Las cortinas del salón principal de la mansión estaban cerradas, evitando que cualquier luz se filtrara. Los alrededores se sumían en una quietud absoluta y ningún sonido era audible.
Bell tragó un poco nervioso.
El repentino sonido de pequeñas explosiones logró que el albino cerrara los ojos de la sorpresa.
La luz inundó aquel cuarto y una lluvia de confeti cayó sobre su cabello como nieve invernal. Globos flotaban en el techo y cintas coloridas decoraban el lugar.
Welf, Lili y Mikoto estaban parados junto a las ventanas recién abiertas, sonriendo, mientras frente a ellos Hestia sostenía un inmenso pastel.
"¡Feliz cumpleaños, Bell!", gritaron al unísono.
Bell lo había olvidado por completo, hoy era su primer cumpleaños desde que llegó a la ciudad laberinto.
Se sintió realmente feliz. Su vida había dado un giro completo en tan solo un año.
Aún recordaba su último cumpleaños. Finalmente cumplía 14 años y sería reconocido como adulto. Su abuelo se quedó en casa todo ese día, celebrando hasta que el sol se puso en el horizonte... Pocos días después, recibió la noticia de su muerte.
Motivado por las historias de héroes que tanto le gustaba escuchar, dejó su hogar tras enterrar un ataúd sin cuerpo en su memoria y partió en busca de su propia aventura. Era un sueño un poco alimentado por la personalidad de su abuelo.
Encontraría su destino, se volvería fuerte y se enamoraría en una escena de fantasía descrita en los libros. Sería el héroe que salvaría a los inocentes y tendería la mano a la damisela en apuros.
Su tan soñado encuentro predestinado en la mazmorra.
Los sueños son realmente hermosos. Aquellos días parecían distantes y, a la vez, tan vividos.
"Oh... mi Bell-kun ha crecido tanto", exclamó Hestia mientras lo abrazaba, envolviendo sus brazos a su alrededor y presionando con su peso al desprevenido conejo.
Sintiendo dos cómodos bultos apretando contra su brazo, un sentimiento de otro mundo abrumó a Bell. Su rostro se volvió rojo y sus piernas perdieron toda la energía que le quedaba.
Había sobreesforzado su cuerpo y mente. No estaba preparado para recibir dos golpes críticos en tan poco tiempo.
Antes de perder el conocimiento, escuchó los pasos apresurados de sus amigos y los gritos de urgencia de su diosa.
...
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se encontraba en cama.
Al despertar, lo primero que vio fue el rostro de Hestia con rastros de lágrimas y mocos que aún permanecían en su cara. Un cálido trapo húmedo descansaba en su frente, mientras algunos frascos de pociones se encontraban distribuidos a su alrededor.
"No deberías esforzarte de esa manera, nos tenías muy preocupados", reprochó Welf con los brazos cruzados.
Lili y Mikoto lo miraban con seriedad, mientras Hestia y Haruhime aún no lograban limpiar completamente sus lágrimas.
"Yo lo siento, creo que me emocioné un poco", dijo Bell disculpándose.
"¡¿Un poco?!", exclamó Lili mientras agitaba las botellas vacías frente a él. "¡Apenas despertaste después de tomar dos pociones de resistencia y una de curación!"
"Esa clase de entrenamiento no es humano", agregó Mikoto.
Suspiro.
"Kufufu, realmente creí que te había hecho daño", dijo Hestia mientras apretaba su pecho contra Bell, causando que la sangre volviera a fluir en sentido contrario y se alojara en su cabeza. Afortunadamente, Lili la apartó a tiempo, o de seguro volvería a caer inconsciente.
"¡¿Qué haces, Soporte?! ¡¿Cómo te atreves a apartarme de mi Bell-kun?!" Hestia apretó los dientes de furia, pero nadie detuvo a Lili.
"Bell-sama necesita descansar, tú solo lo abrumas con... eso", expresó la pallum con envidia en sus ojos mientras observaba los prominentes atributos de su diosa.
"¿Hace cuánto que no duermes bien?, no es normal ese cansancio en un aventurero, y mucho menos en uno de nivel 4 con alta resistencia a estados anormales como tú", señaló Welf mientras apuntaba a los ojos de Bell. Bajo ellos, se habían formado bolsas negras con el tiempo.
Un aventurero puede pasar días sin dormir, especialmente Bell, quien tiene un físico envidiable. No sería un problema estar más de una semana sin dormir y no presentar repercusiones.
"Lo siento... No quería preocuparlos." Dijo, apretando sus puños de impotencia.
"¿Bell-sama aún tiene pesadillas?" Preguntó Haruhime.
"Sí, han disminuido, pero aún me mantienen despierto por las noches" Asintió Bell.
Welf chasqueó la lengua.
"Iremos a la mazmorra" Declaró después de unos segundos.
"No, necesita descansar. No lo permitiré", gritó Hestia al escuchar a Welf.
"Necesita afrontarlo. Él no es el Bell que estaba indefenso en los pisos profundos. Sus estadísticas son muy superiores", afirmó.
"Yo también creo que es una buena idea. Todos lo hemos visto. Cada mañana, Bell-sama entrena a solas. Al principio, aún podíamos seguir sus movimientos, pero llegó a un punto en el que ni siquiera podíamos verlo moverse", agregó Lili.
La mirada de todos se dirigió a Lili. Welf había dado por hecho que se pondría del lado de Hestia en la discusión, pero sorprendentemente apoyó su idea.
"Debería estar bien. Bell-dono necesita esto. Un aventurero que le teme a la mazmorra no debería ser aventurero", dijo Mikoto con palabras duras pero verdaderas.
"Mmmnn... No pueden ir más allá de los pisos intermedios, ¡se los prohíbo!", dijo la renuente diosa, dejando escapar esas palabras.
"Gracias...", murmuró Bell. Había estado esperando mucho ese momento. Aunque una parte de él le tenía miedo, quería regresar allí y superarse a sí mismo, superar al Bell que temía.
¡Splat!
"¡Es suficiente! Todos quiten esas caras largas. ¿Olvidan que esta es una fiesta?", exclamó Welf mientras hacía estallar el confeti.
"Cierto, Bell-sama tiene que cortar el pastel", dijo Lili mientras levantaba el pastel de la mesa y se lo llevaba a Bell.
Las risas volvieron a dominar el ambiente.
...
"Este es mi regalo, Bell-sama", dijo Haruhime mientras le entregaba una pequeña caja envuelta en listones rojos dispuestos hermosamente en forma de rosas. "Mikoto-san me ayudó a decorarlo", agregó con un ligero rubor en sus mejillas.
Bell le devolvió la sonrisa.
Tiró de la cinta roja deshaciendo todas las rosas en sucesión. Dentro había un pequeño libro, uno que cabría en una palma o en el bolsillo del pantalón. Estaba encuadernado en cuero de monstruo y las palabras 'La historia de Bell Cranel' adornaban la cubierta.
"Le pedí a Eina-san que me ayudara a conseguirlo, y creí que te gustaría escribir tus aventuras en él... pero si no es de tu agrado, puedes usarlo para otras cosas o como una simple libreta", dijo Haruhime ocultando su rostro.
"Es un regalo increíble", aclaro Bell mientras acariciaba la portada.
Un suspiro de alivio se escuchó de Haruhime al oír esas palabras.
Se sentía un poco apenada de regalar algo tan simple después de ver cómo los demás sacaban tesoros invaluables.
Aquel libro no se comparaba con ninguno de los regalos. Lili le había dado una capa hecha de monstruos de los pisos profundos, sumamente resistente, y Mikoto una espada corta forjada con los métodos del Lejano Oriente.
Y no podemos olvidar el juego de armadura que Welf había forjado por sí mismo, utilizando metales extraídos de la mazmorra.
"Ha llegado mi turno", dijo Hestia mientras se paraba frente a Bell con las manos en la espalda.
Había rastros de inquietud en sus ojos, que se movían de un lado a otro.
"Mi regalo es... este", tomó de la mano a Bell por un segundo antes de soltarla.
Todas las miradas se posaron en la muñeca del albino.
Una cinta, igual a las que la diosa usaba en su cabello, decoraba su muñeca.
"Bell-kun, eres mi primer hijo. No soy tan bella como Freya, ni tenía los recursos de Loki. No sería un error decir que éramos la peor familia de Orario", dijo Hestia con un tono melancólico.
Retrocedió unos pasos, dedicando una sonrisa cautivadora.
"No soy la más lista ni astuta, tampoco puedo ayudarte en la mazmorra, pero aun así me escogiste, y eso me hizo muy feliz", expresó con sinceridad.
Llevó sus manos al pecho, uniéndolas, la diosa parecía casi brillar como la primera vez que Bell la vio en aquel callejón.
"Por eso... ese listón te acompañará en mi lugar. Cuando te sientas solo o perdido, recuerda que una parte de mí siempre estará contigo", dijo con voz suave y emotiva.
El corazón de Bell se apretó al escuchar esas palabras, tan llenas de amor y afecto. Incluso Haruhime, a un lado, se sintió emocionada por tan emotivo momento.
Lamentablemente, a excepción de esos dos, nadie más pudo disfrutar del teatro.
Era bien sabido que los dioses no entendían el concepto de cumpleaños, ya que como entidades del Tenkai, eran inmortales por derecho divino.
Sus cuerpos mortales no envejecerán nunca y sus almas vivirán por siempre, incluso si sus recipientes son destruidos, simplemente volverán al cielo.
Ellos no necesitan ese concepto; un año más o un año menos no son relevantes para una vida eterna.
De hecho, si Lili no hubiera llamado a todos para preparar la fiesta, Hestia ni siquiera se hubiera enterado de que hoy era el cumpleaños de Bell.
La cinta solo era un regalo de último momento que entregó para no ser la única sin darle nada, respaldada por su decente habilidad de actuación, parecía una escena totalmente pensada con anterioridad.
"Kami-sama... yo debería ser el que está agradecido. Fui rechazado por las demás familias, si no..." Hestia cubrió la boca de Bell con su mano, evitando que terminara de relatar ese día.
La vergüenza en el rostro de Hestia había alcanzado un nuevo nivel. Gotas de sudor caían de su frente, revelando su culpabilidad.
No quería que los demás se enteraran, esos días ella buscaba un miembro para su familia, pero todos la rechazaban sin dudarlo.
Desesperada, siguió y cazó a Bell después de ver cómo era rechazado por los demás. La escena en la que lo acepta como su hijo no era más que una función preparada con mucho detalle por ella.
"Todo está bien, Bell-kun. No necesitas agradecerme", dijo Hestia con una sonrisa forzada.
Todavía tenía toda la tarde para encontrar en un regalo perfecto para Bell antes de la fiesta en la Anfitriona de la Fertilidad.
No sería un momento tan emotivo como este, donde únicamente estaba reunida su familia, pero al estar con todos sus amigos, su regalo atrasado pasaría desapercibido.
Ding-dong.
El timbre de la puerta resonó en la mansión.
...
La puerta de la mansión se abrió de par en par. Todos reían mientras caminaban para recibir a sus invitadas.
Era un día perfecto... para que todo saliera mal...
Cuando todos llegaron a la entrada, algo pareció cambiar en el mundo...
Todos se congelaron en sus lugares, el brillo del día fue reemplazado por una tenue luz anaranjada similar a la que se vería en un atardecer.
Los pájaros que antes cantaban alegres callaron, Orario se había envuelto en un silencio de ultratumba.
¡Crunch!
En el cielo, una grieta tan grande que empequeñecía a las montañas del paisaje se resquebrajó como un cristal intentando soportar el peso de toda la creación.
Muchos cayeron de rodillas, la presión de algo inimaginable se posó en los hombros de los más débiles y les susurró que gritaran, pero sus gargantas no dejaban salir ni un suspiro de impotencia.
En aquella grieta solo había oscuridad, una tan abismal que la misma luz no podía escapar de ella.
Los dioses temblaron, como seres divinos, por naturaleza, eran especialmente sensibles al poder divino... y lo que sea que se escondiera detrás de ese velo era algo abrumadoramente superior a sus peores pesadillas.
No solo el mundo inferior era afectado por el despertar, sino que el cielo y el plano espiritual también fueron golpeados por aquella abominación.
Un ojo se abrió sobre el mundo, mirando con arrogancia a todos bajo su existencia.
El iris, enrojecido como la sangre, brillaba, iluminando más que el sol opaco al borde del mundo.
Este se movía, buscando... buscando algo que en ese mundo no debería existir...
Un rugido gutural resonó, estremeciéndose en cada rincón de los reinos habitados. En su eco se manifestaba una ira primordial, impregnada de poder y superioridad. Era el rugido del ser que reclamaba su soberanía sobre este nuevo mundo, alejado de su gracia.
La tierra fue destruida, los mares se embravecieron y la vida se marchitó. Las almas de todos resonaron y justo antes de que fueran gustosamente devoradas, un poder descendió dispersando la calamidad que estuvo a punto de ocurrir.
...
De su letargo, un ser ancestral había despertado, solo para presenciar cómo un ser extranjero, lleno de un deseo de consumir la realidad misma, aparecía.
Nueve mundos extranjeros cayeron en sus entrañas, alimentándola y mostrando visiones de un desenlace lleno de muerte... Yggdrasil...Los restos de esos nueve mundos plagaron sus tierras, buscando refugio de un fin que ellos nunca comprendieron.
Seres que trastocaban el orden natural de las cosas, simples mortales y dioses atados a una causalidad distinta a la de su propia creación.
...
Al fracasar en su intento de traer un verdadero fin, el creador cerró su ojo lentamente, cayendo nuevamente en su letargo, a la espera de que el último sello que lo ata en su prisión eterna se abriera.
Dejando atrás una maldición que marcaría el comienzo de su resurgir, aquel que una vez estuvo destinado a gobernar sobre todo lo que su vista tocara, volvió a su sueño.
.....