Una lluvia de fuegos artificiales iluminaba el cielo, era una escena hermosa, lamentablemente solo había un jugador presenciando aquella vista.
Momonga suspiro.
Era el último día de YGGDRASIL y había preparado una gran fiesta para despedir todos los años que había pasado en aquel juego junto con sus compañeros.
Desafortunadamente, nadie se presentó.
"¿Debería haber detenido a HeroHero-san antes de que se desconectara? ..."
No, eso hubiera sido inconsciente de su parte. Todos necesitamos descansar y HeroHero-san al menos se conectó para despedirse, incluso con su pesada agenda.
23:56:13
23:56:14
23:56:15
Suspiro.
El momento del fin se acercaba y Momonga se regresaba cada vez más melancólico. Se giró para mirar la entrada de Nazarick, su mayor tesoro y su hogar.
Rápidamente, negó con la cabeza al darse cuenta de su error.
'El tiempo se agota. Este mundo virtual llegará a su fin y yo volveré a mi vida normal.'
Esto era obvio. La gente no puede vivir en un mundo virtual, así que tarde o temprano, todos tendrán que irse.
'Mañana me levantaré a las 4 am Necesito ir a dormir inmediatamente después de que apaguen los servidores para que no afecte mi trabajo.'
Hoy, el gremio inconquistable de Ainz Ooal Gown desaparecerá y solo los recuerdos de sus amigos vivirán en su memoria.
23:57:00
A solo unos minutos del cierre, una idea cruzó por la cabeza de Momonga.
Miró su huesuda mano, la cual portaba cinco anillos relucientes que harían babear a cualquier jugador que los viera, especialmente uno que brillaba con un color irreal bajo la luz de la noche.
Hace un tiempo, aquel dedo portaba uno de los anillos más caros y difíciles de conseguir en todo YGGDRASIL; el anillo 'Estrella Fugaz'. Este anillo permite al usuario activar el hechizo de Supernivel 'Wish Upon a Star' tres veces sin consumir experiencia.
Pero ahora portaba un anillo con la forma de un dragón que devoraba su propia cola. Era el mismísimo Uroboros, uno de los 20 objetos mundiales que rompían el juego. Su poder le permitiría pedir lo que sea a los GM dentro de las reglas del juego.
Cuando exploraba uno de los muchos calabozos de Alfheim, tuvo la suerte de encontrarse con el líder del gremio rival que una vez usó el poder del anillo para evitar que su gremio accediera a una gigantesca mina de cristales.
La batalla fue difícil, pero finalmente Momonga resultó triunfante, obteniendo así el todopoderoso anillo.
"¿Debería pedir algo?... De todas maneras, es el último día", se preguntó mientras miraba el anillo con atención.
Sin duda, si hubiera obtenido el anillo Uroboros junto con sus compañeros, se sentiría renuente a usarlo, pero como lo obtuvo únicamente con suerte se plantea la posibilidad de hacer una petición.
El Overlord levantó su brazo, haciendo un gesto como si quisiera aplastar la luna sobre el mundo.
Activó el anillo.
Los sonidos de las explosiones se atenuaron y el poder del anillo floreció, formando un sinfín de runas que bailaban a su alrededor, esperando escuchar el deseo que cambiaría el núcleo mismo del mundo.
"¡Yo, líder de Ainz Ooal Gown, deseo... una última gran aventura para mi amado gremio!" aquel deseo que albergaba su corazón fue escuchado por el anillo, brillando más que cualquier estrella.
Momonga miró esto sorprendido. Sabía muy bien que, a diferencia de otros objetos de los 20, Uroboros no siempre desaparecería después de utilizarlo. Aunque la posibilidad era ínfima, el Overlord pudo ver cómo el anillo no se desintegraba en partículas y permanecía en su dedo, llenándolo de felicidad.
23:58:39
Tras lo que pareció una eternidad, el brillo cesó.
En ese instante, una notificación apareció ante Momonga.
[Felicidades, has abierto la misión de gremio mítica 'Fin de todos los mundos']
[El último de los creadores está despertando de su letargo, los nueve mundos suplican la ayuda de su salvador]
[Requisitos:]
[Derrota al Devorador de los Nueve Mundos (forma verdadera) // No completado]
[Derrota al Último Creador (jefe único) // Requisitos de aparición no reunidos"]
[Has adquirido la clase Mundial 'Última Esperanza del Mundo'.]
[¡Felicidades! Has alcanzado el nivel 101 // has obtenido una ranura de habilidad mundial.]
Momonga se quedó sin palabras cuando las notificaciones terminaron.
En realidad, Momonga había deseado una última gran aventura junto a sus amigos, pero los GM habían malinterpretado sus palabras y le habían otorgado una misión mítica nunca antes vista, además de una nueva clase que le permitió superar su límite de nivel.
"Bueno... incluso si hubiera sido más específico con mi deseo, dudo mucho que lo hubieran cumplido"
Momonga ni siquiera se detuvo a revisar su nueva misión o estadísticas. ¿Para qué perdería su tiempo?
Si hubiera conseguido esta misión cuando el gremio aún estaba en su apogeo, habría sido como un sueño hecho realidad. Ni siquiera se conocía la existencia de las misiones Míticas; las misiones de mayor rango conocidas eran las legendarias, que literalmente sacudían los cimientos de los nueve mundos y, en determinados casos, desencadenaban la aparición de un World Enemy.
Para qué hablar del 'Creador', los jefes únicos normalmente son muy superiores a sus formas normales, y Momonga no quería ni imaginar qué tan fuerte sería un jefe mundial categorizado como único.
Incluso si estuviera lo suficientemente interesado, no tenía tiempo para descubrirlo.
23:59:50
Cerró sus ojos esperando el inevitable final, uno que marcaría el fin de una etapa de su vida, la cual atesoraría por siempre.
23:59:56...
23:59:57....
23:59:58....
23:59:59...
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...
En lo más profundo del calabozo, una onda de energía negativa se dispersó como un tsunami, cubriendo uno de los últimos pisos nunca antes alcanzados.
Sin mostrar ninguna intención de detenerse, esta energía ascendió, matando todo lo que tocaba, dejando un rastro de caos y destrucción a su paso.
Monstruos legendarios profundamente dormidos eran cubiertos por esa esencia maligna que iba en contra de todo lo bueno en el mundo.
Los pequeños dragones negros, creados únicamente para la guerra, poseían cuerpos formidables con escamas capaces de repeler casi cualquier ataque, así como un poder mágico capaz de rivalizar con el de los más grandes hechiceros de la antigua era.
Como guardianes nacidos para defender el calabozo, cargaron enfurecidos contra este poder extranjero. Lamentablemente, sus intentos fueron en vano y sus cuerpos fueron drenados de toda vitalidad.
Antes, eran bestias con el poder para luchar contra héroes legendarios, guardianes solo superados por los cuatro reyes que hace mucho dejaron a la Gran Madre. Ahora, solo quedan charcos de pulpa sangrienta irreconocibles.
Las muertes eran incontables. Sus cuerpos eran como pequeñas chispas de vida intentando resistir una marea imparable del más puro horror.
Como almas atadas a la Gran Madre, estaban destinadas a cumplir otro ciclo de reencarnación después de su muerte, por la eternidad. Pero algo estaba mal...
La mazmorra tembló cuando sintió cómo algo que era suyo por derecho divino era arrebatado bajo sus propias narices. Las preciosas almas de sus hijos eran tragadas por esta corrupción sin dejar nada atrás.
Por suerte, esta energía desaceleró hasta detenerse por completo después de cubrir el área de algunos cuantos pisos. O temía que todas sus creaciones serían consumidas.
En el centro de uno de estos pisos, apareció un ser que no pertenecía a este mundo. Era un esqueleto vestido con túnicas oscuras decoradas con oro y las joyas más finas, sosteniendo un báculo que solo podía ser descrito como divino... no, eso no le hacía justicia a su existencia, era algo superior.
Pero inferior a un anillo que rodeaba su dedo y a la amalgama de desesperación cristalizada que descansaba en su núcleo. Sus auras eran tan primordiales que la misma conciencia de la gran madre se empequeñecía ante ellas.
La mazmorra había existido por mucho tiempo y en sus dominios había visto héroes, espíritus, hadas e incluso despreciables dioses, pero nunca se había topado con un ser tan imponente.
Solo se le podría llamar supremo...
Aun así, nunca dejaría ir a aquel que se atrevió a robarle tan descaradamente. Furiosa, la mazmorra generó a su mayor campeón. De las paredes, lentamente, dos figuras esqueléticas gigantescas se abrieron paso. Era el asesino definitivo, el temible Juggernaut.
Ante el temblor producido por la aparición del Juggernaut, algo cambió en aquella entidad extranjera. Donde deberían estar sus ojos, ahora brillaban dos llamas carmesís.
Levantó uno de sus huesudos brazos hacia el Juggernaut y...
"Vermilion Nova"
...
En los pisos explorados, de un momento a otro, los aventureros cayeron de rodillas y charcos amarillentos se formaron bajo sus cuerpos. Solo los más capaces, que han refinado su voluntad bajo la batalla y han caminado al borde de la muerte, se mantuvieron de pie, pero incluso estos guerreros veteranos sudaron frío.
¡Miedo! - Un presentimiento oscuro y ominoso les llenó de temor, como si las sombras mismas se estuvieran retorciendo a su alrededor.
¡Temblor! - Toda la mazmorra se sacudía, gigantescas grietas se formaban en sus paredes y los cristales que proporcionaban luz se atenuaban mientras los monstruos gritaban como locos.
Desesperados, los monstruos corrieron como si sus vidas dependieran de ello hacia los pisos superiores. Sin embargo, esta acción sería inmediatamente reprimida por los aventureros para prevenir accidentes donde poderosos monstruos se toparan con jóvenes novatos.
Pero esta vez no...
Algunos de los aventureros que aún podían moverse y mantenían la conciencia, levantaron a sus compañeros y siguieron a la estampida. Otros dejaron atrás a sus hermanos de armas, pues sus propias vidas eran más importantes.
Los desafortunados que eran incapaces de levantarse y no contaban con ayuda eran pisoteados por las bestias locas. No intencionalmente, fue algo totalmente involuntario. En este momento, a los monstruos no les podía importar menos, únicamente sabían que tenían que avanzar, sin importar si se trataba de un aventurero o de sus propios familiares quienes interrumpieran su huida.
...'
El temblar de la mazmorra fue sentido incluso en la superficie, y la torre de Babel erigida por los mismos dioses se balanceaba de un lado a otro, pero esto no fue lo que conmocionó a todos...
Se suponía que era mediodía, el cielo estaba despejado y los últimos aires fríos del invierno soplaban, dando paso a la tan esperada primavera.
Pero, ¿por qué de un momento a otro el cielo se había teñido de un anaranjado tan intenso? ¿Por qué la luna cubría al sol en pleno mediodía? ¿Y por qué la colosal grieta en el cielo proyectaba un ojo que exudaba desprecio hacia todo lo que estaba bajo su mirada?
El mundo se había detenido de repente. Los sonidos de la gente festejando y de los pasos pesados de los aventureros se habían reducido a un murmullo.
Los niños y niñas eran sujetados por sus padres mientras se empapaban en lágrimas. Bajo tal presión, sus mentes infantiles no podían ni siquiera gritar de miedo. Sus lágrimas eran la única manera en que sus cuerpos les recordaban que aún estaban vivos.
¡Qué clase de horror había descendido a este mundo!
...
Desde el piso más alto de Babel, la mismísima Diosa de la Belleza y su fiel capitán, Ottar, el actual aventurero más poderoso de Orario, presenciaban los mayores cambios.
Las montañas a lo lejos se difuminaban como si nunca hubieran estado allí en primer lugar.
Los caminos que salían de la ciudad laberinto fueron cortados en seco, dando paso a llanuras totalmente desconocidas.
Ottar presionó el mango de su espada con una fuerza increíble y con toda su voluntad apartó la vista del paisaje en constante cambio, dirigiéndola hacia el ojo que se había abierto sobre el mundo.
Su espalda se empapó de sudor frío y su cuerpo tembló por un segundo. Pudo sentir cómo aquella mirada lo examina por un instante antes de alejarse.
'Si miras mucho tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de ti'
Recordaba haber leído aquella frase en un viejo libro de su diosa, pero nunca esperó que esas palabras retrataran tan bien esta realidad.
Como si algo hiciera clic en su cabeza, su mirada se dirigió a la mujer divinamente hermosa junto a él. Sus cabellos de plata caían como hilos de seda y su ropa resaltaba sus curvas desarrolladas.
Cualquier hombre que la viera caería ante sus pies, pero ninguno sería digno de ni siquiera rozarlos con sus labios.
Era Freya, la más hermosa de todos los dioses.
Ottar sintió su corazón latir con fuerza ante la emoción que emanaba de Freya. Los ojos de ella brillaban intensamente, sus mejillas de porcelana se ruborizaban y su respiración se volvía pesada y agitada. El aventurero no podía evitar sentir una extraña mezcla de fascinación y temor ante la intensidad de la emoción de su diosa.
La sangre de Ottar se aceleró ante tan divina escena.
Freya se puso de pie lentamente y caminó hasta el borde del palco, estiró sus brazos en dirección al cielo y unas palabras seductoras se formaron en sus labios.
No fue más que un susurro, algo que no estaba dirigido a nadie, pero gracias a los poderosos sentidos de Ottar, fue totalmente audible.
"Qué alma tan hermosa... así debe verse la más pura maldad."
.....