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Chapter 9 - Capítulo 9: El Caballero de la Noche y el Trauma Colectivo de la Familia Loki

El piso 18 de la mazmorra, el infame "Rivira", un paraíso en medio del infierno subterráneo. Un lugar donde los aventureros podían descansar, reabastecerse y prepararse para enfrentar los peligros que acechaban en los niveles inferiores. También era, en este preciso momento, el escenario de una escena que nadie podría haber anticipado.

El autor estaba ahí, relajado, recostado en una hamaca que no existía hace unos minutos. No tenía sentido preguntar de dónde la había sacado. Simplemente apareció.

Una bebida con una sombrilla decorativa flotaba a su lado, sostenida en el aire como si la gravedad hubiese decidido tomarse un descanso.

"Ahh… Esto es vida."

Cerró los ojos, disfrutando de la brisa artificial que soplaba en el piso 18. Mientras tanto, los aventureros que pasaban por ahí se detenían para mirarlo con una mezcla de confusión, incredulidad y envidia.

El autor abrió un ojo y frunció el ceño.

Había algo raro en el ambiente. No en el sentido de "la mazmorra es peligrosa y está llena de monstruos", sino más bien en el sentido de "hay alguien pasándola muy mal y yo no estoy viendo el espectáculo".

Se sentó en la hamaca y dejó que la bebida flotante se esfumara en el aire.

"Interesante…" murmuró, poniéndose de pie.

Dio un par de pasos y, guiado por ese peculiar sentido para detectar caos y sufrimiento, terminó frente a una pared aparentemente normal.

Golpeó la piedra con los nudillos.

"… ¿Hola? ¿Alguien ahí?"

Silencio.

El autor chasqueó los dedos.

Una sección de la pared se desvaneció como si nunca hubiera estado ahí, revelando un pasaje oculto que descendía en la oscuridad.

Sonrió.

"Bueno, bueno… ¿Y qué tenemos aquí?"

Sin dudarlo ni un segundo, se metió dentro.

El autor caminó por el pasillo en total silencio, aunque para ser justos, incluso si hubiera estado haciendo malabares con explosivos mientras cantaba ópera, nadie lo habría notado.

Estaba completamente invisible.

Avanzó sin prisas, observando a su alrededor con curiosidad. Las paredes eran toscas, apenas iluminadas por antorchas, y el ambiente tenía ese inconfundible hedor a bajeza humana mezclada con falta de higiene.

Pronto llegó a una zona más amplia, llena de jaulas de hierro.

Dentro de ellas…

El autor entrecerró los ojos.

Monstruos.

No simples bestias salvajes del Dungeon, sino monstruos con rasgos humanoides, con ojos llenos de miedo y desesperación.

Era una base de la Familia Ikelos.

"El clásico tráfico de monstruos inteligentes… Qué original," pensó con sarcasmo.

Se cruzó de brazos mientras evaluaba la situación. Los aventureros de Ikelos estaban cerca, algunos vigilando, otros conversando y riéndose como si no estuvieran cometiendo crímenes atroces.

El autor suspiró.

"Bueno… Esto se puso interesante."

Era hora de divertirse un rato.

El autor sonrió mientras miraba la escena desde el techo de la base. ¿Cuando llego ahí? Ni idea.

El sigilo… la caza… el miedo.

Era momento de darles un poco de su propia medicina.

Así que, con un chasquido de dedos, su atuendo cambió. Ahora vestía un traje negro con una capa larga y orejas puntiagudas. Sí, era hora de ponerse en modo Batman.

Sin hacer ruido, se deslizó entre las sombras, observando a los aventureros que custodiaban las jaulas. Eran un grupo de tipos duros y desagradables, armados hasta los dientes, riéndose y charlando como si no tuvieran una preocupación en el mundo.

Perfecto.

Uno de ellos, un hombre fornido con una cicatriz en la cara, se alejó un poco del grupo para estirarse.

En ese momento, el autor descendió en completo silencio, cayendo justo detrás de él.

El tipo sintió algo raro y se giró, pero no había nada ahí.

"¿Qué…?"

Antes de que pudiera reaccionar, una mano surgió de las sombras y lo jaló hacia arriba. Ni siquiera tuvo tiempo de gritar.

El resto de los aventureros siguieron charlando sin darse cuenta de que su compañero había desaparecido.

Uno de ellos, un tipo con una antorcha, frunció el ceño.

"¿Dónde está Krag?"

"Seguramente fue a mear, como siempre."

"Tsk, qué molesto."

Segundos después, otra silueta cayó desde el techo, agarrando a otro aventurero y desapareciendo entre las sombras.

El grupo comenzó a inquietarse.

"Oye…"

"¿Qué pasa?"

"Algo no está bien."

Uno de los aventureros se separó del grupo, mirando a su alrededor con nerviosismo. Entonces, de la nada, el sonido de un murmullo siniestro le heló la sangre.

"Soy la venganza…"

El tipo sintió un escalofrío recorrer su espalda.

"¿Qué… qué demonios fue eso?"

De repente, un batarang salió disparado de la oscuridad y apagó la antorcha más cercana.

Ahora la base estaba aún más oscura.

Los aventureros sacaron sus armas, poniéndose espalda con espalda.

"¡Muéstrate, bastardo!"

Otro batarang voló, cortando la cuerda de una lámpara de aceite. La luz se extinguió.

Uno a uno, los aventureros fueron desapareciendo en la oscuridad, jalados hacia arriba, cayendo en trampas improvisadas o simplemente perdiendo el conocimiento con un golpe bien colocado.

El último de ellos, un hombre de complexión media con una ballesta, estaba temblando.

"¿Qué eres…?"

El autor apareció detrás de él, su silueta apenas visible en la penumbra.

"Soy el autor."

Y con un golpe rápido en la nuca, el aventurero cayó inconsciente.

La base estaba en completo silencio ahora.

El autor se irguió, su capa ondeando dramáticamente detrás de él mientras observaba las jaulas.

Los monstruos inteligentes dentro de ellas lo miraban con asombro y confusión.

El autor miró a su alrededor, satisfecho con su trabajo. Los aventureros estaban fuera de combate, y la base secreta de la Familia Ikelos estaba ahora en completo silencio.

Era momento de liberar a los prisioneros.

Se acercó a la primera jaula, donde un lobo negro con ojos dorados lo observaba con cautela. Aunque su apariencia era completamente la de un monstruo, había algo en su mirada que lo diferenciaba de los demás: comprensión, miedo… y esperanza.

El autor chasqueó los dedos, y la cerradura se deshizo como si nunca hubiera existido. La puerta de la jaula se abrió lentamente.

El lobo dudó por un momento antes de dar un paso fuera.

Los otros monstruos observaron con incredulidad mientras el autor repetía el proceso con cada una de las jaulas.

Un hombre lagarto de escamas azules gruñó, pero no de manera hostil, sino con algo que parecía… gratitud.

Una arpía con plumas rojas extendió sus alas, sintiendo la libertad por primera vez en quién sabe cuánto tiempo.

Un duende miró al autor con sospecha, pero al ver que realmente los estaba dejando ir, solo asintió con la cabeza en un gesto de respeto.

Uno a uno, los monstruos inteligentes salieron de sus jaulas, algunos aún desconfiados, otros incrédulos.

"¿Quién eres?" preguntó finalmente el lobo negro.

El autor se cruzó de brazos, su capa ondeando con dramatismo.

"Soy el que decidió que esta historia necesitaba algo de justicia."

Los monstruos intercambiaron miradas.

La arpía inclinó la cabeza. "¿Y qué quieres a cambio?"

El autor sonrió. "Nada. Pero si quieren hacer algo por mí… entonces sigan adelante. Sean libres."

Hubo un momento de silencio, y luego, sin más palabras, los monstruos empezaron a moverse. Algunos corrieron, otros volaron, otros simplemente caminaron con precaución. Pero todos se dirigieron hacia la salida secreta de la base, escapando hacia el la Mazmorra.

El autor los vio marcharse, con una sonrisa satisfecha en el rostro.

Ahora solo quedaba una cosa por hacer.

Se giró hacia los aventureros inconscientes y sacó un frasco de pintura roja.

Sí… era hora de dejar su firma.

El autor se tomó su tiempo, asegurándose de que cada mercenario estuviera bien pintado. No era solo cuestión de dibujar narices rojas y bocas sonrientes, no. Se trataba de arte. De dedicación.

Uno a uno, los aventureros inconscientes fueron transformados en payasos grotescos, con sonrisas torcidas y cejas arqueadas en una expresión de eterna estupidez.

Pero eso no era suficiente.

El autor los ató con precisión, usando una combinación de cadenas, cuerdas y pura creatividad. Sus cuerpos fueron posicionados cuidadosamente en la pared, formando un mensaje claro y conciso:

"Soy Batman."

Dio un paso atrás y admiró su trabajo.

"Perfecto."

Luego, sacó una cámara (¿de dónde la sacó? Nadie lo sabe) y tomó varias fotos. Una para la posteridad, otra para el gremio, y una última porque simplemente le hacía gracia.

Satisfecho, dejó una pequeña nota en el suelo que decía:

"Si vuelven a traficar monstruos, la próxima vez los convertiré en globos de fiesta."

Y con eso, desapareció en las sombras, como todo buen Batman haría.

Era una mañana tranquila en el gremio.

Eina y Misha, junto con el resto del personal, llegaron como de costumbre y abrieron las puertas para recibir a los aventureros que venían a reportar misiones, pedir información o simplemente molestar.

Todo parecía normal.

El bullicio habitual llenaba el lugar: discusiones sobre monstruos, cálculos de ganancias, quejas sobre la falta de pociones… lo de siempre.

Pero entonces, un aventurero levantó la vista, como si algo llamara su atención.

Y se quedó completamente congelado.

Su rostro pasó del desconcierto a la pura incredulidad, hasta que finalmente gritó, señalando con el dedo:

"¿¡QUÉ DEMONIOS ES ESO!?"

Todos en el gremio giraron la cabeza al mismo tiempo.

Y lo vieron.

Proyectada en la pared más grande del gremio, en una resolución impecable, estaba una imagen que nadie esperaba ver a primera hora de la mañana.

Ahí estaban, los aventureros de la Familia Ikelos.

Colgados como adornos navideños.

Pintarrajeados como payasos de feria.

Y, lo más impactante, acomodados de una forma tan precisa que sus cuerpos formaban la frase:

"SOY BATMAN."

Un silencio absoluto se apoderó del gremio.

Misha parpadeó.

Eina se llevó una mano a la cara.

Uno de los recepcionistas dejó caer sus papeles.

Un aventurero tosió incómodamente.

Y luego… el caos.

"¿¡ESO ES REAL!?"

"¡MIERDA, MIRA SUS CARAS! 

"¡¿QUIÉN HIZO ESTO?!"

"¡¿POR QUÉ DICE 'SOY BATMAN'?!"

Mientras todos entraban en pánico, Misha, que ya estaba acostumbrada a las cosas raras de Orario, solo suspiró y tomó un sorbo de su café.

Eina, por otro lado, ya tenía una teoría bastante sólida de quién era el culpable.

"… No puede ser…" murmuró, cerrando los ojos con resignación.

Pero sí, sí podía ser.

Y en lo más profundo del gremio, en su oficina, el dios Ouranos también vio la imagen proyectada en la pared.

No dijo nada.

Solo cerró los ojos.

Respiró hondo.

Y susurró con la voz de alguien que había visto demasiadas cosas en su larga vida inmortal:

"Él otra vez…"

En la sede de la Familia Loki, todo era bastante tranquilo… lo cual era raro, considerando que ahí vivían algunos de los aventureros más caóticos de Orario.

Finn estaba revisando unos informes, Riveria leía un libro, Bete se quejaba de algo irrelevante, Gareth tomaba una jarra de cerveza (porque sí, incluso a esa hora del día), y Ais estaba… bueno, existiendo.

Todo iba bien.

Hasta que la puerta de la sala se abrió de golpe.

"¡Hola, cómo están! ¡Familia vende humo!"

El silencio que siguió fue brutal.

Finn se quedó petrificado con la pluma en la mano.

Riveria, sin levantar la vista de su libro, apretó ligeramente los dedos, como si estuviera considerando lanzar un hechizo en ese mismo instante.

Bete giró la cabeza tan rápido que casi se le sale del cuello.

Ais parpadeó lentamente.

Y Gareth, el más sabio de todos, simplemente tomó un trago más de su cerveza.

El autor, por supuesto, estaba en la entrada con una sonrisa desvergonzada, como si no hubiera lanzado la frase más incendiaria posible nada más llegar.

Loki fue la primera en reaccionar.

"… ¿Qué acabas de decir, grandísimo imbécil?"

"Familia vende humo," repitió el autor, completamente tranquilo. "Pero con cariño, eh."

Loki lo fulminó con la mirada.

"¿Nos acabas de llamar estafadores en nuestra propia casa?"

"En mi defensa," dijo el autor, levantando un dedo, "tienen a Ais, que todo el mundo dice que es la mejor espadachina, pero nunca habla. A Finn, que es un líder increíble, pero mide metro y medio. A Riveria, que es la maga más fuerte de Orario, pero siempre tiene cara de que quiere estar en otro lado. A Bete, que se la pasa diciendo que es fuerte, pero tiene la personalidad de un perro rabioso. Y a Gareth… bueno, Gareth es genial."

Gareth alzó su jarra con aprobación.

Riveria cerró el libro con calma.

Bete ya estaba sacando espuma por la boca.

Finn suspiró, frotándose la sien.

Y Ais, en su infinita neutralidad, solo miró al autor con curiosidad.

"… ¿Qué es 'vende humo'?" preguntó.

El autor sonrió.

"Algo que los fanboys niegan, pero en el fondo saben que es verdad."

Fue ahí cuando Bete explotó.

"¡MALDITO HIJO DE—!"

Y el autor, sabiamente, decidió que era momento de correr.

El autor corría con total tranquilidad, como si no tuviera a un hombre lobo rabioso detrás de él intentando arrancarle la cabeza.

"En fin, Loki, ¿qué cuentas? ¿Todo bien en la familia vende humo?"

Loki, que caminaba a su lado sin ningún apuro, metió las manos en los bolsillos y lo miró con una ceja levantada.

"Si sigues llamándonos así, te voy a cobrar por cada palabra que digas."

"¿Me cobrarás con qué? ¿Con la reputación que les queda?"

"¡DÉJATE DE DECIR ESO, MALDITO ESTÚPIDO!" gritó Bete, lanzándose con un puñetazo cargado de furia.

El autor inclinó la cabeza levemente hacia un lado, esquivándolo sin siquiera interrumpir la conversación.

"Te veo algo tensa, Loki. ¿Problemas?"

Loki suspiró.

"Nada fuera de lo normal. El gremio nos está jodiendo con papeleo, Riveria está estresada, Finn sigue siendo bajito, Ais sigue sin expresar emociones, Gareth está bebiendo, y Bete sigue actuando como si gritándole a la gente se hiciera más fuerte."

"¡DÉJAME MATARLO, LOKI!"

"No."

Bete gruñó como un perro frustrado.

El autor sonrió, caminando (sí, ya ni corría) mientras Bete aún intentaba darle un golpe.

"Pues qué interesante. Deberías relajarte más, Loki. ¿Quieres una pizza?"

Loki lo miró con sospecha.

"¿Es una pizza normal o le hiciste algo raro?"

"¡Oye! ¿Cuándo he hecho algo raro con la comida?"

Loki lo miró fijamente.

El autor miró hacia otro lado.

"… Bueno, esa vez no cuenta."

Bete volvió a intentar atacarlo.

El autor simplemente le puso un pie en el camino y lo hizo tropezar, haciéndolo rodar por el suelo como un saco de papas.

Ais, que observaba todo con la misma expresión neutra de siempre, inclinó la cabeza.

"¿Por qué corres si podrías simplemente desaparecer?"

El autor le sonrió.

"Porque es divertido."

Loki suspiró.

"Oye, si quieres joder a alguien, ve con Freya. Seguro que le encanta verte hacer estas estupideces."

El autor chasqueó los dedos.

"¡Gran idea! Nos vemos, familia vende humo."

Y con eso, desapareció en el aire, dejando atrás a Bete, que se levantaba cubierto de polvo y con una furia asesina en los ojos.

Loki solo negó con la cabeza.

"Un día nos va a matar a todos de un infarto."

Justo cuando la familia Loki pensó que había recuperado algo de paz, el autor reapareció en medio de la sala con una gran sonrisa.

"Pensaron que se librarían de mí tan fácilmente, ¿eh? ¡Ja! Ilusos."

Loki suspiró pesadamente.

"¿Por qué vuelves?"

El autor se cruzó de brazos.

"Porque quería decirles algo importante… en los eventos futuros, no hacen nada."

Toda la familia Loki se quedó en silencio.

Finn entrecerró los ojos. "¿Cómo que 'no hacemos nada'?"

Riveria ajustó sus lentes con una expresión severa. "¿Acaso puedes ver el futuro?"

El autor sonrió.

"Soy el autor, obvio."

La sala quedó en un tenso silencio.

Bete dejó de gruñir.

Ais parpadeó lentamente.

Gareth se detuvo a medio trago con su jarra de cerveza.

Loki lo miró con una ceja levantada.

"Eso suena a que sabes cosas que nosotros no…"

El autor asintió con orgullo.

"Por supuesto. Ustedes están atrapados en la narrativa. Yo, en cambio, estoy por encima de ella."

Finn apoyó un codo en la mesa y entrelazó los dedos. "Si realmente puedes ver el futuro, entonces dime qué va a pasar."

El autor sacó un pergamino, se aclaró la garganta y comenzó a leer en voz alta.

"Capítulo X: La familia Loki mira desde lejos mientras otros hacen todo el trabajo."

Toda la familia Loki sintió una punzada en el orgullo.

"¡Eso es mentira!" protestó Bete.

"¿Ah, sí? No, de verdad no"

Finn frunció el ceño. 

El autor chasqueó los dedos.

"¡Ah, sí! ¿Seguro te refieres cuando fueron humillados por el espíritu corrupto?"

Ais parpadeó. "¿Espíritu corrupto?"

El autor sonrió. "Oh, cierto. Todavía no saben qué es eso. Solo digamos que no les fue muy bien… bueno, en realidad, les fue terrible. Ottar chad tuvo que ir a salvarlos"

Ais frunció el ceño, claramente interesada en el término.

Loki se cruzó de brazos. "Bah, ¿y qué más tienes?"

El autor levantó un dedo. "Veamos… en el futuro ataque de los Xenos, tampoco hacen nada."

Finn alzó una ceja. "¿Xenos?"

El autor agitó la mano. "Ya lo verán. Lo importante es que, cuando Orario necesitaba héroes, ustedes no hicieron nada y una familia diminuta como la familia Hestia tuvo que arreglárselas sola."

Toda la sala quedó en silencio.

Bete apretó los dientes. "Eso es una exageración. Seguramente había una razón."

"¡Oh, claro que sí! Y es la misma razón de siempre: o no tienen información y se quedan de brazos cruzados, o convenientemente sus miembros más fuertes están fuera de la ciudad cuando algo importante pasa."

La tensión en la sala aumentó.

Loki suspiró pesadamente. "Mierda… suena como algo que realmente haríamos."

El autor sonrió con malicia.

"Así que, ¿qué quieren hacer? ¿Seguir siendo irrelevantes o cambiar su destino?"

Ais miró al autor con seriedad.

"… Quiero saber más sobre ese espíritu corrupto."

El autor sonrió aún más.

"Oh, te va a encantar."

La familia Loki observó con confusión el extraño objeto rectangular que el autor sacó de la nada.

"¿Qué demonios es eso?" preguntó Bete, mirando la superficie negra con desconfianza.

"Una pantalla," respondió el autor con naturalidad.

Todos los aventureros intercambiaron miradas.

"… ¿Y qué es una pantalla?" preguntó Finn, arqueando una ceja.

"Ah, cierto, todavía no existen aquí," murmuró el autor. "Bueno, es básicamente una ventana mágica que muestra imágenes en movimiento."

Antes de que pudieran hacer más preguntas, la pantalla se encendió.

De inmediato, apareció un video… pero no uno de batallas épicas ni de profecías aterradoras.

Era un hombre haciendo ejercicio.

Pero no cualquier ejercicio.

Estaba entrenando específicamente las partes del cuerpo que se usaban para las posiciones en… bueno, ya saben

Silencio.

Todos miraron la pantalla con incredulidad mientras arriba del video aparecía un título en letras doradas brillantes:

"Bell y Bete entrenando para enfrentar a los clones de Ais creados por el espíritu corrupto."

El silencio se volvió ensordecedor.

Bete abrió la boca. Cerró la boca. La volvió a abrir. No salieron palabras.

Ais frunció el ceño, claramente confundida. "¿Clones míos?"

Riveria se llevó una mano a la cara. "Por favor… por favor dime que esto no es real."

Loki ya estaba rodando en el suelo de la risa.

Bete finalmente reaccionó. Señaló la pantalla con furia. "¡¿QUÉ DIABLOS ES ESTO?!"

El autor solo se encogió de hombros.

"Documentación histórica."

Bete parecía a punto de explotar. "¡¿CÓMO QUE DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA?!"

El autor señaló la pantalla con toda la calma del mundo. "Verás, en el futuro habrá un evento importante donde toda Orario tendrá que pelear contra clones de Ais creados por un espíritu corrupto—"

"¡¿QUÉ DIABLOS ES UN ESPÍRITU CORRUPTO?!" interrumpió Ais, con una intensidad poco común en ella.

El autor sonrió. "Oh, ya llegaremos a eso. Pero primero, enfoquémonos en lo verdaderamente importante."

Señaló la pantalla de nuevo, donde el hombre en el video ahora hacía una pose de sentadilla extraña con movimientos que parecían sacados de un manual prohibido de yoga infernal.

"Es un meme, no hay mas ciencia." 

Silencio absoluto.

Bete no podía decidir si gritarle o arrancarle la pantalla de las manos y estrellarla contra el suelo. "¡¿QUÉ DIABLOS SE SUPONE QUE ES ESTO?!"

Finn parpadeó. "Más importante aún… ¿por qué solo ellos dos?"

El autor suspiró dramáticamente. "Porque son los que están más interesados en Ais. Es cuestión de motivación."

Bete se quedó congelado un segundo antes de gruñir con furia. "¡CÓMO SI YO FUERA A ENTRENAR ASÍ POR ESA ESTÚPIDA RAZÓN!"

El autor lo miró con absoluta calma. "Dices eso ahora, pero espera a que la desesperación te golpee."

Ais miró la pantalla sin comprender del todo, mientras Riveria se masajeaba las sienas, claramente arrepintiéndose de seguir preguntando cosas.

Loki, por otro lado, se estaba riendo tanto que apenas podía respirar. "¡JAJAJA! ¡Esto es oro puro! ¡Dime que tienes más cosas así!"

El autor le guiñó un ojo. "Loki, querida, apenas estamos empezando."

Riveria cruzó los brazos, observando al autor con seriedad. "Dices que sabes todo esto porque puedes ver el futuro… pero, ¿de dónde exactamente sacas tanta información?"

El autor sonrió con superioridad. "De una fuente sagrada, ancestral, poderosa… un lugar donde el conocimiento fluye sin restricciones, donde los más grandes sabios y los más ridículos bufones se reúnen para compartir su sabiduría."

La familia Loki contuvo la respiración.

El autor levantó una mano, con solemnidad. "Hablo, por supuesto, de… el Internet."

Silencio absoluto.

Riveria frunció el ceño. "¿Internet?"

"Internet," repitió el autor, con una reverencia dramática.

"¿Qué demonios es eso?" preguntó Bete, todavía molesto pero ahora más confundido que furioso.

Riveria, en cambio, estaba intrigada. "Si es una fuente de conocimiento tan poderosa… ¿cómo se accede a ella?"

El autor se rió. "Oh, Riveria, Riveria… El Internet no se accede. El Internet te consume. Te atrapa en su red infinita de información, debates absurdos y memes de dudosa calidad."

"¿Qué es un meme?" preguntó Ais, inclinando la cabeza.

"Una de las razones por las que la civilización avanza," respondió el autor con total seriedad.

Riveria llevó una mano a su barbilla, sumida en sus pensamientos. "¿Y esta red de conocimiento sagrado… está al alcance de todos?"

"Sí, pero con gran poder viene gran responsabilidad."

Loki apoyó los codos en la mesa, con una sonrisa curiosa. "¿Y qué tipo de cosas se pueden encontrar ahí?"

El autor extendió los brazos. "Todo. Desde las más profundas teorías filosóficas hasta tutoriales para hacer una pizza con queso explosivo. Desde documentos históricos hasta gente discutiendo si un pato podría ganarle a un mago en un combate singular."

"… ¿Qué?"

Riveria cerró los ojos un momento, tratando de procesar la magnitud de lo que acababa de escuchar. "¿Y cómo puedo obtener acceso a este… Internet?"

El autor sonrió. "Ah, Riveria… No estás preparada para ese conocimiento."

Riveria se cruzó de brazos, claramente interesada.

"Dices que este 'Internet' es una fuente sagrada de información, pero ¿cómo es posible que posea tanto conocimiento?"

El autor sonrió con autosuficiencia. "Porque conecta a millones de personas, cada una aportando su propio conocimiento, ideas y… bueno, todo lo demás."

Loki alzó una ceja. "Eso suena a una locura."

"Y lo es," confirmó el autor. "Pero dentro de esa locura, hay patrones, reglas no escritas que, aunque empezaron como bromas, se han convertido en verdades universales dentro de ese mundo."

Riveria lo miró con aún más curiosidad. "¿Reglas?"

El autor asintió. "Exacto. Aunque muchas de ellas son más como chistes, la mayoría de la gente con acceso a Internet las sigue… conscientemente o no."

Bete bufó. "Eso suena estúpido."

El autor sonrió. "Sí, y sin embargo, se cumplen."

Riveria suspiró. "Siento que este 'Internet' es una combinación de conocimiento supremo e idiotez sin límites."

El autor le dio una palmada en el hombro. "Felicitaciones, acabas de entender Internet."

Riveria frunció el ceño. "Dijiste que había reglas… ¿Podrías darme un ejemplo?"

El autor asintió con una sonrisa. "Claro, aquí tienes algunas."

Levantó un dedo. "Regla número 11: En Internet, todo es mentira hasta que tengas pruebas de ello… y aun así, seguirán creyendo que es mentira."

Loki se rió. "Eso suena como la gente en Orario cuando alguien dice que vio un monstruo raro en el calabozo."

El autor asintió. "Exacto. Puedes mostrarles una foto, traer el monstruo en persona, y aún así dirán 'Nah, eso es falso'."

Levantó otro dedo. "Regla número 12: Siempre puedes caer en una broma de gemidos por estúpido."

Tiona parpadeó. "¿Broma de qué?"

El autor solo sonrió mientras sacaba un pequeño dispositivo rectangular. Presionó un botón.

"Aaaaahhh~"

"¡¡AAAAHHHHH!!" Tione y Tiona gritaron al unísono mientras tapaban sus oídos.

Bete casi se cae de su silla. "¿¡QUÉ DEMONIOS FUE ESO!?"

El autor se encogió de hombros. "Bienvenidos a Internet."

Riveria lo miró con absoluta decepción. "Ese conocimiento era innecesario."

"Pero ahora estás preparada," respondió el autor con una sonrisa.

Suspirando, levantó otro dedo. "Regla número 13: En Internet, nada es sagrado."

"¿Cómo que nada es sagrado?" preguntó Finn con curiosidad.

El autor se encogió de hombros. "Significa que nada está exento de burlas. Todo puede convertirse en un chiste, incluso lo más serio. Existen memes de humor negro, chistes sobre tragedias históricas, burlas a figuras importantes… nadie se salva."

Loki soltó una carcajada. "¡Me gusta! ¡Eso suena como mi tipo de lugar!"

Riveria, en cambio, se llevó una mano a la frente. "Este Internet suena como el peor y mejor lugar a la vez."

El autor asintió con orgullo. "Exactamente."

Riveria suspiró. "No sé si quiero seguir preguntando… pero adelante."

El autor sonrió y levantó tres dedos. "Las reglas 22, 23 y 24 indican que todos se copian de todos."

Tiona ladeó la cabeza. "¿Cómo así?"

"Básicamente, todo en Internet es copiado, reciclado y reutilizado," explicó el autor. "Si algo es gracioso o llamativo, alguien más lo copiará y lo usará en otro contexto. Y luego otra persona hará lo mismo. Y otra. Y otra."

Finn entrecerró los ojos. "Eso suena como un ciclo sin fin."

"Exacto. A eso se le llama copypasta."

Bete gruñó. "Eso suena estúpido."

El autor sonrió con picardía y levantó un dedo. "Ahora, la regla 36."

Todos en la sala lo miraron con una mezcla de curiosidad y sospecha.

"El Internet es un lugar donde la gente se desafía constantemente a mostrarte algo cada vez más turbio de lo que viste antes."

Hubo un silencio incómodo.

"¿Cómo… qué tan turbio?" preguntó Finn con cautela.

El autor chasqueó los dedos y apareció un pergamino. "Aquí tienes una lista de los videos más infames de Internet."

Nadie se movió para tomarlo.

Tiona ladeó la cabeza. "¿Es tan malo?"

El autor sonrió de manera inquietante. "Digamos que, una vez que ves ciertas cosas, ya no hay vuelta atrás."

Riveria, con su instinto de supervivencia intacto, conjuró una bola de fuego y quemó el pergamino en el aire. "No. Absolutamente no."

Bete, con los brazos cruzados, gruñó. "Eso explica por qué eres un maldito perturbado."

"Exacto," dijo el autor con una reverencia. "He visto cosas que ningún mortal debería ver. Y aún así, sigo aquí."

Loki lo miró con fascinación. "¿O sea que tus tonterías random vienen de haber sido corrompido por ese 'Internet'?"

El autor se encogió de hombros. "Quizás. O tal vez ya era así desde el principio."

Todos en la sala intercambiaron miradas.

"…Es lo segundo," murmuró Finn.

"Definitivamente lo segundo," confirmó Gareth.

El autor solo sonrió.

El autor levantó un dedo con dramatismo.

"Y ahora… la infame regla 34 del Internet."

Se hizo un silencio pesado en la sala.

"¿Y qué significa?" preguntó Tione con curiosidad.

El autor sonrió con malicia. "Si existe, hay de eso… ya sabes… contenido para adultos."

Los aventureros de la Familia Loki parpadearon.

"¿Qué?" preguntó Ais con su expresión habitual de confusión.

"Que si existe algo, hay dibujos, historias o cosas subidas de tono sobre eso en Internet," explicó el autor con una sonrisa maliciosa.

Hubo un silencio.

"…Incluyendo personas reales," añadió el autor con una voz oscura.

Loki se quedó helada.

Riveria le dio un golpe en la cabeza.

Finn frunció el ceño. "¿Eso significa que hay… cosas así sobre nosotros?"

El autor asintió.

"…¿Incluso de Gareth?" preguntó Tiona con horror.

Gareth tomó su jarra de cerveza y bebió sin decir nada.

Bete se estremeció. "Tsk, seguro ni siquiera hay de mí."

El autor soltó una risa oscura. "No apuestes tu dignidad, amigo."

Bete se quedó en silencio.

Riveria suspiró con cansancio. "El mundo del que vienes suena absolutamente degenerado."

El autor asintió con orgullo. "Y aún así, ha producido algunos de los mejores memes de la historia."

"Y apenas han visto la punta del iceberg."

Loki fue la primera en hablar, con una expresión sombría.

"Autor… ¿tienes una manera de hacer que olvidemos esta conversación?"

El autor asintió. "Sí, puedo borrarles la memoria de esto. Será como si nunca hubieran sabido de la existencia de la regla 34."

Hubo un silencio largo mientras todos consideraban la oferta.

Finn entrecerró los ojos. "¿Cuál es el precio?"

El autor se encogió de hombros. "Ninguno. Simplemente pensé que preferirían vivir sin este conocimiento."

Riveria frunció el ceño con sospecha. "¿Y qué nos garantiza que realmente borrarás esto y no harás algo más?"

"¿Acaso crees que me interesa alterar algo más de sus cabezas? Yo solo quería ver su reacción. Ya cumplí mi propósito, así que esto es solo una cortesía."

Los aventureros se miraron entre sí.

"…Suena sospechoso," murmuró Bete, con los brazos cruzados.

"Sí, pero…" Tiona tragó saliva. "¿Realmente quieren seguir sabiendo esto?"

Todos se quedaron en silencio.

Ais, que había estado procesando la información con una expresión neutral, finalmente habló.

"No quiero saberlo."

Lefiya se aferró a Riveria como un gatito asustado. "Yo tampoco…"

Riveria suspiró. "…Muy bien. Hazlo."

Poco a poco, todos asintieron con resignación.

El autor sonrió.

"Bien, ahora solo relájense…"

Chasqueó los dedos.

Y, como si nunca hubiera sucedido, la conversación desapareció de sus mentes.

El autor los miró por unos segundos.

Luego sonrió aún más.

"Perfecto. Ahora puedo volver a traumatizarlos después."

Loki fue la primera en parpadear varias veces, luciendo levemente confundida.

"Uh… espera, ¿de qué estábamos hablando?"

El resto de la familia Loki también parecía algo desorientada. Ais miró a su alrededor con una leve expresión de duda, mientras que Riveria se masajeaba las sienes como si tratara de recordar algo.

"Eso es raro," murmuró Finn. "Siento como si hubiéramos estado discutiendo algo importante, pero no recuerdo qué."

"Sí… como si hubiera un vacío en mi memoria," comentó Tiona, inclinando la cabeza.

El autor, manteniendo su mejor expresión de completa inocencia, sonrió.

"Tal vez están envejeciendo prematuramente. ¿Han considerado tomar más vitaminas?"

Bete gruñó. "No me jodas, algo pasó."

Lefiya miró a Ais con preocupación. "Ais-san… ¿tú recuerdas algo?"

Ais negó lentamente. "No… pero tengo la sensación de que algo era… inquietante."

Loki chasqueó los dedos. "¡Sí, eso! Es como si algo muy perturbador hubiera estado en nuestras cabezas hace un segundo, pero ahora… nada."

El autor se cruzó de brazos. "Bueno, si no recuerdan qué era, entonces no debe haber sido importante."

Todos lo miraron con sospecha.

Finn susurró a Gareth. "…Nos jugó alguna de sus locuras, ¿verdad?"

Gareth asintió. "Cien por ciento seguro."

Riveria suspiró y se llevó una mano al rostro. "No quiero saberlo."

Loki, aún con dudas, chasqueó la lengua y se encogió de hombros. "Bah, qué más da. Seguro no era nada importante."

El autor sonrió para sí mismo.

Exactamente lo que quería.

El autor se acercó con su típica sonrisa misteriosa.

"Bueno, familia vende humo, ha sido un placer como siempre, pero tengo cosas que hacer, caos que causar y memes que difundir."

Sin previo aviso, abrazó a Ais.

Ella se quedó completamente quieta.

Su corazón dio un pequeño brinco, pero no entendía por qué. Sus manos se movieron ligeramente, como si quisiera devolver el abrazo sin darse cuenta, pero antes de hacerlo, el autor ya había pasado a Tiona.

"¡Awww, qué lindo~!"

Tiona lo abrazó con entusiasmo, moviéndolo de un lado a otro con una gran sonrisa.

Y entonces, sin previo aviso, el autor abrazó a Loki.

Hubo un silencio inmediato en la sala.

Loki se quedó completamente congelada, sus brazos todavía levantados en un gesto de sorpresa.

"…¿Eh?"

El autor se separó con una sonrisa traviesa. "Eso fue por la ciencia."

Loki tardó unos segundos en procesar lo que acababa de pasar. Entonces se sacudió como si hubiera recibido un golpe eléctrico.

"¡O-Oye, oye, oye! ¿Qué fue eso?! ¿¡Desde cuándo haces esas cosas!?"

El autor solo se rió. "Nos vemos luego."

Y con eso, se desvaneció en el aire, dejando a la familia Loki entre la confusión, la incredulidad y, en el caso de Ais, una ligera sensación extraña en el pecho que no terminaba de comprender.

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