrás de esto, lo mejor que podemos hacer es prepararnos para cualquier cosa. Y averiguar qué hacer con… esta situación."

Bell solo quería irse a casa y fingir que nada de esto había pasado.

Bell bajó lentamente a la pequeña Ais al suelo, sintiendo que su cerebro todavía intentaba procesar todo lo que estaba ocurriendo.

La Ais adulta, sin decir nada, dio un paso adelante y se agachó hasta quedar a la altura de su versión infantil. Mirándola fijamente, con cierta vacilación, al final decidió hacer lo más natural en esa situación: la tomó en brazos con cuidado, como si tuviera miedo de que desapareciera en cualquier momento.

La pequeña Ais observó con curiosidad el rostro de la Ais adulta. Luego, con una sonrisa inocente, dejó escapar algo que hizo que todos se quedaran en silencio.

"Te pareces a mamá."

Ais sintió que su corazón se detenía por un instante.

La familia Loki también quedó en shock. Finn, Gareth y Riveria se miraron entre sí con expresiones de sorpresa. Lefiya tenía la boca ligeramente abierta, sin saber qué decir. Bete parpadeó, incómodo.

Ais no dijo nada al principio. Sus ojos, usualmente inexpresivos, mostraban un brillo diferente. Uno de profunda emoción contenida.

Si esta niña era realmente ella en el pasado…

Significaba que en su línea de tiempo, su padre aún estaba vivo y su madre… era libre…

Que todavía no los había perdido.

Que aún no había sentido ese dolor.

Una sensación extraña se asentó en su pecho. No era tristeza exactamente… ni alegría. Era algo más complicado.

La pequeña Ais inclinó la cabeza. "¿Estás bien?"

Ais parpadeó y, por primera vez en mucho tiempo, forzó una pequeña sonrisa.

"Sí… estoy bien."

El resto de la Familia Loki se mantuvo en silencio mientras observaba la escena. Era extraño ver a Ais, alguien que usualmente mostraba tan pocas emociones, con una expresión tan… suave.

Finn fue el primero en reaccionar, cruzándose de brazos con una mirada analítica. "Entonces… ¿tenemos aquí a una versión más joven de Ais, traída por una ocarina mágica en el Dungeon?"

Bell asintió rápidamente. "¡Sí! Fue un accidente, lo juro. Solo la toqué y—"

"No importa," lo interrumpió Finn con un suspiro. "Lo que importa es qué vamos a hacer con esto."

Lefiya, aún en shock, miraba a la pequeña Ais con ojos brillantes. "Es tan adorable…" murmuró, resistiendo la tentación de abrazarla.

Riveria, por su parte, se frotó la sien, como si ya sintiera un dolor de cabeza inminente. "Debemos averiguar cómo devolver a la niña a su época original antes de que esto cause problemas en la línea temporal… si es que realmente es un viaje en el tiempo."

Finn asintió. "Y hasta entonces, será nuestra responsabilidad cuidar de ella."

La pequeña Ais inclinó la cabeza. "¿Eso significa que puedo quedarme con ustedes?"

Ais adulta miró a Finn, quien asintió con una leve sonrisa.

"Sí. Nos aseguraremos de que estés bien."

La niña sonrió ampliamente y apoyó su cabeza contra el pecho de Ais adulta, quien la sostuvo con un cuidado casi instintivo.

Bell, mientras tanto, dejó escapar un suspiro de alivio. Al menos ahora la pequeña Ais estaba en buenas manos.

"Por cierto…" dijo Finn "¿Por qué tienes excremento en el cabello?"

Bell solo se quedó callado muriendo por dentro.

El autor estaba recostado tranquilamente en la hierba mientras Haruhime se aferraba a su brazo, mirando nerviosamente a su alrededor.

"¿P-por qué hay plantas con caras…?" susurró Haruhime, con sus orejas de zorro temblando.

"Ah, sí, este es un jardín flotante," respondió el Autor con orgullo. "Decidí decorarlo con algunas especies exóticas. No te preocupes, son inofensivas… en su mayoría."

Haruhime tragó saliva cuando una planta cercana, de tallo grueso y con una gran mandíbula, chasqueó sus "dientes" al aire.

"¡E-esa cosa intentó morderme!"

"Ah, esa es una Chomp. Se emociona fácil," explicó el Autor, como si fuera lo más normal del mundo.

Haruhime retrocedió al ver otra planta que parecía un girasol con una gran y amigable sonrisa.

"Esa es una Girasol, da energía solar," comentó el Autor mientras le daba una palmadita. "No tengo idea de cómo funciona, pero me da electricidad gratis."

Más adelante, Haruhime vio una planta con una gran mazorca que lanzaba granos como si fueran proyectiles.

"Maíz Destructor. Bueno para el entretenimiento y excelente para palomitas."

Luego, notó una planta con forma de seta que parecía estar dormida.

"Seta Hipnótica. Si la comes, te hace ver cosas raras. No preguntes cómo lo sé."

Finalmente, Haruhime se congeló al ver una planta que parecía un pimiento blanco con ojos furiosos.

"¿Y-esa…?"

"Chile Fantasma. Explota cuando se enoja. No le hables mal."

Haruhime ya no sabía si estaba soñando o si simplemente su vida se había vuelto increíblemente surrealista desde que conoció al Autor.

"…P-por favor, dime que al menos ninguna de ellas come carne."

El Autor sonrió misteriosamente. "Depende de cómo las alimentes."

Haruhime retrocedió nerviosa, sintiéndose rodeada por las extrañas plantas vivientes.

"No me mires así…" murmuró, apartando la vista del Chile Fantasma, que parecía estar observándola con un ceño fruncido vegetal.

Intentando mantener la compostura, Haruhime dio un paso atrás… y tropezó con algo.

"¡Kyaaa!"

Intentó agarrarse de lo que fuera, pero solo logró sujetar una maceta.

Una maceta con una planta adentro.

Una planta que ahora caía en cámara lenta hacia el borde del jardín flotante.

Haruhime extendió la mano con pánico, pero era demasiado tarde.

La maceta pasó por el borde.

El autor y Haruhime se quedaron viendo el punto donde había desaparecido.

Luego se miraron el uno al otro.

Luego volvieron a mirar el borde.

Luego se miraron otra vez.

"¿Qué era esa planta…?" preguntó Haruhime con un hilo de voz.

El autor parpadeó y chasqueó los dedos.

"Oh. Era un Lanzaguisantes Gigante."

Haruhime tragó saliva.

"Y… ¿qué hace un Lanzaguisantes Gigante…?"

"Bueno, es como un Lanzaguisantes normal, pero sus guisantes son del tamaño de una sandía y pueden atravesar varias cosas antes de detenerse."

Haruhime palideció.

"…Señor Autor… creo que acabo de cometer un grave error…"

Justo en ese momento, desde Orario, se escuchó un estruendoso BOOM seguido de gritos confusos.

El autor y Haruhime miraron hacia abajo.

Una nube de polvo se elevaba en la distancia.

Y entonces…

"¡¿QUIÉN DIABLOS ME DISPARÓ UN GUISANTE GIGANTE EN LA CARA?!"

Haruhime casi se desmaya.

El autor, en cambio, sonrió ampliamente.

"Bueno, si eso no es entretenimiento gratuito, no sé qué lo sea."

Haruhime se estremeció al escuchar el alboroto proveniente de abajo. Se acercó con cautela al borde del jardín flotante y miró hacia Orario.

Lo primero que vio fue una nube de polvo en una de las calles principales. Varias personas estaban corriendo en círculos, otras miraban al cielo con confusión y algunas estaban señalando algo en el suelo.

Haruhime afinó la vista.

Había un enorme cráter en el suelo.

Justo en el centro del cráter…

…estaba la planta que había tirado.

La maceta se había roto, pero el Lanzaguisantes Gigante estaba allí, de pie, con su tallo flexible agitándose ligeramente.

Y entonces, sin previo aviso…

"¡PONK!"

La planta escupió un guisante gigante.

El proyectil salió disparado como una catapulta en llamas y atravesó un puesto de frutas.

"¡MIS MANZANAS!" gritó un mercader.

El guisante siguió su curso, rebotando en el techo de una casa y desviándose hacia otra dirección.

Haruhime siguió su trayectoria con horror.

"¡BOOM!"

El guisante impactó contra una de las torres de la muralla de Orario. No la destruyó, pero dejó una gran marca y un guardia cayó de su puesto por la sorpresa.

"…"

El autor, que estaba de brazos cruzados, asintió con aprobación.

"Sí, definitivamente vale la pena quedarse a ver esto."

Haruhime se agarró la cabeza.

"¡Señor Autor, esto es un desastre! ¡¿Qué hacemos?!"

"Bueno," el autor se encogió de hombros, "yo voy a disfrutar el espectáculo. Tú… puedes hacer lo que quieras."

Haruhime volvió a mirar abajo.

El Lanzaguisantes Gigante disparó otro proyectil.

"¡PONK!"

Esta vez, el guisante salió disparado en dirección a la Torre de Babel.

"…"

Haruhime cerró los ojos con desesperación.

"Creo que me voy a desmayar…"

El autor suspiró y cruzó los brazos mientras miraba directamente a la nada.

"Bueno, la verdad es que este capítulo estuvo más aburrido de lo usual. Quiero decir, sí, lanzamos una planta asesina a Orario y ahora están siendo bombardeados con guisantes gigantes, pero… no sé, faltó ese toque especial."

Haruhime, que seguía al borde del jardín flotante viendo el caos abajo, parpadeó confundida.

"Señor Autor… ¿con quién está hablando?"

El autor agitó una mano.

"Con los lectores, obviamente. Hay que mantenerlos entretenidos. No puedo permitir que se aburran, si no…"

Hizo una pausa dramática, mirando al horizonte.

Haruhime inclinó la cabeza.

"¿Si no… qué?"

El autor la miró con seriedad.

"Si se aburren, dejarán de leer."

Haruhime llevó una mano a su boca, horrorizada.

"¡Eso sería terrible!"

"Exacto," asintió el autor. "Así que… ¿cómo podríamos mejorar esto?"

Ambos se quedaron en silencio por unos segundos, observando la escena de abajo.

El Lanzaguisantes Gigante acababa de derribar un carro con su último disparo. La gente gritaba y corría en todas direcciones.

Haruhime miró al autor, preocupada.

"¿Q-quizás podríamos… ayudar a la gente?"

El autor la miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.

"¿Ayudar?"

Haruhime asintió.

"Sí… eso haría que la situación sea más interesante, ¿no?"

El autor chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

"Nah. Mejor aumentemos el caos."

Y con una sonrisa traviesa, extendió la mano.

Haruhime abrió los ojos con terror.

"¡Espere, Señor Autor, no—!"

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