Un paso, dos pasos rápidos antes de encorvarse y salir disparado en una tacleada que dispersó toda la línea defensiva. Aunque el Goliath no poseía magias o habilidades problemáticas como los jefes de los pisos profundos, su fuerza física era envidiable.
Los monstruos, ahora liberados de los aventureros que los detuvieron, no tardaron en actuar, escapando en todas direcciones de la ciudad.
Sin necesidad de una orden o instrucción, los aventureros en espera tomaron sus armas y se adentraron en el campo de batalla como bestias listas para cazar a sus presas.
Desde lo más alto de Babel, los ejecutivos de la familia Freya observaron esto con descontento. "Tch. Ni siquiera pudieron con eso", comentó Allen Fromel, mientras los hermanos Gulliver sonreían en aprobación.
Ellos habían observado toda la batalla que se llevaba a cabo abajo, pero ninguno tomó acción, ya que su principal objetivo era defender a su diosa y no perderían su tiempo con alimañas rastreras como esas.
"¿Ottar, hay algún problema?" preguntó Hedin con curiosidad. Su estoico compañero solía ser reservado, no era alguien de muchas palabras, pero desde que habían llegado allí, ni una sola palabra había sido pronunciada por él.
Sin responder, los ojos de Ottar no se apartaron del horizonte, como si intentara ver algo más allá de la ciudad.
Hedin también había notado esto. Aunque sin duda algo extraño había sucedido con los alrededores de Orario, no podía entender qué era lo suficientemente atractivo como para apartar los ojos del aventurero más fuerte de Orario de su amada Freya.
"Parece que han llegado", susurró Freya desde su trono de oro y plata, con una sonrisa pícara que logró romper la calma del lugar, robándose las miradas de sus hijos.
Siguiendo los ojos de su diosa, todos dirigieron sus miradas a las afueras de Orario, congelándose en el proceso. Era algo tan irreal e inexplicable que, si no lo hubieran visto con sus propios ojos, nunca lo habrían creído.
Una marea de miles se acercaba.
...
"¿Por qué nos ignora?" gritó Welf mientras corría detrás del jefe del piso 17.
Cuando la formación se rompió, todos pensaron que los monstruos no tardarían en atacar. Desde sus puntos de vista, parecían haber caído en algún estado berserker donde sus únicos pensamientos eran la batalla. No era como si fuera la primera vez que sucedía, pero al parecer, estaban equivocados.
Ninguno atacó proactivamente; solo cuando sus rutas de escape estaban totalmente bloqueadas, los monstruos pasarían a luchar verdaderamente contra los aventureros.
Agitando un arma mágica, una llamarada atravesó la calle Dédalo e impactó en la espalda del Goliath, dejando remanentes de fuego que chisporroteaban en la carne del monstruo.
"¿Qué haces, idiota? ¿Quién te dijo que usaras tus armas mágicas para luchar? ¿Quieres empezar un incendio?" Desde la bola de cristal en su cintura, la amonestación de Lili detuvo a Welf de que repitiera el ataque.
Usar magia en la superficie era mucho más problemático que en la mazmorra, y esto incluía las habilidades de las armas mágicas de todo tipo. No solo tenía que preocuparse por la poca durabilidad de las armas, sino también por los daños colaterales que podía generar.
Un buen mago tenía un control refinado de su mente, lo que les daba la capacidad de regular la salida de sus hechizos. Sin embargo, las armas mágicas no contaban con esa bendición, en especial las salvajes armas Crozzo imbuidas con magia de fuego muy superior a lo regular.
Comenzar un incendio con llamas avivadas por la sangre espiritual de esa familia sería un problema con el que en esa situación no podían darse el lujo de lidiar.
"Ten esto, Welfy. Encárgate de los pequeños de atrás." Como un borrón, una sombra pasó junto al herrero, dejando caer una espada mágica congelante.
En una carrera, el borrón acortó la distancia entre el Goliath, saltando de un edificio a otro y con un balanceo pasó a la delantera, creando una zanja que cruzaba de lado a lado la calle, obligando al monstruo rabioso a detenerse.
Una sonrisa se formó en su cara mientras levantaba la espada de dos manos como si moviera una ramita de madera y la apoyaba en su hombro.
Con un crujido, el brazo derecho del Goliath cayó secamente al suelo.
Tsubaki Collbrande, la semi-enana capitana de la familia de herreros Hephaestus, había entrado a la batalla, demostrando por qué era un nivel 5.
Dio una risita antes de enterrar la espada mágica en el suelo y liberar la magia en su interior.
La calle pareció abrirse en dos, mientras desde el costado, estacas de piedra se formaron empalando a todos los monstruos frente a ella.
Incluso el Goliath quedó atrapado firmemente, sin ninguna capacidad de moverse, provocando que la chica se desanimara levemente por esto. Esperaba que la habilidad lo eliminara directamente, pero sus capacidades defensivas habían logrado detener la roca antes de que su piedra mágica se viera comprometida.
"Grraaaa...", rugió el Goliath, rompiendo su prisión. Miró a la aventurera frente a él; su ruta estaba cortada y no había lugares para escapar. Solo quedaba luchar, o eso pensó Tsubaki.
Antes de ver cómo el Goliat la ignoraba olímpicamente y cargaba contra los edificios de la calle Dédalo, creando su propia ruta de escape, Tsubaki gritó "¡Hey, espera! ¡No corras, vuelve aquí y prueba el filo de las espadas que forjé!"
Lili miró esto, cubriendo su cara de vergüenza. No estaba segura de si ellos dos eran los únicos idiotas o si era una cualidad de los herreros que desconocía. Claramente, Tsubaki podía matar al Goliath con facilidad, pero la cabeza hueca había dejado escapar al jefe de piso por un simple capricho.
Reparar toda esa calle sería una tarea costosa. A simple vista, es evidente que las casas son insalvables, lo que implicaría la demolición completa de las estructuras y comenzar desde cero una vez que esto termine.
Sin más remedio, levantó el artefacto fabricado por Fels para comunicarse y repartido por el gremio, para pedirle ayuda al único aventurero a quien verdaderamente le podía confiar la tarea.
"Bell-sama, Mikoto-san, pueden cambiar posiciones con Tsubaki. Ella se encargará de detener a los monstruos repartidos en la ciudad, ustedes detengan al Goliath antes de que escape de Orario", dijo con un ligero tinte de preocupación.
No quería forzar demasiado a Bell, pero la mayoría de los aventureros fuertes habían aprovechado la situación para colarse en la mazmorra y detener el flujo de monstruos desde dentro, dejándola con pocas opciones.
Bell y Mikoto asintieron simultáneamente, cambiando de dirección. Ambos se separaron y rodearon al Goliath, que únicamente avanzaba en línea recta por la calle Dédalo.
En un cruce de caminos, Bell interceptó al gigante mientras se lanzaba a cortar los talones del monstruo. Las heridas recibidas de Tsubaki se habían regenerado a una velocidad increíble, cerrándose por completo en el poco tiempo que les tomó alcanzarlo.
Incluso el brazo amputado había comenzado a crecer nuevamente a simple vista.
Con la velocidad de Bell como nivel 4, el Goliath parecía una tortuga frente a él. Sus golpes eran lentos y toscos, era como ver a un niño intentando golpear a un mosquito.
'Este sentimiento' -evadiendo el golpe con un pequeño giro, un calor que había olvidado comenzaba a avivarse en su espalda. Aunque sus prácticas mentales lo ayudaban a mantenerse en forma física y mentalmente, no había punto de comparación con luchar verdaderamente.
Incluso se había limitado, dejándose atacar y evadir en el último momento para degustar esa creciente sensación.
Él estaba jugando. Hace unos meses, era impensable esto en su cabeza. Contra aquel monstruo, necesitaría como mínimo utilizar el poder del Argonauta para acabarlo, pero ahora confiaba plenamente en que, con el tiempo suficiente, podría ganarle únicamente confiando en su físico. Realmente estaba disfrutando de esa sensación de volverse fuerte.
"
Sobre el Goliath, un círculo mágico de color púrpura se formó, dejando caer una espada que lo atravesó, encerrándolo en su dominio, un campo de gravedad.
"Ahora, Bell-dono, acaba con él", gritó Mikoto.
Asintiendo, la mano de Bell brilló levemente antes de reunir un poco de magia y encenderse en llamas.
"<¡Firebolt!>" Una bola de fuego salió volando, impactando en el pecho del monstruo.
La carne se consumió rápidamente, dejando al descubierto la piedra mágica que funcionaba como núcleo del monstruo.
Algo no estaba bien. Perdido en medio de sus colores, sus ataques se detuvieron abruptamente. Un sentimiento de impotencia lo golpeó, como un niño frente a un hambriento león que espera su comida. Y de repente, con un tirón, sus fuerzas comenzaron a abandonarlo.
Los ojos de Bell comenzaron a temblar. Paralizado, un frío comenzó a extenderse por su brazo y sudor empezó a recorrer su cuerpo. Su respiración se volvió errática, y un leve temblor en sus rodillas se presentó.
Frente a él ya no estaba el jefe del decimoséptimo piso; a sus ojos, un monstruo esquelético lo miraba con desdén oculto en la oscuridad.
Su Falna ardió en su espalda, activando su habilidad de
Mikoto vio el estado de Bell antes de seguir su mirada a la piedra mágica descubierta del Goliath. Esta se había teñido de un negro escalofriante, y un miasma impuro se elevaba de ella, como una energía herética que iba en contra de todo lo que había visto hasta ahora.
Casi perdida en su brillo, su cuerpo palideció mientras retrocedía involuntariamente, apartando la vista.
Su hechizo se deshizo, liberando al Goliath. "Bell-dono, cierre los ojos, no vea su piedra mágica", gritó con la fuerza que le quedaba antes de caer inconsciente.
En contra del miedo que recorría el cuerpo de Bell, se forzó a dejar de mirar, aliviando un poco su estado. En apenas unos segundos, podía sentir cómo casi toda su mente había sido drenada.
Sin apartar la mirada del suelo, dio un salto en dirección del Goliath, decidido a eliminarlo de una vez por todas. Pero cuando su cuchillo impactó, no tocó el frágil cristal, sino que rebotó en la dura piel del monstruo.
Levantó la mirada levemente para mirar con más claridad, solo para notar cómo el monstruo que antes estaba aplastado y herido, casi moribundo, se encontraba completamente impoluto ahora.
No, incluso más que eso, sus siete metros habían quedado atrás, superando ahora los diez metros de altura, y su piel se había teñido de negro azabache. "Grrraaaa!" rugió.
Sin darle tiempo a Bell de responder, un golpe a plena potencia de frente lo enterró en el suelo.
Desde la lejanía, Lili y los dioses se giraron para ver lo que estaba pasando, observando cómo un sinfín de golpes caían como lluvia sobre el suelo, destrozándolo junto al aventurero atrapado bajo él.
"¡Bell!" El grito de Hestia, seguido por el de los conocidos del gremio, alertó a los aventureros que luchaban contra monstruos más débiles.
Todos vieron cómo el irregular se levantaba triunfante.
Frente a él, en el centro del cráter, Bell permaneció de pie. Su cuerpo había reaccionado de manera instintiva un segundo antes de que el primer golpe lo noqueara, cruzando sus brazos frente a él para usarlos como escudo.
Aunque el aventurero logró soportar el frenesí del Goliath, que le sacaba un nivel completo en fuerza, Bell no cedió en lo más mínimo. Incluso cuando sus protectores fueron destrozados y sus brazos recibieron el castigo, sin dar ni un solo paso atrás, soportó un dolor infernal.
Como si la vida del aventurero no valiera nada bajo sus pies, el gigante no terminó el trabajo, dejando atrás a los dos aventureros que lo enfrentaron, dirigiéndose rápidamente a la salida.
Solo cuando la silueta del jefe de piso se empequeñecía en la distancia, el cuerpo de Bell cedió, cayendo de rodillas exhausto. Una proeza que solo él y unos pocos contados con los dedos de una mano podrían presumir.
Ningún aventurero de nivel 4 "normal" podría soportar ese aluvión de golpes y sobrevivir en el proceso. Si no fuera por la constitución monstruosa de Bell, que no solo había alcanzado los máximos valores posibles en los anteriores niveles, sino que los había superado, su cuerpo sería un costal de huesos rotos ensuciando el suelo en ese momento.
"¡Todos, debemos detener al irregular!" Sacando del estupor a Lili, quien no paraba de abrir y cerrar la boca intentando digerir lo que sucedía, la alto elfo, Riveria Ljos, usó la piedra de comunicación Occulus para dar una instrucción.
"Si estuvieran Finn y Gareth, esto no estaría pasando", dijo Loki mientras se mordía la punta de la uña de su pulgar. El hecho de que un jefe de piso se convirtiera en un irregular de nivel 5 la había alterado, incluso a ella.
Sea lo que sea que estaba afectando a los monstruos, los estaba fortaleciendo. La mazmorra gastaba cantidades de energía abismales para dar vida a un irregular negro, dejándola agotada y sin la capacidad de producir monstruos por un tiempo. Sin embargo, de alguna manera, una energía externa logró funcionar de la misma forma fuera de los dominios de la madre.
"Recuperen a Rabbit Foot y a Sombra Absoluta... Tú, ¿a cuántos aventureros puedes fortalecer?", dijo Loki mientras miraba a Harugime detrás de su diosa. En la anterior pelea contra la familia Hestia, Loki había puesto cuidadosamente sus ojos en la habilidad especial de la Renard.
Una habilidad tan misteriosa y poderosa como aumentar un nivel no era algo que escaparía de sus sentidos.
"Seis... o siete si fuerzo mi mente hasta el agotamiento, pero apenas durará unos minutos", dijo rápidamente con la voz apagada, sin apartar su mirada del cráter donde Bell se encontraba.
"Bien, fortalece a Riveria. Por ahora, tu habilidad será nuestro último recurso si lo peor sucede. Un par de minutos es suficiente para que Riveria convierta a ese irregular en un cubo de hielo, lo acabaremos de un solo golpe antes de que ese misterioso poder lo haga ascender de nivel nuevamente"
Girando su mirada a Babel. '¿Acaso no planeas ayudar, Freya?' pensó.
Los aventureros de segunda clase interceptaron al Goliath, pero nadie se atrevió a detenerlo de frente. Realizando ataques rápidos en sucesión, lo lesionaban sin darle respiro para curarse, escarbando poco a poco en el cuerpo casi inmortal del gigante para abrir su punto débil y eliminarlo.
Con un fuerte splash, el muro de la ciudad laberinto cedió ante el embate del gigante.
Oficialmente, era el primer monstruo en escapar de Orario en muchos años, pero ese sería su límite.
Detrás de él, una alta elfa brillaba como el oro, mientras su cabello verde ondeaba con el aire. Los tonos de su hechizo se conectaban como cadenas y sus coros eran poderosos, llenos de un orgullo que solo una reina debe poseer.
"¡Mi nombre es Alf
Los vítores de los aventureros ahogaron el ambiente al ver esto. El irregular había caído, o eso era lo que suponía que debía suceder. Sin embargo, detrás del muro derrumbado de la ciudad, una ola de monstruos animaba su triunfo con sonrisas perversas.
...
Un pilar de luz se elevó desde Babel, atravesando la tierra y partiendo el cielo... Un hecho inaudito había vuelto a suceder, un dios había muerto.
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