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Chapter 10 - Capítulo 10: Oscuridad en Aumento

El piso 39 de la mazmorra, un sitio seguro donde los pocos aventureros que se habían adentrado tan profundo en las entrañas de la madre tuvieron el placer de presenciar.

Como era de esperarse, se encontraba totalmente desierto, ni un alma, ya sea de monstruo o aventurero se podía ver, a excepción de un pequeño grupo de tres que atravesaba el piso corriendo en dirección a la entrada del infame piso 40.

"Está cerca, puedo sentirlo. Esa oscuridad está viniendo", dijo el único hombre del grupo, deteniéndose para limpiar el sudor que caía de su frente.

Aunque el camino había sido abierto y guiado por las dos chicas frente a él, su cuerpo mortal ya estaba exhausto. Uno de los tantos placeres de haber descendido, pensarían muchos de los dioses.

El sentir debilidad mortal en sus propias carnes era un gusto culposo para los dioses. Con sus arcanum sellados por las reglas autoimpuestas y su conciencia divina profundamente dormida en sus almas, ellos no eran diferentes de una persona normal cualquiera.

Por eso, el cansancio que sentía no le provocó ningún rechazo, ya que era una más de las tantas experiencias por las que descendió desde un principio.

Si no fuera así, aún estaría procrastinando como sus hermanos en el cielo, viviendo como una planta sin vida, sin propósito, sin objetivo, sin diversión.

"Dionysus-sama, si usted quiere descansar..." dijo la elfa mientras extendía un pañuelo a su dios.

"No es necesario, Filvis. Creo que ustedes también lo sienten claramente, este sabor a muerte en el aire. Estamos tan cerca de encontrarlo", dijo Dionysus mientras miraba expectante la entrada al siguiente piso.

Esa sensación embriagadora, superior a cualquier vino divino que recorría cada rincón de la mazmorra, estaba justo debajo de sus pies. Y aunque no quería admitirlo, estaba emocionado. Sus planes anteriores habían fracasado al final, y ninguno de ellos siquiera logró despegar.

Sus opciones se estaban agotando. Si querían obtener más demi-espíritus, tendrían que descender mucho más profundo en la mazmorra. Los espíritus de la vieja era, hace más de 1000 años cuando los dioses aún permanecían ociosos en el cielo, avanzaron mucho más que los aventureros actuales lograron en sus inútiles intentos por conquistarla.

Básicamente, todos los demi-espíritus que habían recolectado en años de preparación eran los más débiles de ellos, los desafortunados que fracasaron antes de que los héroes tomaran su lugar. Si querían más, tendrían que descender al infierno mismo y volver, pero con su escasa mano de obra, era suicidio.

Revis y Filvis eran fuertes. Sus cuerpos mortales habían renacido gracias al palpitante abismo, dándoles una nueva vida. De cierta manera, eran las hijas de la mazmorra tanto como Filvis era hija suya después de haber recibido su falna.

"¡Qué inútil! Aún no entiendo por qué te estoy siguiendo. La familia Loki está pisando nuestros talones, y tú quieres ir de excursión, buscando un monstruo que ni siquiera sabes si existe", dijo Revis malhumorada.

Su único objetivo siempre había sido vencer a Aria. No le interesaba en lo más mínimo los ideales del dios perturbado, aunque no podía dudar de su inteligencia y astucia, sus logros eran tan ridículos que ella estaba a punto de dejarlos a su suerte.

"¿Te atreves?" gritó Filvis, parándose frente a su dios. Sus ojos se habían ennegrecido, dejando al descubierto venas que comenzaban a recorrer su lechosa piel.

"No es necesario luchar por algo tan banal", interrumpió el dios. "No es una conjetura la existencia de ese monstruo, es un hecho", dijo.

"¿Acaso no lo sientes?, la mazmorra, no, incluso ustedes están pasando por una metamorfosis mientras hablamos", sacando una piedra mágica de su saco, dejó que ambas la contemplaran. En su centro, un pequeño punto negro había comenzado a formarse, tragándose toda la energía contenida dentro, como un recién nacido digiriendo su primera comida.

Era un cristal recogido en un piso anterior por el dios. Había caído de un monstruo irregular con el cual se encontraron, pero no era el único. Mientras más descendían, más se encontraban con aquellos monstruos que se negaban a rechazar el poder que los invadía, renunciando a todo pensamiento de escapar. Muchos terminaban muertos, pero los que no sufrían una transformación completa.

Ninguna de las dos se atrevió a negar el hecho. Cuando esa ola de energía oscura recorrió los pisos de la mazmorra, ellos lo sintieron con claridad. Un dolor que atravesó sus cuerpos antes de adentrarse en los núcleos que radican en sus corazones.

Habían pasado un par de horas y sus cuerpos rebosaban de vitalidad y poder. Ese poder oscuro crecía a cada momento con sus fuerzas... Esto las hacía pensar.

Revis gustosamente tomaría el poder para ella, era lo que más buscaba y ahora se lo entregaban en bandeja de plata a su mesa. Pero para la pobre Filvis, sus emociones fluctuaban. Una parte de ella la instaba a dejarse devorar, mientras que la otra, que aún añoraba su mortalidad y soñaba con la fantasía de volver a ser como era antes, le gritaba con todas sus fuerzas que se negara.

"Veo que este poder no solo las está fortaleciendo", dijo Dionysus mientras jugaba con la piedra en sus manos.

"¿Qué quieres decir? ¿Acaso el poder no es lo único que está cambiando en nosotras?" preguntó Filvis con un tono de pánico.

"No, claro que no. Me sorprende que ninguna lo haya notado hasta ahora", apuntándolas con su mano a sus pechos, continuó, "Su manera de actuar ha estado distorsionándose levemente". Dejó caer la piedra al suelo, esta se trizó en pequeñas grietas que plagaron su superficie, filtrando la energía en su interior.

Vieron cómo el piso se quemaba en negro con el mínimo contacto, chisporroteando vivas antes de que se dispersara y dejara atrás un hoyo de dos pies en la roca.

"Filvis se ha vuelto más impulsiva. Un comentario de Revis en mi contra estaría lejos de provocar irritación en mi hija, mientras que tú, Revis, has perdido la calma. Puedo sentir cómo te retienes de volver sobre tus pasos y enfrentarte a la Familia Loki por ti misma, pero ese lado racional que aún prevalece te recuerda que no estás lista, ¿o me equivoco?" Dionysus rió, sacudiendo el polvo que se había acumulado en su saco.

Después de escuchar eso, ambas tragaron con fuerza, tranquilizando esos nuevos pensamientos que se grababan en sus cabezas, recuperando sus estados mentales normales.

Aquel monstruo en las profundidades debía ser muy especial. Si solo su presencia podía generar tal estado en los monstruos, sin duda debía ser fuerte, tal vez al nivel de alguna de las calamidades del pasado.

No sería esa imitación del Nidhogg, que criaron con ayuda de los demi-espiritus; sería una verdadera calamidad al nivel de las tres grandes misiones, una que sin lugar a dudas encontraría su camino a la superficie y marcaría un nuevo cambio de era para este mundo.

Dionysus quería ver la orgía traída por su aparición.

"Bien, debemos continuar. Si bajamos mucho el ritmo, el Valiente nos alcanzará antes de que nos demos cuenta", continuó dispuesto a seguir corriendo. Sin embargo, cuando dirigió su mirada a la entrada del piso 40, notó algo extraño.

La entrada al piso siguiente no era demasiado grande, con aproximadamente dos metros y medio de altura y unos cinco de ancho. Era lo suficientemente amplia para que los aventureros pudieran entrar y salir con facilidad, pero demasiado estrecha para permitir la entrada de monstruos de los pisos inferiores.

Sin embargo, en ese momento, la entrada había sido obstruida por una gigantesca puerta de acero que apenas dejaba espacio para tocar la roca que la rodeaba.

Una mala premonición se apoderó de los tres individuos, y no tardaron mucho en darse cuenta de que lo que obstruía su camino no era una puerta, sino dos escudos gigantes colocados uno al lado del otro, bloqueando su ruta. ¿Acaso los había alcanzado el Valiente? ¿Había previsto sus movimientos hasta este punto y los había atrapado en una trampa?

Inaceptable. Habían llegado demasiado lejos para renunciar, por lo que cambiaron su expresión a una más adecuada para la lucha y se prepararon para acabar con el obstáculo y seguir adelante.

El canto ultracorto de Filvis resonó en el aire mientras Revis se lanzaba hacia adelante. Estirando su mano, la armadura en su cuerpo parecía cobrar vida antes de desprender una de sus secciones y tomar la forma de una espada larga. En menos de un par de segundos, la figura escarlata llegó frente a los escudos y, sin titubear, lanzó un poderoso golpe con toda su fuerza.

El barrido de la espada parecía desafiar las leyes del espacio, reduciendo la distancia hasta su objetivo a una velocidad que superaba con creces su enfrentamiento anterior contra Aiz. Con un impacto seco y feroz, la hoja de la espada colisionó con uno de los escudos gigantes, levantando una nube de polvo y escombros a su paso. El vacío de aire que dejaba solo aumentaba la sensación de asombro ante su velocidad sobrenatural.

El estallido resultante fue ensordecedor, aunque pareció aparecer una milésima de segundo después de la colisión, demostrando que la velocidad de ataque de la guerrera de cabello rojo superaba incluso a la velocidad del sonido.

Sentía cómo la energía emanaba de la piedra mágica en su corazón con cada exhalación que tomaba, recorriendo sus venas y llenando su carne con un gozo que nunca antes había experimentado. Cada poro de su piel exudaba los remanentes de esa poderosa energía.

En ese momento, se sentía invencible. Con esa fuerza, derrotar a Aria sería un juego de niños. Conocía las limitaciones de los aventureros y sabía que no había forma de que ella la alcanzara en ese momento. La brecha entre sus niveles había aumentado significativamente.

En el último combate, sus estadísticas apenas se encontraban en los inicios del sexto nivel. Aunque su cuerpo monstruoso le otorgaba una fuerza comparable al límite de este, ahora sentía que incluso si un aventurero de nivel siete se parara frente a ella, podría matarlo de unos pocos cortes.

Sin embargo, algo era extraño. Tras golpear el escudo, este no se movió en lo más mínimo de su lugar. Al levantar la vista, notó que donde su espada había impactado, apenas había dejado un leve rayón en el extraño metal.

'¿De qué clase de mineral está hecho el escudo? Incluso la adamantita se rompería si lo golpeara con mi espada' pensó, mientras notaba que algo parecía moverse desde los escudos hacia ella.

Sus pupilas se encogieron al notar la forma de la flamberge cortar el aire en su dirección.

Dando una patada al suelo, retrocedió con un salto, permitiendo que la gran espada atravesara el lugar donde antes se encontraba. Aunque la fuerza de ese ataque no era tan alta como la suya, decidió mantener la distancia. Su armadura de carne espiritual no podría repararse fuera del Knossos, y no estaba dispuesta a permitir que se dañara antes de su revancha contra su rival.

"", el hechizo de Filvis había concluido. Su mente se drenó, formando rayos negros que, sin prestar atención a Revis, impactaron en los escudos.

Era una magia extremadamente atemorizante. Cuando Filvis se separaba de Ein, su poder era bastante normal para este tipo de hechizo, lo que implicaba que renunciaba a gran parte del poder por un canto reducido. Pero cuando ambas, Filvis y Ein, se unían, su magia se potenciaba gracias a la piedra mágica en su interior. Esto le proporcionaba un poder de nivel superior.

Aunque su canto apenas necesitaba unos segundos para realizarse, tenía un poder igual al de un hechizo con un canto largo de los mejores magos de Orario.

Los rayos negros se doblaban y quebraban en el aire, desgarrando todo lo que tocaban y dejando atrás restos carbonizados irreparables. Pero cuando los rayos se dispersaron, el horror comenzó a surgir.

Los escudos no habían dado ni el más mínimo paso atrás. Esto era imposible a los ojos de Filvis; su magia debería haber dañado al aventurero, incluso si este se defendía con un escudo. Como mínimo, habría logrado hacerlo retroceder debido al dolor. ¿Cómo era posible que los escudos ni siquiera se hubieran movido?

La confusión y la ansiedad comenzaron a apoderarse de Filvis mientras mantenía su distancia de los misteriosos escudos, observando con recelo mientras la incertidumbre llenaba su mente. ¿Qué tipo de magia o protección desconocida podía resistir su ataque de esa manera?

Un paso adelante, fuerte y pesado, el sonido del metal chocando contra el suelo de roca resonó, seguido de otro. Los escudos avanzaron en su dirección sin mostrar el menor temor. Pronto, detrás de ellos, aparecieron tres más que se formaron de manera coordinada, cubriendo toda la salida. Como un solo ser, bajaron sus escudos antes de llevarlos a sus costados.

El aire pareció congelarse, y detrás de esas torres de metal no estaban los aventureros que el trío estaba esperando.

Midiendo más de dos metros y medio, los gigantes esqueletos con carne putrefacta lucían piezas de armadura deteriorada y oxidada. En sus manos sujetaban firmemente una espada, como si fuera una extremidad más de su cuerpo.

Eran los restos de antiguos caballeros del pasado que habían sido despertados para luchar una vez más. La mejor palabra para describirlos apareció en sus mentes al instante.

"Caballeros de la muerte"

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