El sonido del martillo golpeando un yunque lo despertó. No era tan temprano por la mañana, pero aun así se sintió renuente a abrir sus ojos.
Welf ya había comenzado con su práctica de forja matutina y no existía manera de convencerlo de que se la saltara por un día.
Bell bostezó.
Había estado durmiendo mal desde que volvió del infierno junto con Ryuu. Las pesadillas lo invadían como terrores nocturnos que helaban su sangre y lo llenaban de temor.
Esos días están grabados a fuego en su memoria.
Inconscientemente, sujetó su brazo izquierdo. Este estaba perfectamente bien, no había rastros de heridas o marcas, pero a veces un dolor fantasma lo envolvía. Según Armid, la hija de la familia Dian Cecht conocida como la mejor curandera de todo Orario, si no del mundo entero, este dolor era puramente psicológico.
Algo que ni la magia ni las pociones pueden sanar.
Había pasado un tiempo desde esos sucesos, más precisamente dos meses completos en los cuales no había puesto un solo pie en la mazmorra, no porque no quisiera, se le había prohibido, no podía descender hasta que los daños que recibió se hubieran curado por completo.
Incluso cuando le pidió a su diosa ir a los primeros pisos, fue totalmente rechazado. No solo por ella, Lili, Welf, Mikoto y Haruhime también estaban en contra, pensando que exageraban, fue al gremio a escondidas solo para ser regañado por Eina.
Al menos todo este tiempo no había sido totalmente desaprovechado.
'Hoy es un gran día.'
Se levantó totalmente motivado, llevando sus armas, salió al jardín trasero de la mansión.
Preparando su postura, respiró profundamente el aire frío que congelo sus pulmones antes de exhalar una flecha de vapor.
En estos meses, su crecimiento físico había sido detenido, pero el entendimiento de sí mismo había dado un salto cualitativo.
'Entender su propio poder' era uno de sus mayores problemas que venía arrastrando desde que su crecimiento se aceleró. Cada vez que volvía del calabozo, sus estadísticas daban saltos absurdos y subía de nivel de manera demencial, rompiendo récords tras récords.
Apenas había podido adaptarse un poco cuando alcanzo al nivel 4, luchando con su vida colgando de un hilo.
Grande fue su sorpresa al volver del infierno y ver que sus estadísticas generales habían superado los 600 puntos en todos sus apartados. Apenas se había convertido en nivel 4, pero ya tenía la posibilidad de subir al nivel 5 sin ningún problema...
Otro aumento de nivel en tan poco tiempo sería la gota que colma el vaso. Los dioses y aventureros buscarán conocer la verdad. Nadie, sin importar su talento, puede abrirse paso tan rápido, no importa cuánto esfuerzo ponga en ello.
Los buscadores de poder tomarán cartas en el asunto y pondrán a Bell en el ojo de la tormenta.
Aunque la familia Hestia había mejorado su influencia con el tiempo, aún estaba muy por detrás de los titanes de Orario. Si la familia Freya o Loki buscaran descubrir la razón de su rápido crecimiento, podría desencadenar una nueva guerra de familias en el mejor de los casos.
Según su diosa, era un aumento dramático incluso para él mismo. Por lo tanto, decidieron mantener su falna en secreto y no aumentar su nivel, esperando que las repercusiones traídas por el Juggernaut se calmaran.
Comprendiendo este hecho, Bell había dirigido todos sus esfuerzos en adaptarse completamente a su fuerza.
Desenvainó sus dagas y su cuerpo entró en un estado de combate. Sus ojos se afilaron mientras sus músculos se tensaban al límite.
Frente a él, una imagen mental tomó forma lentamente.
Un fantasma de sus recuerdos.
Brillantes cabellos dorados descendían en cascada, acompañados por una mirada que no expresaba ninguna emoción.
Era como un témpano de hielo, algo que involuntariamente alejaría a todos los que la vean. Sin embargo, para Bell, esa aparente frialdad no era un obstáculo. Él notaba la cálida luz que se escondía detrás de esa impenetrable personalidad.
Cada vez que cruzaba miradas con ella, veía en sus ojos destellos de emociones ocultas, como pequeñas chispas que intentaban romper el gélido escudo que protegía su corazón.
El resto del mundo la veía como alguien distante y reservada, pero sabía que había más, una belleza interior que esperaba ser descubierta. Para Bell, aquella chica se convirtió en un misterio fascinante, una historia por descubrir, y estaba decidido a ser el protagonista de ese relato.
Su corazón se aceleró momentáneamente. Incluso como una recreación mental, no podía evitar caer cautivado por ella.
Era Aiz Wallenstein, la Princesa de la Espada, ejecutiva de la familia Loki y aventurera de sexto nivel.
Su maestra... Su salvadora... Su objetivo...
El rubor en sus mejillas fue reemplazado por una expresión llena de seriedad.
Cerró los ojos, elevando sus sentidos al límite, antes de abrirlos lentamente.
En ellos no había miedo ni debilidad, eran los ojos de un verdadero guerrero. Brillaban en llamas carmesí, forjando su resolución.
'¡Hoy ganaré!'
¿Cuántas veces había pensado esas palabras en esta situación?
Ni él mismo lo sabía.
Tras dos meses de batallas incesantes, nunca había logrado estar a su altura.
Pero hoy era diferente...
El mundo a su alrededor se difuminó, aquel fantasma se volvió más tangible y real a su vista.
Al igual que él, Aiz desenvainó su espada y adoptó la misma posición de batalla que usaba cuando lo entrenaba en la muralla de la ciudad.
La atmósfera se tensó, ambos se analizaban buscando la debilidad del otro.
Como aventureros altamente centrados en la velocidad, sabía que el primer golpe siempre sería el más importante.
Incluso el sonido de una gota de rocío cayendo sobre la hierba podría hacer estallar aquella escena.
Y así fue, de un momento a otro, ambos dieron un paso al frente.
Sincronizados.
La espada de Aiz se precipitó hacia el pecho de Bell a una velocidad abismal, mientras que la daga de Bell cortaba el aire en dirección al desprotegido abdomen de Aiz.
Utilizando la daga de mithril que Welf forjó para su estilo de doble empuñadura, recibió el golpe de espada desviándola en seco.
Pensó que ganaría, pero...
La proyección de Aiz desapareció de su vista, la Hestia-Knife no logró alcanzarla.
Un sentimiento de derrota se arremolinó en el corazón de Bell. Había puesto todo su poder y velocidad en aquel ataque.
Estaba seguro de que incluso un nivel 5 en sus primeras etapas caería ante él, pero sabía que su oponente no era cualquiera. No por nada era reconocida oficialmente como una de los aventureros más poderosos de Orario.
Dando un salto, Aiz había evadido el impacto.
En el aire, su figura dio una voltereta pasando por encima de la cabeza del sorprendido Bell, antes de caer detrás de él.
Su juego de pies estaba lleno de elegancia, sin contener movimientos innecesarios, algo que Bell aún no lograba dominar.
Sintiendo la fatalidad inminente, su cuerpo se petrificó.
En su posición actual, detener un golpe de Aiz era imposible. Sus dagas no contaban con el alcance ni la velocidad necesarios para hacerlo.
Su única manera de sobrevivir era agachándose.
Sus piernas se flexionaron en el preciso instante en que la espada cortó el área donde antes estaba su cuello.
Las miradas de ambos se cruzaron.
Bell aprovechó su posición para barrer con una patada baja, provocando que la proyección retrocediera.
Habían vuelto nuevamente al principio.
...
Tras un par de horas, la respiración de Bell era pesada y errática. El agarre en sus dagas ya no era el mismo de antes, ahora carecían de poder.
Aquel entrenamiento mental lo agotaba a un ritmo superior al que sentiría después de un día en la mazmorra.
Sus músculos temblaban de cansancio. Ya no podían continuar más. Aunque no presentaban heridas, el forzar su máxima fuerza había mermado su resistencia.
Bell había perdido la cuenta de cuántas veces habría sido herido por Aiz si estuviera en una batalla real.
Aun así, en su rostro se dibujaba una sonrisa de pura felicidad, una que no sería rara de ver en algún niño al conseguir lo que tanto había estado buscando.
¡Él lo había logrado!
Su brazo estaba extendido en dirección a la proyección, la cual ya no se movía. Finalmente, la Hestia-Knife había logrado dejar un corte en la mejilla de Aiz.
"Yo... lo conseguí" Susurró, permitiendo escapar el poco aire que quedaba en sus pulmones.
Se dejó caer de espaldas sobre la hierba.
La proyección había desaparecido, nunca estuvo allí. Si alguien lo hubiera observado, solo habría visto cómo balanceaba su cuchillo, cortando el aire una y otra vez.
Algunos incluso pensarían que estaba loco al ver los extraños movimientos.
Pero él lo sabía, había logrado acercarse un poco más a ella después de esta batalla.
'Me pregunto, ¿qué tan fuerte será la Aiz real?' En los entrenamientos que tuvieron en la muralla, Aiz no usó toda su fuerza, tampoco atacaba con la intención de matarlo.
Esto limitaba el poder de la proyección.
Sabía que Aiz tenía una magia de cántico ultracorto al igual que él, una magia que la volvía mucho más poderosa en batalla.
Velocidad, fuerza, versatilidad, todo mejoraba en gran medida.
¿Cuánto tiempo podría durar contra esa Aiz?
¿Minutos? ¿Segundos? ¿Sobreviviría siquiera a su primer movimiento?
Bell tenía su confiable magia Firebolt, que era versátil en batallas, y Argonaut, que mejoraba su poder, pero incluso como Argo Vesta, su carta de victoria, se limitaba a un poder destructivo.
En una batalla de vida o muerte, cargar el poder del Argonauta es casi imposible, ya que limita demasiado los movimientos de Bell y lo deja indefenso ante cualquier ataque.
Sin contar la fatiga mental que provoca.
Por sí sola, la Firebolt carecía de poder. Un hechizo cantado puede dar vuelta la situación en un campo de batalla a tu favor, y más aún si tu crecimiento te proporciona un círculo mágico.
Lamentablemente, Bell no cuenta con ninguna de estas habilidades.
Firebolt es útil contra enemigos individuales, pero su efectividad se limita a eso y en el caso de enfrentar enemigos resistentes al fuego, se vuelve ineficaz.
Según la guía del aventurero proporcionada por Eina, se menciona la existencia de lagos de Magna en los pisos profundos, donde habitan monstruos altamente resistentes al fuego.
"Bell-sama..." La melodiosa voz de Haruhime lo llamó desde la puerta.
Se levantó de un salto, ocultando su cansancio, y la miró.
Sujetaba su cola entre sus manos y pequeños rastros de lágrimas se habían formado en las orillas de sus ojos.
"Harugime-san, ¿estás bien? ¿Alguien te hizo algo?"
Unos pequeños sollozos salieron de su garganta antes de levantar su delicado brazo y apuntar a sus pies.
"Ayer... Ayer yo... Ayer yo había plantado unas hermosas flores", dijo Harugime con voz entrecortada, señalando hacia sus pies.
Mirando a su alrededor, Bell se dio cuenta de su error. El jardín que una vez estuvo lleno de hermosas flores ahora estaba completamente arrasado. Los tallos rotos y las hojas desgarradas.
La hierba había sido aplastada durante su entrenamiento, y en muchos puntos, la tierra mostraba telarañas formadas por la presión que ejerció sobre ella. Los rastros de su intensa práctica eran evidentes en el estado del jardín.
El anteriormente perfecto y hermoso jardín estaba arruinado. La belleza y armonía que solía existir allí habían sido reemplazadas por los estragos.
Su rostro se llenó de vergüenza y arrepentimiento al comprender todo el esfuerzo y dedicación que Harugime había invertido en aquel hermoso jardín.
Ella amaba pasar tiempo bajo la sombra de los árboles, disfrutando de la belleza del paisaje que había creado con tanto cariño. Era un lugar de tranquilidad y serenidad para ella, un refugio donde encontraba paz.
Todas las mañanas, Harugime se dedicaba a regar las flores y cuidarlas con esmero.
"¡Fue un accidente! Yo te ayudaré a arreglarlo." Exclamo mientras se inclinaba en señal de disculpa.
Los sollozos se detuvieron después de escuchar esas palabras. "¿Lo prometes?", preguntó Harugime. Ella no culpó a Bell por esto, lo conocía muy bien y sabía que no era algo que él, su héroe, haria intencionalmente.
"¡Sí, es una promesa!" Respondió Bell con determinación en su voz.
Harugime le dedicó una sonrisa llena de felicidad.
"Hestia-sama solicitó una reunión en el salón principal. Lili-san y Welf-san ya están allí" Más calmada, recordó el verdadero propósito por el que estaba aquí.
"¿Kami-sama quiere que nos reunamos?" Se preguntó a sí mismo Bell, mientras rascaba la parte trasera de su cabeza, intentando recordar si había algo especial aquel día.
...
"Qué interesante", los afilados ojos de Loki miraban a Miach con aparente indiferencia.
"Deberías tomar esto más en serio. Hasta ahora, las premoniciones de mi hija han terminado sucediendo..."
"¿Cuál premonición? ¿La que decía que el hijo de la familia Hestia moriría en el piso 27? ¿O aquella que hablaba sobre el irregular masacrando aventureros?", dijo Loki con seriedad.
"Esas premoniciones casi se cumplieron, por eso mismo es necesario prepararse para lo que pueda suceder"
Loki caminó hasta la ventana, mirando el paisaje de Twilight Manor. Era una de las mejores residencias de todo Orario y la sede de su familia, por lo que ofrecía una gran vista de la ciudad.
"No dije que no haré nada... pero mis hijos están en una expedición en los pisos profundos. Incluso si mandara una solicitud al gremio, no la recibirán en al menos una semana y tardarán lo mismo en volver"
Aquellas palabras fueron las que terminaron de armar aquel rompecabezas en la cabeza de Miach.
"Ellos esperaban esto..."
"Es probable... Evilus o quien sea que esté planeando atacar Orario aprovechará este tiempo en el que la mayoría de mi familia está atrapada en la mazmorra para actuar", Loki llegó a la misma conclusión.
Girándose, la diosa se colocó de espaldas a la luz que entraba en la habitación, oscureciendo su figura. Una escalofriante sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro, marcando su expresión de felicidad y emoción, lo cual contrastaba con la seriedad de la discusión.
Un escalofrío recorrió a Miach.
"Esto... ¿No es perfecto? ¡Finalmente, las ratas saldrán del agujero!"
La incomodidad era palpable. Miach no sabía cómo responder a las palabras de Loki, quien, más que estar preocupada por lo que pudiera suceder con Orario, calculaba los beneficios.
"Buscarlos en el calabozo se estaba volviendo una labor tediosa. Esta es una oportunidad perfecta para hacer una limpieza general", su expresión era grotesca a los ojos de los demás, recordándole a Miach por qué muchos dioses la consideraban una completa psicópata.
"Pero el Dragón Negro..." la mirada del dios era difícil de describir. Aunque Loki parecía querer usar esta oportunidad a su favor, la situación no era favorable de ninguna manera.
El Dragón Negro era un problema real, algo que no se podía detener. Incluso si un Dios rompiera las reglas y usara su arcanum para enfrentarlo, las posibilidades de ganar eran bajas.
Y, a su vez, romper las reglas de esa forma también afectaría el tratado con la mazmorra. Ouranos ya estaba haciendo todo lo posible para mantenerla bajo control. Si un Dios usara su poder para matar a uno de sus hijos, ella estallaría en ira y nadie podría detenerla.
"¿De verdad crees que esos locos fanáticos tienen el poder para controlar algo así? La misma mazmorra, madre de todas las calamidades, se rindió al intentar controlar su mente después de darlo a luz"
Apretando su puño en el aire, Loki continuó: "En el remoto caso de que esos hijos descarriados realmente lograran traer al dragón a Orario, eso me ahorraría problemas. Después de todo, mi familia lleva años buscándolo..."
"Loki, por favor, no frente a los invitados", interrumpió Riveria, la única ejecutiva que había decidido permanecer en la superficie mientras la expedición se llevaba a cabo.
"Perdón 'Mamá', me emocioné un poco... ¿Podrías ir a prepararlo todo por mí?" Loki se relajó.
Riveria suspiró antes de salir de la habitación para proceder con los preparativos.
La familia Loki había imaginado que algo parecido podría suceder, donde la ciudad sería atacada en un momento de debilidad. Por ello, en conjunto con el gremio y la familia Ganesha, habían ideado un plan de contingencia que llevaba años acumulando polvo.
"Deberías irte también... Informa a tus hijas que se preparen para la guerra", la expresión de Loki había vuelto a la normalidad, ocultando su lado sádico y calculador bajo una simple sonrisa inocente.
Cuando Miach estaba a punto de dejar la habitación, Loki lo detuvo. "¿Tu familia tiene una farmacia, cierto? Reúne todas tus pociones restantes y prepáralas para repartirlas a los aventureros, convenceré al gremio para que te reembolcen cuando todo esto acabe."
"Lo haré... Por cierto, ¿reconoces este emblema?", dijo Miach mientras sacaba una hoja de papel de su túnica y la dejaba en el escritorio frente a Loki. "Según mi hija, era lo único que podía ver al despertar cuando cerraba sus ojos."
El silencio volvió a llenar la habitación. Loki se quedó completamente sola, su mirada analizando aquel dibujo, pero no pudo encontrar nada relevante en él.
"Interesante, esto se va a volver divertido", dijo Loki mientras una sonrisa monstruosa volvía a dibujarse en su rostro.
....