Desde lo más profundo del abismo
Emergió el mal que corrompe al mundo,
con su manto de tinieblas y desdén,
engullendo todo a su paso.
Orario arderá en llamas
y los monstruos sedientos de matanza
invadieron los corazones de los hombres,
dejando solo desesperación y dolor.
En medio de la lucha contra el mal,
un pequeño conejo saltó valiente,
dispuesto a dar su vida por la causa,
sin importar lo que pudiera ocurrir.
Con su mirada firme y su corazón noble,
luchó contra las sombras del mal
hasta que finalmente, exhausto y herido,
cayó sin vida.
Los dioses, enardecidos por la injusticia,
mancharon su pulcra piel en sangre,
prometiendo venganza contra aquellos
que osaron hacer daño a una criatura tan pura.
Pero en medio de la oscuridad,
aparecerá la encarnación de la muerte,
sonriendo detrás de escena,
observando impasible el caos y la destrucción.
Visiones de un desastre ineludible nuevamente se manifestaron en los sueños de una joven temerosa a un futuro cruel.
...
Al despertar, se escuchó un grito ahogado. Cassandra sujetó firmemente su pecho, que subía y bajaba agitado. Lágrimas de angustia caían de sus mejillas, manchando las sábanas.
Su respiración era errática, en el mal sentido. Le faltaba el aire, como si un pez estuviera fuera del agua, y todo su cuerpo temblaba frenéticamente.
Cerró los ojos e intentó recuperarse del shock, pero lo único que veía en aquella oscuridad era un símbolo tallado en fuego, el cual oprimía su alma y la llenaba de miedo.
Una hermosa mujer joven entró en el cuarto, emanando un aura fuerte y digna, visiblemente preocupada. Llevaba puesto un camisón que se marcaba en su piel, y un fresco aroma frutal invadió el aire.
"¿¡Cassandra?!"
Al ver a su querida amiga en un estado catatónico, comprendió de inmediato lo que había sucedido. No era la primera vez que veía esos ojos llenos de miedo en ella...
Aunque a Daphne no le gustaba la actitud que tomaba Cassandra cuando tenía sus sueños proféticos, desde lo sucedido en el piso 27, lo mínimo que podía hacer ahora era mostrarle un poco de consideración.
Se acercó y envolvió sus brazos alrededor del cuello de Cassandra. Esta dio un pequeño salto como un conejo asustado, pero lentamente los temblores fueron disminuyendo y su respiración agitada volvía levemente a la normalidad.
"Tranquila, no ha sucedido nada de eso todavía...", susurró con un tono calmado y lleno de confianza en el oído de Cassandra antes de separarse de su amiga.
Las mejillas de Cassandra se habían enrojecido como tomates maduros y sus ojos se alejaron instintivamente de la mirada de Daphne.
Sin preocuparse por las nuevas emociones de vergüenza de su amiga, Daphne se sentó a los pies de la cama y miró por la ventana entreabierta, recordando así vagamente el paisaje de Rivira.
Fuera de la ventana se podían ver algunos edificios de Orario y en el horizonte una torre que se alzaba casi tocando el cielo. Los primeros rayos de sol de la mañana estaban apareciendo e iluminando con esplendor la ciudad que consideraba su hogar.
Daphne giró la cabeza para mirar a su amiga y le sonrió suavemente "¿Me dirás qué es lo que viste o me harás esperar toda la mañana?" dijo después de unos segundos.
"Yo...esto...", dijo Cassandra, dudando por un momento antes de reunir el valor para contarle a Daphne lo que había sucedido. Primero le relató el poema y luego le habló de las visiones que le acompañaban.
"Orario estaba en llamas y... eso nos miraba como si lo disfrutara", su voz tembló cuando se refirió a esa cosa en sus visiones.
Daphne fruncio el ceño al escuchar. "No suena nada bien, Cassandra. ¿Crees que esto podría ser una premonición de algo malo que va a pasar?" preguntó.
Cassandra asintió con la cabeza. "Lo sé, suena loco. Pero mis sueños proféticos siempre han sido precisos, y esta vez siento que no es diferente. Hay algo en esa entidad que me asusta."
Suspiró.
La historia que escuchó de Cassandra sonaba bastante surrealista. Más que un sueño profético, parecía una simple pesadilla, la cual confundió con su extraña habilidad.
Pero algo no la podía dejar tranquila; ¿y si se cumplía como la premonición del Juggernaut? ¿Podrían evitar el destino esta vez? ¿Cuántos morirían en el proceso?
"Vístete, iremos a ver a Miach-sama y le contaremos tu sueño. Dependiendo de lo que él nos diga, iremos a decírselo a Cranel-san". No necesitaba analizar aquel poema en profundidad para darse cuenta de que el albino tenía que estar involucrado con la premonición.
Imprudente, y con sueños de héroe al punto que pondría su vida en riesgo o moriría por sus valores... sin duda sonaba como Bell Cranel.
...
La vieja y oxidada campana sobre la puerta de la farmacia repicó, anunciando la llegada de clientes.
Naaza dejó las pociones sobre el mostrador e intentó poner la cara menos somnolienta posible para no ahuyentar a la clientela que, muy posiblemente, se estaba preparando para descender al dungeon.
Lamentablemente, solo eran Daphne y Cassandra. Naaza apartó la vista y volvió a las pociones que estaba diluyendo con esmero.
"¿Naaza-san, sabes dónde está Miach-sama?" Daphne se acercó al mostrador y preguntó.
"Está atrás..." sin levantar la vista hizo un gesto con su cabeza apuntando a la puerta trasera de la tienda.
Las aventureras se apresuraron hacia la puerta sin perder tiempo, lo que llamó la atención de la despreocupada Naaza, quien dejó todo lo que estaba haciendo y las acompañó.
Conociendo la gentileza de su dios le incomodó dejar que dos bellas mujeres se acercaran a él solas sin estar ella presente.
En aquella bodega mal iluminada, una docena de recipientes con materiales por refinar estaban apilados unos sobre otros. El olor acre y a hierba era invasivo, pero a diferencia de lo esperado, no resultó repulsivo, más bien fue bastante revitalizante.
Estos eran los materiales necesarios para la creación de pociones que después venderían en la tienda.
Miach estaba de pie en el centro de la bodega, sosteniendo una libreta en la que hacía el inventario.
Cuando vio entrar al trío, una sonrisa se dibujó en su cara. "Perfecto, Cassandra, Daphne, llegan justo a tiempo, tengo una nueva misión para ustedes", dijo después de haber contabilizado todos los recursos de los que disponía y notar que el stock necesario para la creación de pociones de la semana estaba un poco bajo.
Desde que el par decidió unirse a su familia, el problema de suministros por el que pasaba la tienda había disminuido en gran medida, animándolo. Ya no tenía que recurrir a misiones en el gremio cada pocos días, esperando que algún aventurero la viera e incluso con la mísera ganancia la aceptara.
"Miach-sama, tenemos que hablar con usted. Es muy importante", la cara de Cassandra transmitió su preocupación, alertando al Dios. "Creo... creo que algo muy malo está por pasar."
Naaza, a un costado, recuperó la libreta de Miach y se apresuró a cerrar la tienda. Por la mañana era cuando más se vendía, pero nadie la detuvo, confirmando sus sospechas.
...
Sentados en la sala, Miach dejó la taza de té sobre la mesita frente a él. La taza estaba llena, pero su calor se había perdido hace un tiempo.
Desde que comenzó a escuchar el extraño sueño de su hija, un sentimiento de ansiedad y temor lo mantenían incómodo, no solo a él. Naaza, quien también escuchó el relato, había arrugado levemente su puente nasal, un gesto que no muchos notarían, pero en los años que llevaban juntos, Miach pudo reconocer.
"Debe ser solo un mal sueño, ¿cierto? Esto es Orario, muy probablemente la ciudad más poderosa del mundo", dijo Daphne, quien aún no estaba convencida de la veracidad de lo que escuchaban, dando su opinión.
"Encarnación de la muerte..." susurró Miach.
"Tal vez se refiera a algún dios de la muerte..." llevándose la mano a su mentón, analizó todo el poema y las imágenes que se le describieron. "Esto puede ser bastante malo"
En el cielo, había una multitud de dioses de la muerte encargados de purificar las almas para permitirles reencarnar. Algunos de ellos tenían personalidades que solo se podían describir como oscuras.
"¿Evilus?" Naaza opino.
"No lo sé, la familia Loki ha estado barriendo lo que queda de Evilus escondidos en Knossos, pero no podemos descartarlos", respondió Miach con un tono preocupado. "Es difícil de decir con certeza. Sin embargo, necesitamos estar preparados para cualquier eventualidad."
La ciudad en llamas, la muerte y el caos por doquier sonaban como una segunda era oscura para Orario.
Si Evilus estaba maquinando un plan detrás de los vestidores, lo menos que podía hacer él como un dios era preocuparse. Lo último que sabía de aquella organización era que estaba siendo apoyada por varios dioses caóticos.
Aunque no necesariamente malvados, como se hacen llamar, algunos buscaban diversión y otros solo querían dejar en libertad sus deseos y caminar a sus anchas en el mundo inferior; sin embargo, sus sentidos del bien estaban seriamente distorsionados. El problema por el cual Miach no podía aprobar su actuar era que, para esto, ponían en la línea de fuego a los inocentes.
Naaza asintió en silencio, consciente de la gravedad de la situación. "¿Qué planes tienes en mente?", preguntó después de un momento.
"Naaza, ve al gremio e informa sobre la premonición junto a Cassandra y Daphne, después irán con la familia Hestia. Yo me reuniré con Loki para que se preparen en caso de que lo peor esté por suceder"
"Sobre el ojo..." Cassandra interrumpió. Cada vez que se acordaba de lo impotente que se sentía bajo su mirada, su voz temblaba como si aquella visión no fuera algo de lo que ella debería hablar.
"Mmm, eso es lo más extraño, un ojo que parte el cielo y enpequeñece al mundo mismo", Miach contempló su propia frase hasta que tuvo una revelación que lo hizo ver aquella premonición de otra manera.
"Dragón Negro..."
Después de decir eso, todos se quedaron paralizados. No había persona en Orario que no conociera al dragón negro. Era la última de las grandes misiones, el verdugo de la familia Zeus y Hera, capaz de diezmar a aventureros de octavo y noveno nivel.
¡Un dragón de un solo ojo!
"Si Evilus planea usar al Dragón Negro, la ciudad de Orario estará perdida. La Familia Loki y Freya no están preparadas para eso", corrigió Miach con una expresión preocupada.
El aventurero más poderoso de Orario era Ottar, el Boaz, que se encontraba en la cima del nivel 7. Mientras tanto, los demás aventureros eran de nivel 6 e inferiores, lo que marcaba una gran diferencia respecto al poder que solía tener la familia Zeus y Hera en su apogeo.
Estas contaban con capitanes de nivel 8 y 9, respectivamente, y una multitud de aventureros de nivel 7. Aun así, trabajando en conjunto, perdieron desastrosamente. Sus ejecutivos terminaron muertos y sus dioses desterrados por la lucha de poder en Orario.
Por último, Daphne le entregó la hoja de papel donde Cassandra había dibujado un extraño símbolo que se había presentado después de despertar.
Miach echó un vistazo, pero nada en sus recuerdos coincidía con aquel emblema.
Se asemejaba a los escudos familiares que los dioses tomaban para sus familias pero le fue imposible determinar a qué entidad pertenecía.
En el cielo habían más dioses de los que el podía contar, incluso en su inmortalidad, tras años de vivir entre ellos, aún no conocía a todos los dioses de su panteón y mucho menos a los ajenos a este.
Aun así, lo guardó en su túnica, esperando que Loki y su familia pudieran reconocerlo.
Se levantó y se apresuró hacia la puerta, pero se detuvo antes de cruzarla. "Esperemos que solo sea una pesadilla..." susurró para sí mismo antes de salir.
...
De repente, un anciano de cabello y barba descolorados por la edad interrumpió su rutina.
"¿Está todo bien, Ouranos?" sentado en su trono bajo el Gremio Ouranos, había detenido su constante rezo, lo que llamó la atención de Fels, quien se encontraba cerca.
"No es nada... Solo siento que algo es extraño, como si algo en el mundo estuviera por cambiar". Una sensación que se venía gestando desde la mañana de ese día y no permitía que el dios se concentrara.
"Según los Xenos, la mazmorra se ha comportado normal últimamente. Aunque estuvo un tanto inquieta mientras se regeneraba del daño recibido en el piso 27, la actividad ha vuelto lentamente a la tranquilidad", le recordó Fels.
"No es eso, es otro problema diferente", negó Ouranos mientras agitaba la cabeza.
"Este año Orario se ha enfrentado a diversos problemas uno después del otro, algo que no sucedía desde la era oscura; el resurgir de Evilus, la creciente actividad en el Knossos, guerras entre familias, el despertar de Antares, los Xenos, el nacimiento de un Juggernaut"
'Es como si todos los problemas estallaran uno después de otro...' pensó Ouranos.
Fels asintió, "Es la trama del destino. Orario estuvo muchos años en calma, demasiados males se dejaron de lado, y ahora han comenzado a causar estragos una vez más."
"Mnnn... Fels, dirígete al calabozo, necesito estar seguro..."
Sin despedirse Fels salió de la sala.
Ouranos volvió a su oración que utilizaba para calmar la furia de la Madre evitando que los monstruos escaparan de sus entrañas y vagaran por la superficie. Sin embargo, la incomodidad no disminuyó en lo más mínimo.
Como un gusano que se arrastra bajo su piel, esta sensación causó que el viejo dios se inquietara de sobremanera por primera vez en años.
....